20.

983 Words
Narra Nancy. Tiempo atrás. —¿Listo? —Inquiero. Oliver me sonríe afirmando aunque está algo pálido. La segunda quimioterapia de su madre la han hecho hace una semana, y aunque no me he despegado de él ni un solo segundo me preocupa que no haya llorado al ver a María tan débil. Porque Oliver tiene sentimientos tan frágiles que, aunque él lo deteste, llora por cualquier cosa. Así que tomando en cuenta que fue la segunda quimioterapia en donde él ha estado consciente de lo que significa, que no haya reaccionado ante ello... es, vuelvo a pensar: preocupante. Es por eso que estoy frente al consultorio de la psicóloga que me ha recomendado mi madre, sí, porque tarde o temprano tenía que ponerla al tanto de todo. Y para mi dicha, esto hizo que fuera dos días la semana pasada al departamento para hacer, primero: un almuerzo sensacional con nuestra ayuda; y segundo, una cena en donde mi hermana y papá nos acompañaron también. Sé que Oliver se sintió bien ese día porque estuvo diciendo chistes malos y se burló de mi risa. Estoy agradecida con mi madre por sentir tal empatía por él y su familia que lo hizo, finalmente: hacer sentir que era parte de la nuestra. —¿Y... podemos vernos después? —David... —Me llevo la mano al corazón sintiendo pesar por rechazarle una salida —Ya te he explicado lo que pasa y... —Suspiro —Voy a esperar qué me dice la psicóloga y depende de ello puede que tenga un... ¿escape? Escucho su risita al otro lado y sonrío —Bien, cariño. Que no se te olvide escribirme y... —Me muerdo el labio inferior en la espera —Es muy probable que vaya Scar. Asiento aunque no puede verme y nos despedimos. Siento alivio porque Scarlett es ese punto medio que me hace, al menos a mí, a no ser tan odiosa con él, porque ya en presencia se ha vuelto algo natural. Aunque no admita las cosas que pasaron en nuestra secundaria. —Nancy... —Quito la vista del teléfono y me encuentro con los ojos verdes de mi novio cristalizados —Vámonos por favor —Entreabro la boca para hablar porque necesito saber qué tiene para decirme la psicóloga pero él me calla —¡Ahora, coño! Mi piel se eriza por el grito y verlo rojo por la molestia. Los latidos de mi corazón aumentan sintiendo pánico de lo que pudo haber pasado y corro hasta él deteniéndolo mientras lo abrazo por detrás. Su respiración se calma y se da vuelta bajando un poco la cabeza para besarme, primero cortamente, y después con bastante urgencia. —Oli... —Mi respiración está agitada pero no en un lugar adecuado. Él aprieta mis nalgas y yo jadeo —Oliver... —Besa mi cuello e intento apartarlo —¡Oliver Josué! —Reúno las fuerzas y lo aparto haciendo que se tambalee y me vea, molesto. —¡No me veas así! —Me señala mientras se acerca con el entrecejo arrugado. Sus ojos se ven opacos y yo retrocedo. El señor de seguridad se acerca y le doy una mirada para que se detenga. —Vámonos... —Levanto mi mentón —Y hazme el favor y te controlas, Oliver Josué —Digo firme, mirándolo a los ojos. Veo cómo su postura se relaja hasta caerse y baja la mirada. Le doy una sonrisa a boca cerrada al señor de seguridad y tomo de la mano a Oliver saliendo del lugar. —Y-yo lo... —No —Lo veo, molesta —En casa. Él asiente con un rostro triste y suelta un exhalo. Subimos a una camionetica en donde solo hay un puesto libre y él deja que me siente, por lo que, molesta pero sintiéndome terriblemente mal por su estado, le pido que se siente en mis piernas y lo abrazo con fuerza hundiendo mi cara en su espalda. No tardamos mucho en llegar, así que en silencio caminamos, subimos las escaleras para llegar al apartamento y ya dentro, cuando él se sienta en el triste-sofá, así lo he llamado, me cruzo de brazos viéndolo fijamente. —¿Qué ha pasado? Él niega sin verme y me arrodillo frente a él levantando su mentón, encontrándome después con las lágrimas que esperé ver hace una semana. —Siento que mi mamá no quiere vivir... —Suelta sin más y se derrumba, de nuevo, en mis brazos. —Cachorrito... —Me levanto con cautela para sentarme a su lado y dejar que llore en mi pecho —Tranquilo, tranquilo... —Acaricio su espalda lentamente mientras siento cómo su respiración se controla —Todo va a estar bien, amor mío. Suspiro al darme cuenta que ha dejado de llorar y se ha quedado, como un bebé, dormido. Me alejo con cautela porque en la posición que estoy y su peso me mataran, y poco a poco lo dejo caer en el sofá recostando su cabeza de uno de los brazos de este y coloco una sabana encima. Con el corazón en la mano detallo con mis dedos su rostro lentamente, sus orejas, alboroto un poco su cabello y dejo un casto beso en sus labios para finalmente alejarme. —Señorita Ríos —Digo y escucho cómo afirma en la otra línea —Soy... Nancy Rodríguez, novia del chico que la fue a ver hace un momento, Oliver Suárez... Y... yo... me gustaría saber qué tan mal está. Escucho un exhalo y mi corazón se altera —Le he mandado a hacer unos exámenes, señorita Rodríguez. Y espero pueda ayudarlo a que lo haga para ver los resultados y enviarle tratamiento. —Doc... ¿Tratamiento? —Frunzo el ceño viendo de reojo a Oliver aún dormido —¿Cómo para qué o por qué? —Señorita... su novio es un paciente depresivo a dónde vaya...
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