**GABRIEL** Decidido a no rendirme, subí nuevamente las escaleras, buscando en cada rincón, en cada habitación. La mansión, que alguna vez había sido un refugio, ahora se sentía como una trampa. La oscuridad se cernía sobre mí, y la sensación de que algo siniestro acechaba en cada esquina me llenaba de pavor. No podía quedarme de brazos cruzados. Sabiendo que Sienna no podía desaparecer sin dejar rastro, decidí que debía actuar. La angustia me empujaba a buscar respuestas, y no podía permitir que el miedo me paralizara. Así que, con la determinación ardiendo en mi interior, tomé mi teléfono y comencé a hacer llamadas. Primero, contacté con los hospitales de la zona. Si Sienna había estado en algún lugar, alguien debía haberla visto. La voz del recepcionista del primer hospital que ll

