Cuando supo que podía traer algo de París a la cárcel no dudó en abrazar el libro en su pecho. El título era un recordatorio de cómo se sintió cuando Todoroki lo acusó de sodomía y acoso. Estaba herido por la traición y sus mentiras. Era injusto estar en un reformatorio por abrirle las piernas cuando fue él en primer lugar quien lo incitó. Tal vez fue miedo, cobardía o presión de su familia lo que hizo actuar mal a Todoroki pero Izuku no quería justificar sus acciones y perdonarlo. Podría haber decidido admitir que era un sodomita igual que él y juntos hundirse en la miseria pero no lo hizo.
El libro lo ayudó a nunca olvidar que Todoroki lo convirtió en un miserable.
Hojeó el libro e intenté leer, sin embargo, un recuerdo se instaló en su corazón.
—¿Puedes decirlo? —Izuku pidió en la oscuridad de su habitación; Ese día sus padres no estaban en casa y confiado se acurrucó en la cama junto a un Todoroki desnudo mientras la luna aparecía por la ventana.
—Pero si ya lo sabes, Midoriya —respondió y su voz tranquila fue un orgasmo para sus oídos. — ¿Porque siempre quieres que lo diga después de acostarnos? No somos marido y mujer.
—¿Y por qué no decir lo que sientes? —el pecoso estaba ciego de amor y sonriente acarició el pecho de Todoroki bajo las sábanas —Quiero ser como esas chicas en las novelas que encuentran el amor en un caballero de blanca armadura.. ¡Y tú eres mi caballero, Todoroki! Nos amaremos por siempre como en las novelas porque era nuestro destino encontrarnos —Izuku se sonrojó por su cursi declaración y exclamó feliz:
"¡Ah! ¡Te amo!"
Sin obtener ninguna respuesta.
Izuku con un fuerte sonido cerró el libro y apareció una arruga en su entrecejo. "Los hombres son unos idiotas", pensó en lo ocurrido y por un momento su corazón se sintió aplastado.
—Un caballero de brillante armadura —soltó una risa patética. —En qué tonterías pensaba…
Por reflejo volteó a mirar la cama de su amo. El edredón morado lo incitó a venir. Entonces dejó el libro y fue a parar frente a la cama de Katsuki. La lámpara de gas en la mesita entre las camas formaba siluetas negras en las arrugas del edredón y la imagen del rubio desparramado y dormido como un ángel con su torso desnudo y la boca abierta penetró en su mente y suavizó su sonrisa.
—Kacchan me alegro que no seas un caballero y tengas esa horrible manera de ser.
La sonrisa de Izuku se alargó e infló sus mejillas. Se miraba muy feliz y su mano tímida se acercó al edredón y estiró las arrugas que tenía como si deseara tocar su piel.
—Eres un patán y yo solo pienso de ti, en lo bien que te ves con el uniforme e imaginar el como te lo quitas. No tengo que admirarte porque no tienes nada que admirar, me gustas Kacchan porque contigo mi corazón está a salvo y no tiene que caer y sufrir por amor. Porque no tienes ninguna cualidad que yo pueda amar.
Izuku se sintió conmovido y antes de pensar en echarse al edredón y fantasear con tocarlo y ser tocado, un golpe en la puerta lo sobresaltó. Se apuró abrir y la puerta rechinó. Frente a él apareció esa mirada sombría de color violeta que lo auxilió con su mano cálida esa mañana.
—¿Estás llorando? —mencionó Shinso y apuntó una lágrima rodando en su mejilla.
Izuku se halló sorprendido por las emociones de dolor que Todoroki producía mezcladas con el alivio que Katsuki le otorgaba. De inmediato se limpió la mejilla izquierda.
—N-no, no es nada.
Shinso pasó a la habitación como si fuera suya, vestido con el uniforme de saco marrón y corbata púrpura bien arreglado, caminó altivo como todo un rey y avanzó a la cama de Katsuki. Izuku se puso nervioso.
—¡E-espera! ¡No puedes sentarte ahí! A Kacchan no le gustaría que...
—Estoy seguro que no le importara —Shinso se sentó en la cama lo que erizó de terror al chico de cabello de hierba.
—¡S-shinso! —tartamudeó —A Kacchan no le gusta que toque sus cosas así que...
