Viernes. Presiento que será un día caótico, pero bueno para escapar. Piensa Amanda levantándose con pesadez de su cama. Había dormido todo el día de ayer desde que salió de clases. Su estómago ruge, reclamando comida. Chasqueando la lengua se dirige a la cocina, un rico aroma llega a sus fosas nasales; pan tostado con mantequilla y chocolate caliente. Atónita llega al borde de la puerta y ve la mesa arreglada para una persona. Mira a su gata Chazu tumbada en una esquina de la cocina. Ahora todo tiene sentido, su gata le había hecho el desayuno. Resopla y se dirige hacia ella, la toma entre sus brazos y se la lleva a la sala de estar, dejándola sobre el mueble para que duerma más cómoda.
—Te he dicho mil veces que no te transformes en humanoide, estas pequeña y eso te consume mucha energía—dice Amanda posando sus manos sobre la panza de su felina. Cierra los ojos, para tratar de concentrarse mejor, inhala y exhala. Siente como la energía de ella está siendo drenada y pasándosela a su compañera. Cuando cree que es suficiente se detiene. Chazu se despierta de repente y maúlla, llena de energía de nuevo. La chica resopla y niega sonriendo. —Aun así, Gracias guapa—dice y se va a la cocina a degustar lo que Chazu le preparó.
Minutos después de desayunar y alistarse, se encuentra revisando todos los rincones de su casa, hechizando las ventanas para que solo ella y Chazu las abran, al igual que las puertas. —No me mires así—le reclama a Chazu—no es para nada extremo, solo me aseguro el protegerte—dice levantando los hombros. La gata maúlla—Si, sé que te defiendes hasta mejor que yo, pero me aseguro de que no gastes tu energía en cosas innecesarias, así que coopera—dice. Acaricia su pelaje y detrás de la oreja—Te amo. Solo si estás en un peligro muy grande, teletransportate donde yo esté—dice y sale.
Se detiene en la puerta principal, puerta que conecta el exterior con su jardín marchito. Mira la casa como si intentara grabarla para siempre, como si no volviera jamás. —Presiento que no volveré más—susurra bajito. Media vuelta y empieza su marcha a la escuela.
Hoy no le apetecía volar en su escoba, ni teletransportarse, sólo quería caminar y cargarse con la energía que le otorga el aire y la naturaleza. Necesita recargar su maná nuevamente ya que le pasó un poco de este a Chazu esta mañana. Su reloj de mano marca las diez menos cuarto, a esa hora había llegado ya a la academia. Da una mirada rápida a todo el lugar y se dirige a un rincón. Se sienta en forma de indio y empieza a meditar.
Unas risitas a la distancia se hicieron presentes, cada vez se fueron escuchando más cerca—Miren, es la huerfanita—comenta una pelirroja a medida que se acerca.—¿No está como que muy temprano para meditar?—pregunta con algo de burla mirando a otras tres amigas que se siguen su juego.
—Aaaammm, ¿no está pasado de moda eso de huerfanita? Aaaaaammm—dice Amanda aún con sus ojos cerrados. —Yo medito a la hora que yo quiera y que te valga por culo, aaaaammm—continúa tratando de contener la risa. Muy en el fondo Amanda fue creando una barrera, ya que sabía que ahora intentarán agredirla.
—Tan boca suelta que eres y andas poniendo una barrera—comenta otra chica peli azul.
—No pierdo mi tiempo y concentración con perras, aaaammmmm—dice, inhala y exhala.
—Hija de perros—dice la pelirroja que había empezado a molestar. Amanda abre los ojos. Si algo no toleraba era que insultara a su madre o padre ya fallecidos.
—Al menos si estoy segura de quien era mi padre, no como tú, hija bastarda que está luchando con su autoestima ya aún no conoce a su padre verdadero y vive creyendo que el hombre con quien vive su mamá es su padre, aaaaaaaammmmmm—dice mirándola fijamente—pensé que ya lo sabías, aaaaaaammmm—cierra los ojos y respira profundo—Ahora me ves, ahora ya no me ves—dice y hace que su escudo la oculte, pareciendo como si se desvaneciera.
—LA ODIO, LA ODIO, LA ODIO—grita la pelirroja—Ella no volverá viva de la excursión, me encargaré de ello—comenta y se marcha con su grupito.
Amanda hace caer su escudo y sonríe. —Quién termina cogiendo la cuerda siempre es ella—dice para sí subiendo los hombros.
—Admiro cómo te defiendes, yo no podría—dice una voz tierna, haciendo que Amanda se sobresalte un poco por la repentina voz.
Mira a la chica, oculta entre las hojas, parece mitad ninfa, Amanda le sonríe—Antes no me defendía así, a puros coñazos aprendí—dijo sonriendo más. — ¿Y tú quién eres?—pregunta curiosa.
—Soy.. —se queda callada y niega repetida veces—no importa quien sea, no tiene importancia—dice y se tapa la cara con las manos.
—Anda, que me da curiosidad—dice cruzada de brazos—si no te ibas a presentar debiste entonces no hablarme—dice ella frunciendo las cejas—sabes que me dará curiosidad saber de ti—añade para que sea menos borde lo que acababa de decir antes.
—Soy una ninfa mitad bruja—dice tímida.
—Que chulo, me gusta ¿y que puedes hacer aparte de magia?—pregunta.
—Camuflarme entre la naturaleza, hablar con las plantas, sanarlas, hacerlas crecer y cosas así. Me llamó Drania—dice de último.
—Eres muy interesante y tienes un bonito nombre—confiesa Amanda sincera.
La chica ninfa se sonroja—Gracias señorita Amanda—dice cabizbaja.
— ¿Cómo sabes mi nombre?—pregunta sorprendida.
—Los árboles me lo dijeron—responde aun sonrojada.
Justo suena la campana, dando a entender que las clases comienzan o más bien, la excursión.