Uno a uno, se dirigieron a sus respectivos camarotes, cada uno llevando consigo los recuerdos especiales de esa noche. Los pasillos del barco quedaron en silencio, solo interrumpidos por el suave crujir de las olas contra el casco. Dentro de sus camarotes, cada invitado se acomodó en sus cómodas camas, dejando que la brisa marina y el suave balanceo del barco los arrullaron en un tranquilo sueño. Los corazones llenos de alegría y gratitud, esperaban con ansias los nuevos horizontes que les depararía el mañana. — No puedo creer que mi mamá esté por casarse, también — Charlize se miraba entusiasmada — supongo que es momento de soltarla y que sea feliz con mi papá. — No te sientas triste, ahora me vas a tener a mí — Lucas besó la mano de Charlize — todo se está acomodando de una manera que