—Entonces ¿te gusta Bakugou? —interrumpió mientras divertido probaba la comodidad de la cama dando saltitos.
-¡What! ¡No! —Lo negó con sus manos y su cara se acaloró.
—Me ¿Estás mintiendo, Midoriya? —dijo al mirar sus mejillas pecosas y sonrojadas —Si no fue por él ¿Por quien tuviste la erección en clases? No me dirás que te pusiste caliente por el párrafo de Adán desnudo en el paraíso —Shinso escuchando de medio lado enseguida sus ojos violetas y de serpientes se fijaron en las arrugas de la cama y sus dedos alisaron el edredón de manera sugestiva. —Si te pusiste duro por Bakugou no te culpo. Si él fuera mi compañero y durmiera en la cama de al lado también pensaría cosas malas y muy malas.
— ¿Cosas malas? —Izuku se siente incómodo.
—¡Vamos! Sabe a qué me refiero. ¿No te dan ganas de tocarlo cuando está dormido o quizás de acostarte con él cuando está muy borracho?
Izuku palideció y se quedó mudo.
—Cuéntame, Midoriya ¿Bakugou usa pijama o duerme desnudo? ¿Duerme como un gatito? ¿Tiene algún lunar escondido en la inglés?
Shinso continuó con la conversación como si ambos tuvieran confianza. Izuku no le agradaron sus preguntas tan personales. Sus ojos verdes lo desaprobaron mientras se fijaban en esos dedos largos y pálidos que acariciaban el edredón como si imaginarán acariciar un pectoral de su Kacchan. Un horrible malestar surgió de sus entrañas.
—Es cruel que los tipos como nosotros debemos reprimirnos todo el tiempo —Shinso siguió hablando por los codos a causa del silencio de Izuku. —Pero no debería ser así. Si un hombre tiene libido por una mujer simplemente la hace suya y listo su reputación sube como la espuma. "Es todo un galán", en cambio a nosotros se nos llama "Aberración" cuando poseemos a un hombre ¿No crees que deberíamos expresar nuestra naturaleza y tomar a cualquiera hombre que quisiéramos?
—A quién quisiéramos? N-no creo que eso sea moralmente correcto, Shinso —Izuku insistió en mirar con molestia esa caricia lasciva que Shinso daba a la cama de Katsuki como si quisiera tocarlo así.
—¿Por qué no? Es un mundo gobernado por hombres, las mujeres son obligadas a quedarse en casa, siendo obedientes y sometiéndose a su marido mientras los hombres salen afuera a vivir sin ningún remordimiento. Los heterosexuales engañan y follan y se salen con la suya. En cambio aunque nosotros follamos con el amor de nuestra vida seguiríamos siendo los perversos. ¿No te gustaría por un día desatar tus instintos y hacer de todo sin miedo al castigo? —dijo y apretó el edredón como si apretara la carne del dueño de la cama. —No quisieras tomar al hombre que te gusta y hacerlo tuyo sin esconderte. Someterlo en una cama hasta que gima tu nombre sin necesidad de llamarlo porque los vecinos podrían oír.
—Desatar los instintos suena muy animal, Shinso.
—Piensas que es animal?, así que eres de esos tipos cursis que "Hacen el amor", creía que te gustaba lo rudo y ser masturbado en los armarios por desconocidos —Lo miró directo como si con la violeta de sus ojos lo invitara a portarse mal — ¡Lo veo en tus ojos! Debes sufrir al verlo dormido cada noche frente a ti ¿Nunca has tenido ganas de poner tus manos en su cuerpo?
La sangre del pecoso comenzó a hervir a cada sugerencia de Shinso como una cerilla que enciende una llama hasta arrasar el bosque entero. Sus sugerencias en lugar de incitar su deseo s****l acrecentó sus celos. Shinso parecía que contaba sus propios deseos enfermos como Katsuki.
El cuerpo de Izuku se tensó al imaginar a Katsuki semidesnudo bajo merced de esos dedos largos y pálidos, el como esos dedos afilados lo acariciaban de la misma forma perversa que a su edredón.
Pensar así era una estupidez como si Katsuki fuera un chico indefenso que pudiera acostarse y ser dominado por Shinso. De todas formas Izuku presionó su mano en forma de puño y la luz naranja de la lámpara mostró sombras que profundizaron su mirada celosa.
