Shinso lo observó, conoció que era un borracho y que se fugaba para acostarse con alguna mujer, no por lujuria sino para desahogar su energía violenta. Sus hombros atractivos y anchos se veían tensos y su típico ceño se fruncía el doble. Solo de mirar como apretaba la copa de vino y las venas resaltadas en sus nudillos era fácil deducir su frustración s****l.
—Creo que mi gatito está en celo.
Shinso sonoro y su rostro sombrío se hizo diabólico.
—No me llames así. —Katsuki señaló fuerte con el dedo. Su rostro solo era una horrible mueca.
—Te diré como yo quiera decirte, gatito. —Con la mirada Shinso lo retó.
Katsuki sintió la intimidación. Se preguntó por qué Shinso decidió molestarlo ahora. Cuando creó su mercado n***o sin pedirle permiso no pareció importarle, menos cuando su reputación creció en el reformatorio. Sabía que Shinso era avaro y necesitaba tenerlo todo, nunca dudaba que se merecía lo mejor y lo obtendría de cualquier manera. Había creído que tenían un acuerdo de respeto. Katsuki no se metía en sus "fiestas" privadas y con ninguno de sus prostitutos o allegados y Shinso no se metía con su negocio de vino y sus criados.
Ahora Shinso tenía una fuerza en la mirada indescriptible que desconcertó a Katsuki.
—¡No es posible! —exclamó perplejo —¿Te acostaste con Aizawa? —dijo al reflexionar sobre el asunto del expediente.
Shinso llamativamente y mostró un rostro coqueto.
—Puede que sea un hombre de mediana edad ¡Ah, mi gatito! Deberías verlo cuando se quita esa ropa de funeral y deja caer ese cabello n***o hasta sus hombros. La vista es muy sensual. Puede que su apariencia sea en público, sin embargo, en la intimidad es muy apasionado en la cama. No me suelta toda la noche… —Shinso rió y tomó el asunto como si fuera cosa de todos los días. —Siempre viene bien tener amantes con una posición de poder ¿No crees? —comentó y se acercó a Katsuki —Tú pudiste tener más de lo que tienes, con ese lindo rostro y esa boca grande en la que te cabe una buena v***a…
Katsuki se sintió un poco ligero por el alcohol y pensó en los castigos que últimamente recibió de Aizawa y como la vigilancia en la puerta se reforzó y no le permitía salir.
—¡Tú eres el soplón! —gritó y jaló la corbata del uniforme de Shinso y lo atrajo viéndose peligroso. —Voy a matarte, hijo de puta.
—No, no lo harás —respondió con audacia.
El chico de cabello azul violeta y mirada sombría irritante con burla a su precario intento de intimidación.
—El prefecto Aizawa está loco por mí. No solo su cuerpo sino su corazón. El hombre es un esclavo del sistema social, trabaja hasta la noche a causa de que su jefe, el director, toma demasiadas vacaciones, literalmente vive en la prisión y solo tiene un gato que le ofrece una caricia. Está tan abandonado sexualmente que soy su único oasis. Así que todo lo que diga lo tomará como verdad. Incluso si ahora voy y te señalé como el chico que se fuga, me creerá sin evidencias.
Katsuki retorció la corbata púrpura, su mirada roja gritaba "Te voy a destrozar" pero sintiendo la impotencia rechinó los dientes. Si tenía amarrado a Aizawa y por sus palabras venenosas mantenía la vigilancia en la puerta como podría salir así que lo soltó.
Shinso se planchó la corbata y se tomó su tiempo en acomodar su saco mientras oía los jadeos como una bestia de Katsuki.
—¿Por qué se te ocurrió joderme ahora? ¿Te aburriste y buscaste un objetivo mayor a quien acosar?
—¡Ah! Katsuki eres demasiado simple y honesto. —suspiré y se rió por su ingenio —Crees que las personas vamos por la vida actuando de manera improvisada como tú, sin tener ninguna intención de por medio.
—¡Ya deja tus palabrerías de erudito! ¡Escúpelo!
