Todos se animaron a hacer la parrillada y en eso entró un hombre alto y distinguido, que irradiaba una elegancia que impregnó la sala. Sus ojos son profundos y oscuros, contrastan con su cabello canoso, que caía en ondas plateadas con un aire de distinción. Cada rasgo en su rostro está marcado por el tiempo y la sabiduría, y su sonrisa, cautivadora, tiene el poder de dejar sin aliento a más de una mujer. Al entrar, saluda a todos los presentes con un gesto respetuoso y una cortesía que denota su educación refinada. Su mirada, sin embargo, se detiene en Charlize con una especie de conexión especial. No es un sentimiento amoroso o de atracción, sino algo más profundo, como si hubiera una resonancia en sus almas que va más allá de lo superficial. — ¡Oh, vaya! ¿Y tú quién eres? — Matilde pre

