Liora Oh, Diosa, Asher iba a matarme. Mi cuerpo ardía bajo su toque, y apenas había comenzado a provocarme. Era patético lo mucho que lo deseaba, pero no me importaba. No pensaba en cuántas mujeres había seducido antes con sus palabras perversas y su lengua, ni en las implicaciones de ceder, de decir esas palabras que él quería. No debería, oh, sabía que no debería. Pero él preguntó. Él preguntó. ¿Qué quería yo? Lo quería a él. Cada plano caliente y duro de su cuerpo perfecto, aplastándose contra el mío, reclamando, tomando, salvaje… Lo quería. Más que mi próximo aliento, quería sus labios sobre los míos, su m*****o frotándose contra mí como si me poseyera. Porque si era honesta, realmente honesta, sabía que no podía detener esta cosa que crecía entre nosotros. Lo odiaba, porque y