— ¿Qué le puedes quitar a un hombre que no tiene nada ni siquiera su libertad? ¿Dónde está la satisfacción de quitarle un dulce a un niño miserable que ni siquiera tiene para comprar el dulce?
Katsuki gruñó porque comprendió hacía donde iban sus palabras.
—Llegaste al reformatorio como todos, siendo un don nadie y teniendo las manos vacías pero tenías tu carácter y no dudaste en subir a la cima en forma de una bestia. Eso es admirable pero la cruda verdad es que tú creciste de la posición de ser un recién llegado a alguien de temer solo porque yo te deje hacerlo. Después de eso solo tuve que esperar a que tuvieras algo que fuera tuyo, que quisieras con locura para luego quitártelo.
—Esperaste cinco meses —Katsuki estaba incrédulo y sintió una rabia enorme. — ¿Quién espera que alguien sea rico para luego robarle? ¿Estás enfermo?
—Claro que estoy enfermo, idiota. —Shinso alzó la voz —Todos aquí estamos enfermos al igual que tú estás enfermo de tu vino y tus mujeres. Alguien una vez dijo que crea el problema y luego vende la solución. Ahora tú me necesitas.
Shinso declaró su victoria.
—Yo no te necesito —Katsuki levantó orgulloso su rostro y presionó más la copa de vino.
—Vas a ser mi criado —Shinso se cansó de dar rodeos.
—Yo no seré tu criado.
—Bien, no lo mares. No puedo obligarte ya que eres más fuerte que yo. —dijo arreglándose el cabello peinandolo hacia arriba —Puedes darme una paliza, dejar tu negocio de los vinos, ser un hombre sobrio, célibe, portarte bien y cumplir tu sentencia tranquila pero te conozco, conde Bakugou. No puedes hacerlo.
—Cállate.
La voz de Katsuki pasó de ser áspera a raspar su garganta por la creciente tensión y el aceleramiento de su pulso.
—La ira se te sube por el cuerpo y cuando te rebasa te gusta golpear y dañar a otros. Siempre quieres portarte mal. Necesitas el alcohol y el sexo porque te apaga esa ansiedad y eres tan terco y orgulloso que no te humillarías haciendo con un hombre. Necesitas fugarte por ese portón oxidado, ir al pueblo por una mujer que esté tan caliente y desesperada como tú.
—¡Dije que te callaras! No me conoces, yo no soy una prostituta como tú.
Katsuki se alejó dos pasos. Necesita refrescar su cabeza caliente para pensar en alguna solución.
—Nos conocemos, siempre has sido así —dijo divertido Shinso —Seamos amigos, Bakugou como la vez que matamos a ese conejo.
—Yo no soy amigo de gente que tenga una lengua de reptil como tú, escoria —bufó y presionó su cáliz con cierto temor. No encontré ninguna idea para liberarse de Shinso poco a poco le estaba poniendo una cadena en su cuello.
—Ambos sabemos que eres tan escoria como yo. Solo que tú te metes con mujeres y yo con hombres. —Shinso le quitó el cáliz y bebió el vino sin que Katsuki reclamara.
El vino enrojeció sus labios como si en verdad bebiera la sangre de un cordero en sacrificio. Katsuki chasqueó la boca sintiendo fuego en sus entrañas.
—No me compares contigo, serpiente. Somos muy diferentes. —Katsuki disimuló unos cuantos rasguños qué se hizo en los muslos del coraje. No tenía escapatoria más que convertirse en su criado aunque no quería admitirlo.
—Es verdad somos diferentes porque tu eres un gatito muy gruñón —dijo devolviendo la copa a las manos de Katsuki —Al menos yo como una serpiente si le doy cariño y calor a mis criados. ¡Mira como tienes abandonados a los tuyos! Kaminari y Kirishima están gritando por hacer un trío contigo y al pobre de Midoriya, ni te enteras lo necesitado que está.
—¡A quién le importan sus necesidades! ¡Si tengo que ser tu criado no te la voy a chupar!
—¡Ves! ¡Tú me necesitas! —habló con un tono más amistoso. Y mostrando su clase de aristócrata lleno de vino el cáliz de Katsuki como un buen anfitrión —No tengo que explicarte nada. Quieres salir y tener sexo y yo puedo abrirte la puerta como lo hago con mi perro cuando va a orinar. Solo debes alzar las patitas cuando yo diga.
