**SIENNA** Al llegar al segundo piso, algo me detuvo. Una puerta entreabierta. No sé por qué me acerqué. Tal vez por curiosidad. Tal vez por intuición, un instinto primitivo que me empujaba a descubrir lo que se ocultaba detrás de esa entrada. Y ahí estaba. Mateo. Tumbado en la cama, con la ropa desordenada, el rostro pálido, los ojos cerrados. Su pecho subía y bajaba con dificultad, como si cada respiración fuera un desafío. No sabía si estaba dormido, inconsciente o… peor. Un sudor frío recorrió mi espalda al contemplar su estado. Permanecí en el umbral, indecisa a entrar por completo. El aire transportaba un extraño olor a encierro, químicos y derrota, aferrándose a mis sentidos y recordándome que esta casa guardaba secretos y sombras acechando en la penumbra. —Mateo… —susurré,

