—¡Ya estoy harta, Jake! No puedo creer que siempre me digas eso. ¡Eres un maldito infiel!—Toqué mi frente exasperada.
—¿Por qué siempre crees en lo que te dicen tus amigas? Mi amor, yo no tengo cabeza para otra persona —Su voz era tan suave, tan angelical que cualquiera podía caer rendida ante él. Pero no, en realidad era un sexy demonio.
Teníamos 2 años de relación y las discusiones se hacían más frecuentes. Mis inseguridades, gracias a toda las chicas de la universidad, aumentaban.
Jake pertenecía al equipo de baloncesto que representaba a todo el campus y las chicas se le acercaban como moscas.
—¡No me vengas con eso, Jake! Está vez tengo pruebas con esa chica, ¿es que nunca cambiarás, verdad? Eres un imbécil—Lo empuje con fuerza.
Siempre teníamos este tipo de discusiones. Aunque las últimas fue por mi amigo de la infancia, hace semanas me cargo en el comedor delante de Jake y termino en pelea.
— Yo nunca te he dado motivos para que desconfíes de mí y no sé que pruebas tendrás, pero te aseguro que no soy yo—Me tomó de los brazos para acercarme a él. Siempre lo solucionaba así, me hablaba bonito y yo como estúpida caía de nuevo.
—Dejame, Jake, esto se terminó definitivamente —Mi voz se entrecorto al pronunciar las más dolorosas palabras.
—No digas eso, por favor. Sé que no quieres hacerlo y yo tampoco.
—Todo tiene un límite, Jake. Estoy cansada de... estás discusiones.
No quería admitirlo, pero estaba cansada de mí, cansada de los celos.
Me giré para salir de su habitación, pero Jake me agarró la muñeca —.Adiós.
Fue lo último que dije antes de irme.
Era una idiota, mil veces idiota por amar tanto a una persona.
Lo conozco desde la primaria y siempre tenía fans alrededor, no lo soportaba y no lo iba a soportar si seguía con él.
Jake siempre se portó bien conmigo, conozco a su familia, a sus amigos cercanos y me lleva a todos los lugares a donde va. Sus amigos me contaron que una vez advirtió a toda la universidad si alguien me ponía el ojo.
Jake era celoso, pero yo lo era más.
Es que está científicamente comprobado que los hombres fácilmente caen en la tentación que las mujeres. Sé que debo confiar más en él, pero esas chicas porristas son de lo peor.
Cuando estuve a punto de cruzar la avenida sentí un jalón en mi brazo. Jake tenía sus ojos rojos y noté una leve capa de sudor en su frente.
—Yo te amo, por favor, confía en mí— Dijo con su voz agitada. Mordí mi labio para retener más las lágrimas—. Créeme, yo no te engañaría, prefiero terminar nuestra relación antes que dañarte.
Sus manos se posaron en mis mejillas dulcemente, ambos teníamos los ojos rojos—. Te necesito en mi vida, amor. Juntos lograremos grandes cosas, solo no podré.
Ambos sabíamos que no podíamos dejarnos ir fácilmente. Él conocía todo de mí y yo todo de él, pasamos por cosas muy fuertes que nos hicieron avanzar como pareja. Antes de conocerlo era el chico más cerrado y frío que había conocido, yo era peor e incluso tenía problemas económicos, pero poco a poco conectamos y descubrimos como realmente éramos. Nos fuimos enamorando sin darnos cuenta hasta el punto de casarnos a escondidas.
—Yo..no tengo pruebas, exagere un poco.
Hablé rendida. Jake me dio una leve sonrisa al escuchar mi confesión, estábamos locos.
—Soy solo tuyo, amor. Además no te puedes separar de mí, no firmaré ningún divorcio.
Con lo terco que es, le creo.
Si previo aviso tomo mis labios para darme un profundo beso. Suavemente me cargó hasta que mis piernas quedaran alrededor de su cadera. Me sostuve de su cuello.
—Te amo, Jake.
Lo besé efusivamente en plena calle de madrugada
—Eres muy intensa, amor.
Sonrio.
Que hermoso es mi hombre.
Adoraba cuando era tierno y sexy a la vez. Arqueé una ceja de forma juguetona.
— Intensa me voy a poner en tu cama, cariño.
Me había vuelto una atrevida al pasar los meses, al comienzo sentía mucha vergüenza, pero ahora disfruto la belleza de mi esposo.
Lo volví a besar y nos dirigimos nuevamente a nuestra habitación. Porque si, era nuestra habitación de casados. Los padres de Jake y mi madre aceptaron nuestro matrimonio a pesar que teníamos 22 años y ahora vivimos en un mini departamento. Era todo un sueño.
Apenas entramos al cuarto, me arrinconó a la pared y me quito la blusa.
—Eres mía, hermosa.
Sus labios bajaron hasta mi cuello y comenzó a succionar. Le retiré como pude su playera dejando ver sus abdominales marcados.
Tiró de mi brasier rojo y lamió mis erectos senos.
—Ah..
Nos quedamos mirando unos segundos, sus ojos tenían un brillo lleno de lujuria, de amor. Lo amaba y lo necesitaba.
Subió mi falda hasta la cintura y me agarró fuertemente ambas piernas para introducir su caliente y duro m*****o.
—Ah..Jake..
Sus movimientos fueron lentos pero fuertes. Mi lengua entro en su boca fácilmente, estábamos excitados.
—Gime más, mi amor...
Su voz ronca me hizo estremecer.
—Ah..Ah..
Sus embestidas aceleraron tocando mi punto g, solo él sabía cómo tocarme.
—Ah, ah, más rápido...
Nos tumbamos a la cama y sus movimientos se hicieron más profundos haciéndome arquear la espalda por el placer.
—Jake..ya me vengo...
Sus embestidas se hicieron más fuerte, mis piernas las llevo hasta sus hombros para entrar más.
Tomé su cuello con mis labios y comencé a succionarlo. ¡Es solo mío!
—Ahh
Soltamos un gemido al unisono cuando llegamos al climax. Definitivamente, hacer el amor con la persona que amas, es una sensación única.
Después de unos segundos se recostó en mi pecho y comencé a acariciarle su cabello
—Te amo, esposito.
—Te amo más, esposita.