—Hijo de puta —soltó a lo bajo.
Katsuki se distrajo viendo las ondas del vino rojo formándose en el cáliz dorado sabiendo que aún le quedaban siete meses para salir. Siete meses del tormento de ser el criado de Shinso. Luego se preocupó por sus propios criados. ¿Shinso también los querría? Los convertiría en prostitutos, Izuku no podría soportarlo. Debía protegerlos.
—Eres mío —anunció con placer Shinso.
Teniendo tan cerca a Katsuki distraído en su copa, el instinto depredador de Shinso se movió como una mamba negra, veloz llevó sus manos a la nuca del rubio, la presión y la inclinación hacia él y sus labios atraparon a los suyos.
Katsuki sintió su boca estampada en la suya. No esperaba el beso. Shinso era unos centímetros más alto y lo hizo trastabillar hacia su cuerpo. Había pecado de ingenuo y bajó la guardia. Sus rodillas flaquearon y su mano al aire equilibró el cáliz para que no se derramará el vino tinto, entonces esos labios de serpiente se movieron y la lengua viperina se metió a su boca para acariciar el sabor del vino de la superficie rosada de su lengua.
Shinso presionó su nuca para intensificar el beso y que su lengua llegue hasta el fondo de la cavidad bucal. En consecuencia Katsuki lo empujó contra el altar y se lo arrancó de encima. Sus ojos rojos se encendieron violentamente. Y Shinso entusiasmado con calma al ver esos hombros tensos y su jadeo. No había ninguna pizca de temor en él.
—¡Hijo de puta! —gritó Katsuki bebió el vino del cáliz para quitarse el sabor de esa boca sucia y azotó la copa dorada de manera ruidosa en el altar. El cristo crucificado observará a los pecadores que no actuaron humildes como la Biblia aconsejaba.
—¡Oh lo siento, roba tu primer beso! —dijo provocativo y su mirada sombría se volvió maquiavélica sin embargo, se alejó de él rodeando el altar, no era estúpido para acercase a ese gato salvaje en ese momento.
—¡Qué estupideces dices, ni era mi primer beso! —pronunció enfurecido e imaginó azotar su cabeza contra el altar.
—Habló de tu primer beso con un hombre —Shinso extremadamente divertido desde la parte posterior del altar parecía un rey con el fondo dorado del retablo de la iglesia como halo.
—¡Crees que me voy a traumar por un beso con un hombre! —dijo con una mirada escarlata feroz —¡Una boca es una boca y la tuya sabe a cloaca, maldita serpiente! ¡Ni pienses que sabes a frutilla como...
Katsuki se tapó la boca y en instantes todo el calor de su furia descendió como un témpano de hielo. En un destello se le vino una imagen de él estando borracho por el chardonnay. Un sonrojo apareció en sus mejillas y sus ojos rojos se abrieron incrédulos.
Recordó el día (que había olvidado por completo) en que desde el piso gateó hacia el borde de la cama de Izuku donde su rostro pecoso se veía lindo.
— ¿Sabrás a frutilla? —Había musitado esa vez y sus dedos se metieron suavemente entre la hierba de su cabello, se acercó su rostro lentamente imaginando su boca como una dulce fruta roja, pegó sus labios cálidos y lo besó con profundidad embarrándose de saliva. El beso sabía un vino blanco.
¡Qué mierda! ¿Besé a Deku?¿Cuando pasó? ¡Imposible!
Las entrañas de Katsuki se revolvieron. Shinso miró al rubio algo conmocionado, ladeó la cabeza, no era una reacción que esperaría después de robarle un beso a semejante gato salvaje.
—¡Espera! ¡Ya te besaste con un hombre! —Shinso se sorprendió. —Así que no eras territorio inexplorado...
—¡Yo no me he besado con ningún hombre! —Lo negó pero cada vez que pensaba en el beso con su criado el recuerdo se volvió claro y nítido —¡Ya me convertiste en tu criado no deberías irte y atender tus otros asuntos!