—A Kacchan no le gusta que tocar sus cosas —dijo y su voz ya no sonaba amable si no lúgubre.
Izuku quien permanecía de pie en la puerta se acercó a la cama enfadado. Los celos lo dominaron. Su intención era tomar el brazo de Shinso y levantarlo de la cama de su "objeto favorito" sin importar las consecuencias pero Shinso se le adelantó y tomó su muñeca con dominación.
—¿Y tú eres una de sus cosas que no puedo tocar? —Lo sorprendió y en un segundo inhibió las intenciones del ataque.
Izuku salió de su trance de celos y se sobresaltó.
-¿What? N-no, yo solo soy… Soy menos que una cosa para él —Izuku se encogió de hombros. No estaba seguro de la manera que Katsuki lo consideraba. Si era un mueble, un sirviente o un amigo de verdad.
Shinso se levantó y jaló al chico pequeño hacia su cuerpo y susurró en su oreja:
—No te pongas celoso, —Desplazó su mano a su cintura y su boca estaba cerca de la boca del pecoso —no estoy aquí para quitarte a Bakugou. No me importa si quieres ahogarlo con la almohada o follártelo por mi esta bien si los violas cuando esté borracho...
—Yo no haría eso —Izuku sintió la necesidad de aclararlo.
—De verdad no lo quieres?
El corazón de Izuku palpitó. No pudo evitar que las palabras y el tono tan elocuente de Shinso entrarán en su cabeza.
—No me gusta Kacchan. ¿Y a ti?
—No vine aquí por un patán. Vine porque eres lindo.
La voz baja, enigmática e hipnótica de Shinso cosquilleó la oreja del pecoso provocará qué su corazón latiera nervioso. A quien no le gusta sentirse atractivo para otros. Izuku no fue la excepción.
— ¿De verdad crees que soy lindo? —dijo sorprendido de su belleza y se sonrojó.
—Por supuesto. Y ya que eres lindo permíteme una degustación…
Shinso presionó su cintura, levantó su mentón y lo besó.
Izuku a diferencia de Katsuki, aceptó el beso sin sentirse asqueado, cerró los ojos y quiso disfrutar del contacto. Ambos labios hicieron pequeños movimientos sin introducir la lengua, a Izuku le gustaban muchos los besos. Hubiera estado encantado con Shinso, si no fuera por que en medio de ese beso la voz borracha de Katsuki apareció y lo oyó decir de nuevo:
"¿Sabrás a frutilla?"
La sensación única de aquel beso calentó su corazón y lo hizo apartarse como si besar a otro hombre era una traición. Katsuki y él no eran amantes aún así su cuerpo se hacía atrás.
—Lo siento, Shinso yo… —Izuku agachó la cabeza confundida. —Kacchan podría venir en cualquier momento y si te encuentra aquí se enojara mucho —justificó el corte abrupto del beso.
—¿Y qué? Dejemos que nos encontremos sobre su cama —respondió provocativo.
Izuku tuvo un escalofrío.
—Ee mejor que te vayas —Siendo amable tomó la mano de Shinso y lo guió a la puerta pero este se soltó.
—¿Sabes que no tienes que obedecerlo? No tienes que soportar su maltrato. Puedes rechazar ser su criado, tan fácil como pedir un cambio de habitación, por ejemplo, al mío.
A Shinso no le importó qué se apartará de sus labios y relajado arregló el cabello de Izuku. De todos modos, la serpiente primero trató a Eva como su amiga antes de seducirla a comer del fruto prohibido.
—Abandónalo. —propuso.
Izuku se quedó pensativo.
-No puedo...
—¿No puedes o no quieres?
—Y-yo no lo sé…
El rostro de Izuku confundido y pensativo aburrió a Shinso. Pensó que después de que Izuku lo dejara masturbarse en el armario iba a dejarlo pasar una noche divertida con él. Lo único que mostró fue una lealtad absurda por esa "bestia" qué al "Rey" lo hizo enfadar.
—De todos modos no puedo quedarme —suspiré —aunque quisiera, pronto será el pase de lista nocturna y Aizawa se enojara si me encuentra aquí —Shinso se retiró pensando que debía visitar al prefecto.
