El padre de Daniel fue a ver primero a Rita. Ella estaba sentada en la cama, con la espalda apoyada contra la pared, y tenía mejor aspecto. —¿Cómo estás? —le preguntó él mientras se acercaba. —Me siento mejor. Él le tomó el brazo para revisar la herida, la cual seguía sin haberse cerrado, y le preguntó: —¿Te duele? —Un poco, aunque no tanto como antes. El padre de Daniel sacó unas cuantas vendas de la bolsa que llevaba y algunos frascos; preparó una cataplasma y se la puso sobre la herida, cubriéndola con una venda. —Espero que esto ayude. —Gracias, señor James. —Gracias a ti por traer a Daniel, por no abandonarlo. —Es mi amigo. Jamás lo hubiera abandonado. —Aun así, gracias. Katherine estuvo llorando en los brazos de Daniel durante un buen rato, mientras él le daba palmaditas