—Este asunto me interesa —dijo muy entretenido.
—¡Ustedes dos qué hacen ahí! ¿Están peleando? —El padre Yagi salió de los confesionarios qué estaban al fondo —¿Quieren que los reporte con Aizawa?
Shinso alarmantemente ante su inmunidad. Katsuki solo chasqueó la boca y una vena se le hinchó en la frente por su posición a ser criado de ese maldito.
—Entonces cómo fue ese beso —susurró por joderlo antes de que el padre llegara a ellos —Tomados de la mano y debajo de un árbol, gatito? ¿Estabas enamorado? ¿Ese chico era lindo?
—Cállate, serpiente de mierda.
—¡Shinso, Bakugo! ¡Vayan a sus trabajos! La iglesia no es su cuarto de descanso —El padre Yagi los corrió con un ademán.
Katsuki salió por el pasillo de la iglesia y Shinso permaneció para saludar al padre y hablar como un hipócrita sobre el sermón de esa mañana sobre amarse los unos a los otros.
El rubio salió hacia los campos de uvas a buscar a Kaminari y Kirishima e informarles de la nueva situación. Le puteaba ser criado de Shinso pero era verdad que necesitaba salir a conseguir vino y mujeres o si no mataría a alguien. Sus pisadas casi torturaban al suelo y su boca se torció hasta hacerlo ver como una bestia.
Izuku entre las hileras de uva miró su espalda y le gritó.
—¡Kacchan! —dijo corriendo —¡Qué bueno que estás aquí! ¿Puedes ayudarme a cargar esto?
Katsuki paró en seco, esa voz aguda subió su ira. Pensar que había tocado esos labios de donde salió su voz parecía irreal aunque el recuerdo ya era demasiado nítido para fingir demencia.
-¡No! ¡Eres mi maldito criado hazlo tú! —gritó y siguió avanzando.
—Pensé que ya éramos amigos —Izuku habló con su tono dulce y esa tontería lo hizo explotar, se dio la vuelta, le empujó la caja de uvas que había estado recolectando en todas las horas de trabajo, agarró los tirantes del overol y lo acercó a su cara para regañarlo.
—Cuando te dije que ibas a dejar de ser mi criado.
—Yo creí que al ser amigos seríamos… ¿Iguales? ¿cercanos? —Izuku se abochornó al decir esto pensando en sus cosas sucias.
Katsuki lo vio y quiso preguntar si estaba borracho le dio un beso pero era un tema demasiado bochornoso y no se atrevió.
— ¿Tú y yo siendo cercano? Pues creíste mal —Katsuki gritó horrible y gotas de saliva salpicaron en la cara de Izuku.
De inmediato se percató de que estaba desquitándose con él porque Shinso lo jodió entonces se calmó y solo lo empujó al piso y pateó la tierra para que le cayera encima.
—Patán —Izuku exclamó cubierto de polvo y rápido tapó su boca.
Katsuki lo escuchó.
—¡Al menos no se me para leer la biblia, pervertido! —Katsuki se fue irritado dejando a un Izuku echó un tomate al enterarse que vio su incidente sin saber que él era el motivo de su erección accidental.
Katsuki no halló a sus criados idiotas hasta la noche cuando castigado reconoció el estiércol de la granja. Los idiotas llegaron ahí con rostro pálido.
—¡A Denki le robaron la mercancía! —anunció Kirishima con un Kaminari asustado tras su espalda.
Katsuki presionó el mango de la pala con la que recogía el estiércol.
—¡Maldito día de mierda! —explotó y ya no logró controlar su ira, la cual se desbordó efervescente como el vino de una copa.
Los músculos de sus brazos se tensionaron al igual que sus puños. Vestido con su overol gris, botas negras y un lindo sombrero de paja, su mirada roja se encendió y el rubio tuvo ganas de azotar, quebrar y triturar.
—¡Alguien me las tiene que pagar! ¡Vamos por ese bastardo!
lo muerde la serpiente.»
Eclesiastés 10:8
──❀•❀──
Nueve de la noche.
Establo.
