1. Un regalo especial

1408 Words
En una cabaña exclusiva al norte de Islandia, en Akureyri, rodeada de paisajes helados y silencio absoluto, Stefano Bianchi, el temido “Diavolo”, jefe del principal cartel de la mafia italiana, se refugió con su amada Lucía. Dos años atrás, había adquirido esta propiedad y la había registrado a nombre de la mujer que tanto amaba,convirtiéndola en un lugar especial para ambos. Desde el día en que se conocieron por caprichos del destino, cada año, Stefano y Lucía se reunían en secreto para celebrar la Navidad juntos. Sin embargo, esta vez era diferente. El corazón de Stefano latía con ansiedad, miedo y dolor. Era 24 de diciembre, aunque disfrutaba de la compañía de Lucía, su mente estaba llena de preocupaciones. Lucía, una joven escritora de 27 años, era la luz en la oscuridad en la que vivía Stefano. Su belleza y ternura lo conquistaron desde el primer momento, convirtiéndola no solo en la mujer de su vida sino también en su escritora favorita. Aunque el género que ella escribía nunca había sido de su preferencia, ahora devoraba cada una de esas novelas románticas, en especial la saga sobre la mafia que llevaba su firma. A Stefano le hacía gracia descubrir que él se había convertido en la musa detrás de los tres libros que había publicado desde que lo conoció, historias que la catapultaron al éxito literario. —Hoy estás más serio que de costumbre— observó Lucía, mientras se acurrucaba junto a él en el sofá. —Si, perdóname. Ya sabes el estrés del trabajo— respondió Stefano, ocultando su temor. A pesar de todo,Stefano se dispuso a disfrutar cada momento con Lucía. Juntos, se sumergieron en la magia de la Navidad, lejos del mundo cruel que los rodeaba. La noche cayó sobre la cabaña, envolviendo a la pareja en una atmósfera íntima y acogedora. La chimenea crepitaba, lanzando llamas danzantes que iluminaban los rostros de la pareja. Stefano se levantó del sofá y se acercó a Lucía, se detuvo frente a ella, con una sonrisa tímida en sus labios, mirándola con una intensidad que la hizo sentirse vulnerable. —Lucía, desde que te conocí, mi vida ha cambiado— dijo Stefano, su voz baja y rasposa. — Sei la fiamma che accende la luce nella mia anima.(Eres la llama que enciende la luz en mi alma)— Lucía al escucharlo hablar con ese hermoso acento italiano se sonrojó, su corazón latiendo con fuerza. Stefano tomó su mano y la llevó a la mesa, donde había dejado un pequeño regalo envuelto en un delicado papel de seda. —¿Qué es?— preguntó Lucía, curiosa. —Ábrelo— respondió Stefano, brindándole una dulce sonrisa. Lucía desenvolvió el regalo, revelando una pulsera sencilla de hilo rojo con el símbolo del infinito en oro blanco con dos diamantes impregnados. Su corazón se detuvo al verla. —Es hermosa— susurró. —Es para ti— dijo Stefano, tomándole la muñeca y colocándole la pulsera. —alguna vez escuché la historia de un hilo rojo, el que une de por vida a dos almas, se podrán separar pero nunca romper, y el infinito con cada diamante es tu alma y la mía que siempre tendrán este amor .— Dijo en tono nostálgico. Lucía se sintió emocionada, su garganta cerrándose. Stefano se acercó a ella, su rostro a centímetros del suyo. —Quiero grabar en mi mente cada gesto tuyo, cada sonrisa, cada mirada— susurró. —Quizás esta sea la última vez que te veré así.— expresó Stefano con mucha tristeza. Lucía se estremeció al oír aquellas palabras, aunque evitó preguntar qué escondían. Prefirió abandonarse a la emoción del instante. Conocía bien quién era él y lo complicado que resultaba permanecer a su lado. Era su tercera Navidad juntos, y adoraba la idea de celebrarla solo con él, como un secreto que el mundo no podía tocar. Stefano se acercó lentamente, besó lentamente su boca caliente y suave, con un dulce sabor a vino. Lucía se derritió en sus brazos, sintiendo que el mundo a su alrededor desaparecía. —Ven vamos a preparar nuestra cena de Navidad — dijo la carismática Lucia. La nieve caía suavemente afuera de la cabaña, cubriendo el paisaje de un manto blanco y