—Tratemos de reunir la sangre de todos los dioses posibles, podríamos quizá llamarles por el espejo del lugar y ver que tal—dice Anika, la chica de pelo azul. Dante asintió. Ambos se encontraban reunidos en una pequeña terraza en algún lugar del castillo. —Intentémoslo—afirma—¿de cuántos dioses se necesita la sangre?—pregunta. —Cinco—habla.—Ya tenemos tres. Mi hermano y yo daremos un pequeño frasco de la nuestra. No importa que seamos gemelos, cada quien tiene un poder diferente—informa—además Astentor ya ofreció la de él—comenta. —Tenemos que buscar dioses fuertes y dignos—pide el rey. —Ya sé cómo conseguiremos dichas sangres, si algo nos caracteriza a nosotros los dioses, es lo egocéntricos y orgullosos que solemos ser—notifica—. Enviémosle cartas a los 13 dioses más fuertes. Dicien