Los ojos de Kirishima observaban despavoridos aquella escena. Su pupila parecía roja temblar alrededor de su esclerótica. Ese tono de color palpitante, violento y apasionado era lo único que se reflejaba en sus ojos:
Un rojo sanguinario.
El color intenso supuraba de una herida abierta en la frente. La sangre brotaba escandalosa y la carne rosada junto a mechones de pelo se notaba como un pastel que se iba embarrando con el color verde del estiércol de vacas. Poco a poco el rojo acuoso de la sangre se fue esparciendo por el heno como una mancha voraz a su vez salpicó como pintura la orilla de una botas negras que originaron el acto violento.
Kirishima arrugó la cara y sus manos hormigearon para detener el acto malvado frente a sus ojos. Detener ese pie qué iba hundiendo una cabeza humana contra el estiércol. La causa de esa brutalidad era un simple robo.
El pelirrojo ingresó al reformatorio por el delito de secuestro tuvo miedo. El corazón latió fuerte y se llevó una mano en el pecho perplejo por el asunto.
Él solo está furioso por el robo, él conoce el límite, ¿cierto?, él no va a cruzar la línea, ¿verdad? No el tipo absurdo que un día me contó que quería viajar a la luna….
Enseguida se sobresaltó al oír una escandalosa tos de flema acompañaba con un "squish" de la cabeza pegándose a la mierda. La víctima escupía sangre, entre el espacio de aire, qué le dejaba su victimario al levantar el pie para empujarlo contra el estiércol de nuevo. Kirishima estaba convencido de que pararía y se quedaría pasivo ante la violencia convirtiéndose en su cómplice hasta que el mugido de las vacas tras una cerca de tablones empezó a oírse desesperado:
"¡Es una bestia! ¡Detengalo! ¡Lo está matando!"
Kirishima negó con la cabeza, incrédulo del acto realizado por su amo Katsuki Bakugou.
Hace un año había conocido al chico rubio, de pelo afilado y boca grande en la mansión de los condes Bakugou. Su padre era el jefe de un periódico llamado "Le point" a quien lo invitaban a las grandes fiestas de la aristocracia, Kirishima lo acompañó esa ocasión a una fiesta de cumpleaños. Iban bien vestidos con un frac, moño n***o y sombrero de copa, lo único que sabía es que el hijo de unos condes cumplió sus diecisiete años.
La fiesta dio inicio con los condes, aunque los títulos nobiliarios ya en la tercera república no debían usarse, todavía los llamaban así. En lo alto de las enormes escaleras del salón principal, los Bakugou se veían radiantes, vestidos espléndidos y felices dando la bienvenida levantando una copa de champagne mientras su hijo simplemente estaba de pie junto a ellos peleando con su moño en el cuello, teniendo una expresión. de amargura.
El tiempo se consumió y la fiesta estuvo en su apogeo con algunos caballeros intentando sacar a bailar a las damas con un beso en la mano, los músicos tocaron vals de tonos divertidos, la gente bailaba, bebía y reía, y otros rodeaban y llenaban de halagos a los Bakugou. Eran los protagonistas indiscutibles de la noche.
Kirishima acalorado por la fiesta subió al segundo piso y entró a una habitación para escuchar la música. Salió al balcón por un poco de aire y se topó a un solitario chico rubio que estaba recargado en la baranda con una botella de chardonnay en la mano.
—¡Oh, perdón, no sabía que alguien estaba aquí!
Kirishima se iba a retirar cuando una nube se despejó y la luna llena iluminó las facciones afiladas del chico del cumpleaños. Metió las manos en los bolsillos preguntándose ¿Qué hacía apartado del mundo? ¿No debería ser el centro de atención de incluso más que los condes?
— ¿No deberías estar en tu fiesta? —dijo curioso y se acercó a la baranda.
—No es mi fiesta. Yo nunca celebro mi cumpleaños, —dijo alcoholizado manteniendo los ojos perdidos en la luna y moviendo como un péndulo la botella de chardonnay —La porquería de halagos e hipocresía en la sala de esta mansión es la excusa de mis padres para presumir sus viajes y anunciar su estúpido regreso a la sociedad de París.