silencioso. Pero en el interior de esa lujosa cabaña, el calor y la magia de la Navidad reinaban de manera suprema. Lucía y Stefano se encontraban en la cocina, rodeados de ollas, sartenes y deliciosos aromas que llenaban el aire. Lucía, con su cabello castaño claro recogido en una cola de caballo y una sonrisa radiante en su rostro, se movía con gracia y seguridad entre los fogones. Stefano, con su presencia imponente y su mirada intensa, la observaba con admiración y amor, mientras ayudaba a preparar el menú de Navidad. Juntos, cortaban, picaban y mezclaban ingredientes, creando una sinfonía de sabores y texturas que darían un toque aún más especial para que esta Navidad fuera inolvidable. La cocina se llenaba de risas, susurros y miradas tiernas, mientras el fuego crepitaba en la chimenea abrigando la noche helada. Esta sería una Navidad perfecta como cada vez que estaban juntos. —¿Qué te parece si preparamos un poco de chocolate con malvaviscos?— preguntó Lucía, mientras Stefano la rodeaba con sus brazos y le besaba suavemente en la nuca, desplazándose a su cuello, amaba aspirar el olor de la mujer amada. —Mi sembra perfetto! (Me parece perfecto)—se expresó en italiano Stefano, con una sonrisa. No es que le gustara el dulce, pero era muy complaciente con Lucia, hacía todo lo que ella quisiera, era un hombre dominado por una pequeña de apenas 1,60 metros. Lucía se sonrojó y se rió, mientras Stefano la abrazaba más fuerte, y susurraba en italiano, esa era su debilidad, cada fibra de su ser amaba a ese hombre como nunca antes lo hizo. Como cada año que compartían juntos esta fecha, el mundo exterior desapareció, solo importaban ellos dos, rodeados de la magia y el amor de la Navidad, para ellos era muy importante , porque era la única fecha que podían estar juntos en todo el año. por ello disfrutaron cada segundo valorándolo como el mayor de los tesoros. El amor y la Navidad se unían a esta celebración . En una hermosa y emotiva mesa muy bien colocada, Stefano y Lucia cenaban un exquisito filete con salsa de champiñones junto con vegetales salteados. Stefano abrió su vino italiano favorito, merecía ser compartido con la única persona en este mundo que valía la pena, la mujer más hermosa y buena, Lucia. —Amore mio, dolce amore mio, brindo a te perché tu sia sempre felice, non dimenticare mai quanto ti amo, bella.(Mi amor, mi dulce amor brindó por ti, porque siempre seas feliz, nunca olvides cuanto te amo hermosa)— expresó tanto amor con su mirada levantando su copa. — Brindó por ti, por todo el amor que me das, mi amor, Te amo— brindó Lucia mirando los hermosos ojos negros y profundos del amor de su vida, sabía que no importaba cuánto durara lo importante era sentir ese amor correspondido y poder vivirlo, aunque fuese solo unos días al año. Mientras la nieve flotaba con ligereza dejando un manto blanco en la noche, Lucía y Stefano se perdieron en la magia de su amor, creando un recuerdo más juntos,que duraría toda la vida. Al terminar de cenar, juntos recogieron la vajilla,arreglaron la mesa, una vida así de sencilla era el más profundo deseo que tenía Stefano en su corazón. Ambos con sus sacos navideños rojos de pareja a juego, se veían muy tiernos, era increíble ver que el temido Stefano Bianchi estuviera así con su pequeña escritora con el rostro más angelical que él haya visto. Ambos tomaron sus hermosas tazas navideñas con el cálido chocolate y se acercaron a la chimenea, decorada con múltiples adornos navideños.Abrazados disfrutando de su compañía. La pulsera de hilo rojo brillaba en la muñeca de Lucía como un símbolo de su conexión infinita. Stefano se sintió complacido al ver lo bien que lucia, hacer este regalo tan especial, era importante para él, pues quería expresarle que si en esta vida su amor no pudo ser, prometía buscarla en otra vida porque siempre sería ella su único amor, lo único bueno que le heredó su padre, pues decía que si un Bianchi se enamora esto sería para siempre en cuantas vidas tuviera.
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