El alma me dolía, sé que no estaba bien, pero deseaba tanto un abrazo y él se negaba a dármelo. Mireya, no sé si llegó en el mejor o peor momento, se sentó a mi lado. —No tengas celos por mí, —la miré—. Solo somos amigos con sexo ocasional. Te confieso que es sexo pagado. —hizo un gesto de incomodidad—. Solo nos vemos dos o tres veces al año y por una hora, máximo dos. Depende de mi itinerario. Aunque teníamos unos años de no vernos porque tuvo una prometida. —¿Por qué me lo cuentas? —Porque soy mujer, y aunque tú eres una dama, y yo no lo soy. El respeto matrimonial en mi profesión por el momento no es lo mío, pero sí respeto a un buen amigo. —Se quedó en silencio—. En mi mundo todo es complicado, créeme cuando te digo que David es el único amigo que proviene de mis clientes. El cora

