12/11/2001

338 Words
Querido diario: Hoy ha sido mi cumpleaños. Bueno, el nuestro, también fue el de Carolina. Lo celebramos juntas como cada año desde que cumplimos uno. Pero esta vez fue algo distinto, normalmente somos sólo nosotras dos, sin importarnos el resto del mundo, pero hoy vi que uno de nuestros mejores amigos no paraba de mirarla, y no sólo de mirarla, casi parecía que la acosaba, y lo que es peor: ella le hacía caso. Pensaba que éramos sólo ella y yo para siempre, como nos prometimos aquella noche tras pasar el día en el lago. Esa noche, al poco de haber escrito en ti, cuando ya estaba intentando dormir, tocó a mi puerta, y el resto ya lo sabes: me explicó que no debía avergonzarme de mi cuerpo, conversamos durante horas y, luego, nos prometimos amor eterno. Ojalá hubiera sido cierto, pero parece que, cuando la gente madura, cambia de opinión. Igualmente, lo peor no es eso, ni que lleve semanas evitándome, sino la conversación que vino tras la fiesta que nuestras madres, ajenas a nuestra relación, nos habían preparado. —Sabes que lo nuestro es imposible —me dijo. —¿Es porque somos primas? —pregunté casi llorando. —No, es porque las dos somos mujeres. —Pensaba que eso no importaba —dije con lágrimas rodando por mis mejillas. —Sabes que sí importa, por algo todo lo nuestro ha sido secreto —concluyó ella. Me quedé sin respuesta, era evidente y lo había tenido todo el tiempo ante mis ojos, pero no lo había visto; en el pueblo hay muchas parejas de primos, incluso con hijos, pero ninguna de homosexuales, de hecho, siempre que sale el tema en clase, o en casa, las opiniones son claras, y todas están en contra. Mi corazón está partido, diario mío, y no puedo hacer nada para remendarlo. Lo único que me queda es entretenerme creando un plan para que nadie descubra el dolor provocado por la ruptura de esta relación secreta ni la verdad de mi ser.
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