2. Renunciar al amor

1170 Words
Recordar a su difunto padre, le hizo hacer una retrospectiva de lo que ha sido su vida hasta hoy, de lo único bueno que puede rescatar es el amor que Lucia le da. Muchas veces se miró al espejo y se odió por ser quien era, por nacer con el apellido Bianchi, por matar, traficar, y causar daño a esta sociedad. Había perdido a su familia, su madre y su padre a manos de enemigos de “La Cosa Nostra” la organización que le pertenecía desde antes de nacer, quedando huérfano a los 16 años y tomando el control de su organización por derecho. — Amor, ¿estás bien ? — volvió a preguntar Lucia, trayéndolo de nuevo a su realidad, esa en la que estaba viviendo el presente con la mujer amada. — si lo estoy— respondió besando su frente. — entonces vamos a la habitación, que ahora me toca a mí darte tu regalo— Dijo parándose del sofá y sonriendo. — eso sí me interesa, — dijo el italiano con tono sugerente. Lucia reía con picardía al salir corriendo a la habitación, sabía lo intensamente apasionado que era su novio, amaba estar con él. El ambiente se había transformado en un escenario idílico de romanticismo y pasión. La cabaña, adornada con luces navideñas resplandecientes y un árbol de Navidad majestuoso en el rincón, parecía un refugio encantado. Las pequeñas luces que se entrelazaban en el pasamanos de madera tallada de las gradas, conducían a la alcoba principal, creando un sendero de ensueño. Al llegar, Lucía se retiró al vestidor para prepararse, mientras que Stefano seleccionaba una melodía suave y sensual que elevaba aún más la atmósfera de intimidad. La luz tenue y cálida que bañaba la estancia, resaltaba la belleza rústica y acogedora del lugar, complementada por velas aromáticas que exhalaban un perfume embriagador. La espera se hizo intolerable, y pronto Lucía emergió del vestidor, radiante en su traje de lencería navideña en colores tan rojos como la pasión de su corazon. En su cabeza llevaba un gran moño dorado, simulando ser un regalito, uno muy especial para él, además de esa hermosa mirada que le dirigía llena de luz y picardía, Stefano, sentado en un pequeño sofá en el rincón de la habitación, la miraba con admiración y deseo. Su libido subía con cada movimiento que ella hacía, y su corazón latía con emoción, mientras Lucía se acercaba a él danzando al son de la música que él eligió, era una muchacha tímida cuando la conoció, pero ahora era una mujer abierta, libre para expresar sus emociones y amaba ser el único dueño de su corazón y su cuerpo, no era machista pero con ella ser macho alfa predominaba. Lucia con cada moviendo de su cuerpo con ritmo y sensualidad, lo iba hipnotizando aún más, como si eso fuera posible , se repetía Stefano. Su traje de lencería se ajustaba perfectamente a su esbelto cuerpo, era una Diosa Venus. Stefano no podía apartar sus ojos de ella, y su deseo crecía con cada segundo. La habitación estaba llena de tensión y pasión, parecía que el aire estaba cargado de electricidad. Finalmente, ella se acercó a Stefano, sentándose en su regazo le preguntó en un susurro: —¿Te gusta lo que vez? Su rostro estaba cerca del suyo, y sus ojos brillaban con deseo. —Ma sí, mio amore, (Claro que sí, amor mío)— con la voz ronca de excitación. Stefano la rodeó con sus brazos, y la besó apasionadamente, contemplándola como la obra de arte más bella del mundo, invaluable e intocable. La noche se convirtió en una explosión de pasión y deseo, parecía que nada podía detenerlos. Lucia al ver el torso desnudo de Stefano se detuvo en su nuevo tatuaje, era un pequeño libro con unas letras en cursiva que decían: "Ti amerò per sempre", acaricio cada letra con sus dedos temblorosos preguntándose internamente si eso era cierto. — ¿por qué lo hiciste?— preguntó con emoción El italiano la tomó delicadamente del mentón para mirarla a los ojos y decir: — porque Te Amo, quiero tener una parte de ti en mi cuerpo, porque aveces creo que el tener aquí este tatuaje— lo dijo señalando el lado izquierdo de su pecho para continuar,—es lo único que me recuerda que eres real en mi vida— depositó un delicado beso en sus labios. No se tatuó su nombre, fue por seguridad, si algún día el caía en manos de sus enemigos, la buscarían a ella y podrían matarla, esa era su realidad ella era el secreto mejor guardado que en su vida haya tenido, pero ahora todo estaba en riesgo y tenía que dejarla con el dolor de su alma. Pero hoy no, este momento lo quería disfrutar cada segundo, por eso esta noche le hizo el amor de la forma más tranquila besando cada parte de su piel, grabando en su mente cada mirada, cada caricia, cada grito de placer. Esta noche la tomó como su mujer una y otra vez, y se entregó como el hombre enamorado que es. Sabía que Lucia quería tener un hijo de él, así que hace casi 11 meses atrás se hizo una vasectomía, para evitarlo, la amaba tanto que no podía siquiera imaginar la idea de ligarla de esa manera a su organización delictiva, peor aún darle esa vida a ella o un hijo, ella no lo sabía pero esta fue una de muchas demostraciones de amor que Stefano le daba. Solo él podía entender el amor excesivo que le tenía, un amor desinteresado, lo único puro que tenía en su jodida vida, era tan grande su amor que no lo quería manchar con la realidad de quién era. Eran casi las 6 de la mañana, Stefano no durmió nada, tendría muchos días para dormir pensó, pero solo este para contemplar a la única mujer a la que ha amado y seguro amara en esta y todas las vidas que vengan. —Mi dispiace lasciarti andare, amore mio, ma preferisco non averti piuttosto che trascinarti nel mio inferno, TI AMO (Me duele dejarte ir, mi amor, pero prefiero no tenerte, a tenerte en mi infierno, TE AMO)— susurró con tanto dolor. Acarició su cabello, aspiró su olor, todo por última vez. ¿Cuánto podía doler alejarte del único amor de tu vida? Si esta pregunta se la dirige al gran Stefano Bianchi, un temible líder de la mafia italiana, pues su respuesta sería: Estar lejos del ser amado inflige un dolor más agudo que mil heridas en el cuerpo. Es un tormento que lacera el alma, como si se desgarrara en dos. Es un sufrimiento inimaginable, un dolor que trasciende lo físico y se adentra en lo más profundo del ser. Duele hasta el punto de sentir que el aliento se escapa. Es un dolor tan intenso que la decisión más difícil que ha tomado es dejarla ir. Esa es la prueba más sublime de mi amor.
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