Narra Nancy.
Años atrás.
Veía las luces del dichoso parque que todos hablaban y esbocé una sonrisa por lo mágico que lucía. Me sentí un poco mal por no haber asistido en la inauguración con mis amigos pero... disfrutaba la llegada con las chicas y estaba segura que el resto de la noche también lo haría.
—¡Aquí andan! Mi Dios, pensé que me perdería... —María de los Ángeles se metió en medio del grupo, agitada —Es que estaba en mi modo acosador —Tragó hondo al robarle la bebida a Roselyn quien soltó un “¡heeey!”
—A ver, a que renacuajo viste ahora —Mónica nos hizo reír.
—Tus guapos amigotes están aquí —Me dijo —Y Felipe está demasiado cogible, perdón.
Aunque todas rieron me quedé estática por algunos segundos.
Oliver me gustaba. Me gustaba mucho.
¡Carajo! ¿Cómo iba a verlo a la cara después de haberlo admitido? Yo era Nancy Rodríguez, la chica que el trató como “panita” desde que comenzamos a conocerlos ¡Él lo dejó claro desde un principio! ¡Me dijo panita! Y eso, señoras y señores, eso tenía más valor que la palabra “amigos” en mí país.
—Mami ¡hey! Hey... —Catalina me abofeteó con su bufanda —Ya que no pudiste hablar con él esta mañana ¿no deberías...?
—Sí —Afirmaron todas a excepción de Roselyn quien solo se alzó de hombros.
No había podido hablarle porque al momento en que desocupamos la cancha le tocó a su sección hacer deporte entonces no pude verlo, ni siquiera en la salida aunque me cansé de esperarlo.
—¿En dónde los viste?
María de los Ángeles me indicó por dónde, y diciéndole a las chicas que estuvieran atentas a sus teléfonos me despedí de ellas en busca de quién sabe qué. Y es que a mi mente le parecía muy loca la idea de ir a decirle a Oliver “Hey, vi que tienes nueva novia ¿por qué no lo habías comentado?”
Era patético, pero sentirme así era su culpa. Él fue quien no tuvo tabú en contarme la mayoría de las cosas de su vida. Por lo tanto no podía de la noche a la mañana ocultarme algo tan importante, porque él sabía mis problemas con esa chica de voz chillona.
Mis pasos se detuvieron al llegar a la sección de La Era del Hielo y quedé impresionada por todos las atracciones que habían, inundadas tanto de niños como de adolescentes.
Busqué con la mirada primero a un chico bajito, de gorra negra, ese de seguro tenía que ser Carlos y a su lado deberían estar los demás.
¡Bingo!
Me acerqué al verlo en la fila para subirse a la montaña rusa y le sonreí mientras tiraba mi mirada al resto de la fila notando que no estaban los demás.
—¡Nancy! —Se puso de puntitas para darme un beso en el cachete —Pensé que ya no querías estar con nosotros.
—Sabía que era una traidora.
La voz ronca de un sujeto me hizo voltear y me encontré con Felipe con las manos metidas en su suéter y cara sería.
Bien, solo por eso podía considerar que era un día milagroso porque por tercera vez en todo el tiempo conociéndonos... ¡Felipe me hablaba!
—No soy una traidora —Reí un poco nerviosa por la presencia seria del chico moreno —¿Felipe estás bien o...?
—Sí, es que le hemos pedido que interactué un poco porque si no lo castraremos dormido —Llegó Alexandru abrazándome por la espalda, a lo que apreté sus manos en mi abdomen y le sonreí después de que se separó.
—¿Y Oliver? —Me pasé un mechón rebelde detrás de la oreja, ansiosa, imaginando lo peor.
—Con David comprando tostones.
Con David comprando tos...
—¿Con... David?
—Es que, a ver, es un buen chamo y además necesita espabilar un poco así que Oliver lo está... reclutando —Alexandru se metió un dorito a la boca.
Oh oh... Eso no me gustaba.
—¿Reclutando para...? —Metí mi mano en las palomitas de Felipe mientras él abría la boca sorprendido, pero no dijo nada así que metí todo el puñado en mi boca.
Cuando estaba nerviosa o con mucha hambre solía comer como fiera sin importarme nada ni nadie.
—Para ligar, sí... —Carlos avanzó en la fila y todos nos movimos.
Algunas pepitas del maíz hicieron que fuera imposible masticarlas rápidamente así que tardé un poco en tragar y componerme.
—¿Josefina y él están saliendo?
Se miraron entre todos. Felipe tosió un poco, al parecer se había ahogado con una palomita y se alejó de nosotros mientras se daba golpes en el pecho.
—Uhm...
—Ehm...
—Es decir, los vi en el baño de chicas chanceando so... —Quise sonar casual.
—Sí, sí, ellos... sí —Alexandru asintió mirando a Carlos y este desvió la vista a la fila.
¿Qué coño les pasaba? ¿Me estaban ocultando algo?
—¿Ella... está aquí?
No recibí respuesta, pues el bullicio cerca de nosotros se hizo presente y los chicos salieron de la fila corriendo, yo los seguí.
Segundos más tardes nos encontramos con la escena de María de los Ángeles con los brazos alrededor del estómago de Felipe mientras apretaba con fuerza.
Sentí como si mi mentón caía al piso y no pude evitar reír un poco cuando, entre los gritos de la gente y la fuerza sobrehumana que no sabía que tenía esa chica, Felipe escupió un grano de maíz bastante grande.
Esa chica había conseguido, aunque en circunstancias máximas, tener una razón por la interactuar con su crush, y me alegraba por ello.