Izuku suspiro aliviado y después de cerrar la puerta se recargó en la madera. Se preguntó en serio si realmente podría abandonar a su amo, sonaba tan fácil ya la vez no. Observó la cama que Shinso había tocado y comenzó a sentir celos.
—¿Podría irme? Pero si alguien viene y te toca yo... —sus entrañas se removieron e Izuku intentó presionar su estómago como si así disminuyera sus excesivas emociones.
Nunca había sentido el capricho de apoderarse de algo como lo sentía con Katsuki. Su lujuria era egoísta y no quería compartir a su Dios del vino con nadie. Culpó de su locura al encierro y se arrojó desesperado a la cama del rubio. Abrazó posesivamente el edredón morado como si fuera Katsuki, olfató su aroma, se abrió los pantalones y comenzó a masturbarse rozándose con la tela alcochada entre las piernas.
—Mi Kacchan, mi Kacchan... —repitió mientras entraba en el trance del placer. Acostado de lado movía sus caderas y su mano en su pene subía y bajaba con velocidad.
En esos momentos su lujuria lo cegó, se sintió más un animal en celo que una persona. Si Katsuki hubiera abierto la puerta en aquel momento seguro que le daría una paliza. Y pensar en sus manos toscas y agresivos golpeando su piel provocaron una erección tan durísima como una pistola apunto de soltar sus balas.
—Ya no puedo —dijo retorciéndose en la cama ajena. Y estrujando su pene entre el edredón se vino dejando una franja de espeso semen en la cama como un macho marcando territorio.
Cuando el calor y el orgasmo se enfrió se sintió culpable.
—Soy una aberración —dijo abrazando el edredón como un niño llorón y entonces las palabras hipnotizantes de Shinso flotaron en su cerebro.
Abandonalo.
Nueve de la noche.
Establo.
Sus ojos alargados eran demoníacos. La piel de sus nudillos se descarnaba por el uso excesivo. Sus huesos parecían sobresalir y las venas estaban hinchadas de sangre. Había perdido el control. En su interior había un soplido de fuego que recorría sus intestinos. Katsuki poseído por la ira sometió a un recluso qué había robado unas botellas de vino. Puso su bota en la cabeza de su víctima y la hundió en el estiércol.
La imagen de la violencia era un gozo comparada con el orgasmo. El sonido de los gemidos qué le suplicaban piedad era melodioso, el llanto sonó patético y el "squish" de la cabeza hundiéndose en la mierda de caballos fue satisfactorio.
—¡Crees que podías robar y salirte con la tuya!
Katsuki se mostraba como una bestia feroz, con sus colmillos expuestos, mientras contrastaba con una imagen inocente gracias al overol gris que llevaba, con un tirante caído, unas botas de caucho y un adorable sombrero de paja.
Kaminari y Kirishima estaban perplejos, su "jefe" les provocó terror como nunca antes, no querían intervenir y convertirse en el tipo que se ahogaba en el montículo de estiércol. Las fosas nasales del ladrón estaban llenas de la mierda pastosa que solo le quedaba abrir la boca y escupir trozos de caca para respirar, aquello era una imagen nauseabunda. El ladrón comenzó a sollozar, Katsuki no se conmovió ni un gramo.
—Sabes porque estas aquí, —dijo con una voz malvada que crispaba los nervios —no fue porque le robaste al idiota de Kaminari fue porque tomóste mi mercancía... Si le robas a él, me robas a mí. Y nadie, escucha bien ladrón de quinta... ¡NADIE TOCA MIS COSAS!
Katsuki pateó al ladrón en las costillas desquitandose por tener un mal día. Había recordado qué besó a Izuku y eso le provocó conmoción, Shinso lo había jodido y lo convirtió en su criado y su frustración s****l desencadenó la explosión de toda la tensión. Sin pensarlo, hundió su bota en la cabeza del individuo, sumergiéndola en el excremento verde hasta la asfixia.
—B-bakugo c-creo que lo estas ahogando —Kaminari que estaba a cinco pasos de Katsuki habló con una voz endeble mientras se encorvada de miedo.
Katsuki gruñó a su intervención y dejo que respirara un poco el ladrón. Este jadeó y lloroso suplicó: "Ya no, por favor... por favor" y su ruido de perdedor aumentó su furia y otra vez pateó sus costillas.