Kirishima no dijo nada, la verdad que su padre había ido para documentar el regreso de los condes y lo único que se sabía de su hijo era que fue criado por la madame Bakugou que hace un mes acababa de fallecer.
—¡Tu mansión es fantástica! —Kirishima trató de romper el hielo.
Katsuki bebió directo de la botella del chardonnay y su rostro parecía molesto y triste a la vez.
—¡Sí, es fantástico! Mis padres remodelaron la sala principal y sacaron todo el tapiz de la abuela y sus decoraciones de vieja, cambiaron los colores a blanco, los muebles, las cortinas y llenaron todo con sus exóticos adornos del extranjero como los esnobistas qué son. Ahora todo es nuevo, incluso el piano es un piano americano que parece brillar. Esta casa ya no es la misma casa en la que vivía con la abuela. —arrastraba las palabras como un borracho pero en su tono de voz era muy claro el sonido de su tristeza —No quedó nada de ella excepto el ático. Sigue estando lleno de ratas, húmedo, oscuro tan oscuro…
Kirishima notó que el rubio parecía muy hablador con un desconocido para estar en sus cinco sentidos. Cuando mencionó el ático su vista pareció perderse en algún trauma. Katsuki pareció regresar al momento en que su abuela lo encerró y le dio el infarto en el pasillo y por más que golpeaba la puerta para salir no pudo auxiliarla, sin embargo, sacudió su cabeza y cambió de tema de manera incoherente.
—¡Tú, cabello de mierda! ¿Conoces sobre el conejo de la luna? —dijo con un cierto tambaleó en el cuerpo y apuntó al satélite —¿Ves ahí está?
—Conejo? —Kirishima se rascó la cabeza.
—Un día viajaré a la luna a conocerlo.
—¿Un viaje de la tierra a la luna? —Kirishima comenzó a reír porque el hombre en la luna le resultaba pura ficción —Acaso eres Julio Verne?
Katsuki bebió por completa la botella y soltó un refrescante "Ah". El vino era un elixir que adormecía sus sentimientos.
—¡Si un día iremos a la luna! ¡Construiré una casa ahí! —pronunció animado y alzó victorioso la botella vacía. Un segundo después sus ojos rojos parecían acuosos y la algarabía se le quitó del rostro —Y cuando aterrice en la luna, quizás me encuentre con el conejo que vive ahí y ya no estará solo... —dijo como un niño melancólico.
Kirishima reconocía que Katsuki borracho era abierto y simpático pero a veces, como en ese primer encuentro, se convertía en una persona muy vulnerable diametralmente opuesta a su forma de ser normal, ruda, amargada y cerrada.
Desde el día de su cumpleaños se relacionaron gracias al trabajo de su padre que venía a la mansión de los Bakugou a negociar la publicidad en su periódico de los viajes por barcos y el pelirrojo siempre lo acompañaba.
Katsuki siendo normal era arrogante, caprichoso y su forma de moverse y hablar era agresivo pero en cierta manera era una persona franca. Por eso Kirishima a pesar de que Katsuki y él no eran amigos, solo conocidos, esas escasas veces en que iba a su casa no dejaba de hablar sobre sus asuntos para conocer su opinión sincera.
Un día le contó de una chica que era su amiga de la infancia.
—No seas estúpido ¿Esconder una chica en tu habitación? ¡Eres un idiota! Si te descubren sus padres te acusarán de secuestro. —Katsuki una vez le advirtió sobre el delito que lo llevó a ese reformatorio.
—Pero Mina no quiere casarse con ese tipo. Ella es una buena amiga y yo...
—Pues espero que cuando estés en la cárcel la tipa al menos te mande cartas —Katsuki habló en burla desconociendo qué con mes de diferencia ambos caerían en aquel reformatorio alejado de la civilización.
Kirishima consideró que Katsuki no era tan malo aunque su círculo social lo repudiaban por su falta de modales. No lo consideraba malo porque nunca había presenciado a Katsuki invadido por la ira. Así que estaba incrédulo y perplejo en el establo al ser testigo de la violencia que se le escapaba de sus puños. Una violencia qué no parecía parar.
