—MALDICIÓN—bocea Astentor desde las afueras del reino. El chisme de que la futura reina se desmayó sin motivo alguno llegó hasta allá.—DANTE, MALDITO INFELIZ DEJAME ENTRAR—grita nuevamente. Estaba preocupado de que a su nueva amiga haya tenido ese imprevisto. Luego se enojó más con Dante al recordar la manera en que lo echó. Sin tapujos entra, valiéndole madres el ‘te prohíbo la entrada a mi reino’, los guardias nada podían hacer. Están ante la presencia de un lobo salvaje y poco civilizado. Están ante una deidad arcaica. Patea la puerta principal del palacio e ingresa feroz. La servidumbre sale despavorida al verlo, ya sabía que iban a informar su presencia a Dante. Ambos se encontraron de frente en el pasillo y se miraron con odio. De soslayo miró a Amanda ya de pie e ignoró a Dante.