—¡Cállate! —gritó y lo siguió pateando y pateando para deshacer de ese ruido patético y lloroso pero el ladrón entre más golpes recibiendoa más escupía sangre y el ruido de su cuerpo hundiéndose en el estiércol y la tos de sus flemas se oyó más estrepitoso provocando que las vacas mugieran asustadas.
Katsuki sintió el ardor de sus nudillos rotos, la tensión de su espalda y sus venas hinchándose. Una vena se marcó en su frente y su cara enrojeció de ira. Mostró sus dientes apretados y continuó con sus patas sintiendo la carne humana aflojándose. De pronto cayó en un delirio y pateó con un ritmo como si estuviera en la cama embistiendo a una de sus amantes para sacarse el estrés.
—¡NADIE TOCA MIS COSAS! —Katsuki siguió pateando, pateando y pateando mientras la víctima recibía sus ataques, gemía de dolor y se revolcaba en la pestilencia.
—¡Ay por Dios! ¡Va a matarlo! —Kaminari, el rubio tonto corrió a esconderse tras la espalda del pelirrojo. —¡Kirishima detenlo! —dijo con un gesto temeroso y sacudió a su compañero qué seguía de pie con las piernas temblando y la mirada incrédula.
—Bakugou se ve como un monstruo.
El pelirrojo sintió un horrible escalofrío.
—¡Kirishima! —Kaminari insistió en que actuará.
Por fin el pelirrojo salió de su perplejidad.
—¡Distente ya, Bakugou! —exigió con cierto temor.
El castigo desbordaba sadismo y no era comparable los brutales golpes con el simple robo de varias cajetillas de tabaco y unas botellas de vino.
—¡Bakugou! —gritó con mayor fuerza cuando su amo no le respondió.
El pelirrojo se armó de valor y corrió tras Katsuki; lo tacleó y lo alejó de la víctima que estaba sobre su propio charco de sangre y la mierda.
El rubio forcejeó con él. Kirishima se sintió como sosteniendo a un animal a quien le quiere poner cadenas. Por supuesto que Katsuki se calentó y se puso más iracundo.
—Déjame Acabar. —dijo endemoniado.
—¡Denki ayúdame! —gritó desesperado el pelirrojo.
El rubio más bajo y delgaducho agarró a Katsuki del cuello desde la espalda y lo jaló hacia atrás. Kirishima empujando y Kaminari estirando lograron derribar a Katsuki al suelo cayendo junto con él.
Una cubeta de leche se derramó, el heno se esparció por el aire y el suelo retumbó. Las vacas mugieron alteradas, el caballo relinchó y los cerdos hicieron sus ruidos. De inmediato Kirishima y Kaminari se pusieron de pie dejando a Katsuki en el suelo resoplando como un toro como si sólo viera el color rojo.
—¡Hermano, se te zafaron los tornillos! ¡Esto es excesivo! —exclamó Kaminari y corrió a esconderse detrás de Kirishima.
—¡Cálmate Bakugou, este no eres tú! —Kirishima intentó razonar pero tuvo un escalofrío cuando Katsuki se levantó con las venas saltadas en los nudillos y el rostro molesto —Solo quería golpear algo para sentirte mejor ¡Pues bien! ¡Ya lo hiciste, déjalo por la paz!
Katsuki estaba consciente de sus acciones y del daño que ocasionaba, sin embargo, necesitaba calmar esa sensación infernal que hacía que hirviera su sangre. Ni siquiera importaba el robo, eran sus impulsos qué lo controlaban. Simplemente ocurría sus ataques explosivos como una marea sangrienta, era tomada por la ira, revolcado entre las olas y arrastrado sin posibilidad de detenerse.
A veces pensaba que había nacido siendo malo y por esa razón sus padres lo habían abandonado en casa de la abuela y esta lo odiaba. Se levantó y avanzó hacia sus dos criados para castigarlos de pronto un puñetazo tocando su mejilla.
El dolor lo trajo de nuevo en sí.
Kirishima era un chico muy justo y fue un reflejo darle un puñetazo al rubio que parecía un diablo caminante.