El ladrón que había robado la mercancía de Kaminari tosía sangre a causa de la agresiva bota golpeando sus costillas, y que después se colocó sobre su cabeza y lo hundió en el estiércol.
—¡NADIE TOCA MIS COSAS! —Katsuki gritó furioso y siguió hundiendo esa cabeza humana llena de sangre mientras su víctima gemía de dolor hundido en un montón de mierda de caballos.
—¡Ay por Dios! ¡Va a matarlo! —Kaminari, el rubio tonto que era su compañero de cuarto, por fin exclamó lo que las vacas hace minutos habían advertido —¡Kirishima detenlo! —dijo con un gesto temeroso y sacudió al pelirrojo qué seguía de pie con las piernas temblando y la mirada incrédula.
—Bakugou se ve como un monstruo.
El pelirrojo sintió un horrible escalofrío.
Nueve de la noche.
Dormitorio.
Cuarto 308.
Las paredes color perla eran aburridas, la cortina púrpura que ondeaba en la ventana era monótona, ni la alfombra de figuras geométricas en medio de ambas camas lo incitaba a hacer algo divertido. El mobiliario escaso qué consistía en una mesita de noche, dos camas individuales, un armario y la puerta de madera con grabados de uvas aumentaban la sensación de estar atrapado en un dormitorio qué a su vez estaba cercado por medio de campos verdes que parecían infinitos.
Midoriya sospechó por enésima vez en la cama mientras se encontraba acostado mirando el insípido techo. Había terminado su tarea y la de Katsuki y sin él en la habitación el tiempo se arrastraba lento, los minutos eran tediosos y las horas eran desesperantes.
Contemplando la porosidad del techo imaginó su rostro y sus gritos llenando el dormitorio:
"¡Eres un inútil, lavaste mal mi ropa! ¡Haz bien mi tarea, estúpido! ¡Qué te dije sobre tocar mis cosas! ¡Si tocas mis cosas haré que te las tragues enteras! ¡Bien, seré tu amigo si eso es lo ¡Que quieres…!”
Izuku se abochornó al recordar que a partir de esa mañana eran amigos, aunque Katsuki al final lo continuó tratando como un criado.
—¿No sabes cómo tratar a un amigo? —Izuku refunfuñó porque había creído que su trato sería más cálido —Quizás Kacchan nunca ha tenido uno…
El pésimo de nuevo suspiro. Si suspiraba una vez más se pareciera a la protagonista virgen de una novela qué aburrida suspira por un romance. Había demasiado silencio, incluso en los cuartos vecinos, que su cerebro ocioso no le dio alternativa qué hacer volar su imaginación. Comenzó a crear una historia en donde esa chica recatada e inexperta conoce a un hombre que despierta su sexualidad y que a lo largo del relato la obsesiona al punto de romper las buenas costumbres, entregar su virginidad y desear estar en la cama de ese hombre. Hasta que al final lo logra y actúa como una salvaje montada en su primer amante.
El relato deformó el sexo de la chica e Izuku se puso en su lugar, cerró los ojos y se miró danzar sobre aquel grueso pene mientras este entraba y salía de su año hasta hacer qué su hueco chorreara de semen.
La mano descendió a su entrepierna y tocó un poco la superficie para después abrir de golpe los ojos y volver a encontrarse con el poroso techo monótono.
-¡No! Debo controlarme —reflexionó y se resistió de tocarse compulsivamente como lo hacía cada noche antes de que Katsuki regresara de su castigo nocturno.
La luz del fuego de la lámpara ilumina su rostro frustrado. Pensaba demasiado en sexo que esa mañana en clases su erección se había convertido en un problema. ¿Qué otras situaciones podrían surgir si no controlaba sus deseos por Kacchan?
El pecoso decidió enfocar su aburrimiento a otra cosa. Se incorporó y recargando su espalda en la cabecera, cruzó un pie sobre el otro e intentó leer "Los Miserables".
La novela de Victor Hugo había sido publicada en 1862. El libro era un regalo. Los reclusos tenían la oportunidad de traer fotografías, diarios personales u objetos inofensivos; Izuku eligió traer ese libro de pasta gruesa porque se lo había regalado Todoroki.