—Tuve que golpearte, ibas a matarlo —justificó y sudó al ver como Katsuki se tocaba la mejilla con una mirada de pocos amigos para después devolverle el puñetazo con otro que partió su labio.
Kaminari con miedo cerró los ojos y esperó el suyo pero no llegó. Katsuki pasó de largo sintiéndose como una basura y agarró una de las botellas de vino robadas y se largó de ahí con una mirada encendida.
— ¿Qué le pasó? Jamás lo había visto tan furioso en el mes que fuimos compañeros de cuarto. Parecía un monstruo —dijo Kaminari cuando Katsuki desapareció del establo.
Kirishima sospechó de alivió.
—Ahora es criado de Shinso y no tendrá la oportunidad de salir a tener sexo. Está estresado. —explicó Kirishima limpiando la sangre del labio en realidad el puñetazo que le dio fue ligero —Bakugou no sabe controlar esa tensión. Nunca me lo ha dicho pero sufre por ser así. Cuando fui su compañero de cuarto una vez salimos al pueblo y nos acostamos con unas gemelas, dominó a la chica como quiso y no se separó de ella hasta terminar. Aunque no le pegó era brusco, la embestía desesperada como si el placer s****l fuera una inyección para calmar las emociones malas. Eso es lo que lo desespera. Es un estúpido que halló en el sexo un medio para liberarse. Necesita desahogarse constantemente si no se acuesta con alguien pronto entonces seguirá así hasta que llegue muy lejos y…
—¡Diablos! —se sobresaltó Kaminari y quiso salir corriendo —¡Está como un loco y fue con Midoriya! ¡Si le pega tal vez…!
—Cálmate Denki —dijo deteniéndolo del brazo —No viste la dirección que tomó fue al campo de uvas.
—¡No vi a donde se estaba estaba preocupado por la dirección de sus puños!
Kirishima miró la puerta del establo y la oscuridad en el exterior. Su mirada se preocupó.
—Bakugou odia la oscuridad y aún así fue hacia allá. Debes sentirte muy culpable. —dijo sereno.
—¡Y no pudo sentirse culpable con el primer golpe! Enserio casi me orino aquí. —Kaminari se volteó a ver al ladrón en el estiércol, todavía seguía quejándose del dolor —Y que hacemos con él? ¡Nos va a denunciar con Aizawa y nos van a mandar a aislamiento! ¡No quiero ir ahí! —dijo temblando.
Kaminari venía de una familia burguesa con poca fortuna. Había entrado ahí por robar un stradivarius a una señorita rica llamada Jirou. Lo que quería era estar en el reformatorio sin que le pasara una desgracia como las que se oían en los pasillos de que a alguien se lo violaron entre cinco o que alguien fue a la celda de aislamiento y se desquició.
—Bueno debemos hacer lo que hay que hacer —dijo Kaminari.
El pelirrojo y el rubio estando más relajados fueron con el ladrón y como viles pandilleros hundieron de nuevo su cara al estiércol y agresivos alzaron la cabeza jalando su cabello. Y lo amenazaron.
—¡Escucha idiota, si intentas abrir tu asquerosa boca y acusarnos entraremos a tu habitación y te meteremos una varilla ardiente en el culo entiendes! ¡Aquí no nos gustan los soplones! —Kaminari amenazó y el tipo cayó inconsciente.
—¿Una vara ardiente en el culo? —Kirishima lo miró con desaprobación al salir del establo —¿Es enserio? Mira que fuiste tú quien le dijo a Bakugou que se le zafaron los tornillos.
-¡What! ¡Este lugar es difícil! ¡Hay que sobrevivir como mar! —Kaminari dijo sin remordimiento —Es su pellejo o el nuestro.
Nueve y diez de la noche.
Plantación de uvas.
En la penumbra, Katsuki pasó arrastrando las botas salpicadas de sangre creando una línea de tierra en el sendero. Se adentró al campo de uvas que lo rodearon como jueces. Con el overol sucio y usando su lindo sombrero de paja, caminó entre la oscuridad hasta estar a metros del portón oxidado que estaba cubierta de hiedra. Los guardias con sus lámparas de gas hacían sus rondines.
Hubiera deseado qué no le importará qué lo descubriran y solo correr, atravesar la maleza y salir por el portón a buscar tan siquiera una prostituta y desahogarse. No obstante, su madre le había advertido qué no haría alguna estupidez para que lo expulsaran y lo trasladarán a una prisión de verdad. Parecía que su madre era dura como su abuela porque le importaba, en realidad, era dura con él porque odiaba ser una madre y educar un hijo difícil que no le atraía alegrías. Katsuki manchaba con escándalos el apellido de los condes Bakugou. El escándalo era algo que las familias ricas intentaban ocultar, ya sea, hijos bastardos, depravaciones sexuales o delitos graves.
—Supongo que es mi culpa por nacer defectuoso —Katsuki suspiró sintiendo remordimiento por sus acciones.
No le quedó más remedio que aplastarse en la tierra, abrir el vino y echarse unos tragos como si fuera agua para callar sus emociones. Su mirada fue melancólica y el vino rojo se deslizó por su garganta con cierto sabor amargo, en su mente la voz severa de su abuela lo llamaba "Eres una aberración" y luego apareció el sonido de su brutal caída tras la puerta. Todavía pensaba "Si no me hubiera comportado mal aquel día hubiera podido ayudarla en lugar de estar atrapado en el ático".
Katsuki sintió escalofríos por la penumbra. Era una noche sin luna y estaba tan oscuro como aquel ático de castigo. Desde aquel día los lugares pequeños y oscuros lo asustaban.
—Desearía tener más chardonnay —dijo insatisfecho cuando la botella quedó vacía. Sus ojos estaban húmedos por la melancolía y se pasó una mano por su cabello rubio, qué era un movimiento involuntario a causa del estrés —Lo hice de nueva abuela, me convertí en un monstruo pero ya no puedes encerrarme.
Enseguida se hundió en recordar la primera vez que la ira se retorció en sus entrañas hasta liberarse dañando a otros. Fue a la edad de seis años. Un día sus dedos sin talento alguno se movían en las teclas del piano y comenzaban a trabarse de la frustración, intentaba tocar el réquiem de Mozart en la sala del estudio mientras su abuela de gran grosor y ruda bebía una copa de chardonnay con sus viejas amigas. en la habitación siguiente que era la sala del té, las viejas damas de sociedad se quejaban de sus varones y de sus hijos ingratos que olvidaban visitarlas.
"Mis padres también se olvidaron de mí" pensó al escucharlas y sus dedos torpes en el piano se equivocaron en una nota.
Sus padres antes de irse a viajar en sus barcos habían dejado un listado de maestros particulares de pintura, música, historia, etiqueta para que se convirtiera en el hijo que ellos querían, el niño en su inocencia creyó en que si era bueno en todos sus clases sus padres volverían y se quedarían con él.
Katsuki se orilló a ser perfecto en todo, sin embargo, en el piano carecía de talento. Volvió a concentrarse en las teclas del piano con un pésimo resultado. Si no pudiera tocar nada decente entonces como sus padres estarían orgullosos de regresar a vivir con él. La frustración creció y la mala ejecución empeoró por la propia tensión en los músculos. El niño lo intentaba como si la vida dependiera de ellos, cómo si al lograr ser perfecto en esa materia como las otras sus padres lo amarían. Entonces un agudo "pío" lo desconcentró y arruinó su práctica.
Pío, pío, pío.
Katsuki dirigió su mirada roja a un canario timbrado de plumas verdes que estaba enjaulado y colgaba en el marco de una puerta del salón que daba al jardín. El pájaro verde batió sus alas y su pico golpeó la jaula intentando escapar y el diminuto ruido del pico contra el metal evidenciaba su falta de armonía musical y talento en el piano.
No podía concentrarse en la épica de la pieza de Mozart entonces sintió como la frustración terminaba convirtiéndose en impotencia y enojo. La primera oleada de la ira golpeó sus entrañas como la marea contra los ricos. Si no lograba ejecutar aquella pieza a la perfección cómo podría impresionar a sus padres para que lo amaran. Se le había impuesto desde muy niño llenar las expectativas y cuando no pudo lograrlo el niño explotó sin ningún adulto qué contuviera sus emociones.
Ofuscado se levantó del banquillo con una mueca terrible, abrió la jaula, tomó el pájaro verde y lo apretó entre sus dos manos.
—¡Cállate, estúpida ave! .