Capítulo 24

4874 Words
La mano del rubio acarició su mejilla con delicadeza y metió sus dedos en su cabello como si siempre haya sido un príncipe bajo su fachada de salvaje; se acercó sus labios levantando su rostro hacia al chico de ojeras y de manera tierna le dio un beso. Cuando sus labios se conectaron los rizos verdes de Izuku se erizaron como la medusa. Shinso fue invadido por la dulzura. Hace una media hora en su habitación, Izuku había dicho a Katsuki "No me importas" y su corazón estaba bien pero sus acciones nunca concordaba con sus palabras. Las piernas de Izuku avanzaron sin permiso, parecían flotar sobre el adoquín mientras que en las puntas de sus dedos sentían escozor, admitía que tenía algo de locura en las venas y sus ojos verdes vieron un nubarrón de lágrimas. Todo era confuso en ese momento pues desconocía el tiempo exacto cuando levantó una piedra del camino y la apretó con la mano derecha. Era una piedra pequeña y rota salida del adoquín, era delgada con una punta filosa, no podría hacer un mayor daño que el de una cortada. Sin embargo, la intención y los sentimientos que cargaba eran lo peligroso: montones de celos, reclamos insensatos, la indignación de sentirse traicionado, el miedo y la inseguridad convertida en rabia pura. Izuku era irreconocible bajo las arrugas y el agua salada del rostro y continuó atravesando la explicada con una idea en el pensamiento: "Porqué a él lo besas en el día, en público y sobrio porqué a mí me besaste en la noche, en secreto y cayendo de borracho. Este beso lo recordarás el mío lo has olvidado". Izuku pensó en su beso. Ese que le dio en su cama una noche que llegó ebrio. Esa vez había mostrado indignación y molesto dijo: "No me importa, no era mi primer beso" Lo económico y suprimió cualquier sentimiento pero en eñ fondo si le importaba, tanto que aún recordaba sus dedos ásperos metidos entre su cabello verde, la presión de sus labios rojos, su lengua tocando la suya y su sabor a chardonnay. El sabor de su Kacchan. Las lágrimas golpearon sus mejillas pecosas y su flequillo verde danzaba por el aire por el rebote pesado de sus botas rojas. Su sangre se recorría con más fuerzas sus venas a cada paso. Un reproche se enroscó a cada latido y las lágrimas caían pesadas. “¡No beses a nadie, por favor! ¡No te vayas de mí!" Izuku necesitaba ver su cara de cerca, llorar, gritar y exigir una razón absurda del porque su fetiche prefería a otro. Su vista y sentidos se cegaron que no sabía dónde estaba y que hacía justo como esa vez en la licorería. Levantó el brazo de la piedra como un amante rechazado, tomó un impulso hacia atrás y entonces una mano grande y fuerte presionó su muñeca. —Jovencito, suelte esa piedra de inmediato, si no quiere que yo lo haga. Izuku fue cubierto por una gigantesca sombra de hércules y al girarse su rostro verde de los celos se volvió un fantasma paliducho al toparse con el torso ancho y los pectorales de miedo del padre Yagi. —Y-yo, no sé que... No i-iba a... Su cuerpo se encogió y sus manos temblaron como un terremoto que la piedra cayó de sus dedos ardientes. " ¿Qué estaba a punto de hacer? ¿Castigarlo por besar a Shinso? ¡Es una locura!" Izuku lloró con la mezcla de emociones: el terror de sus actos impulsivos, la pasión, los celos y el dolor. Las emociones de su pasado y futuro presentes quemando su interior. Entonces cuando el padre Yagi lo liberó del agarre ni le dio tiempo de darle un sermón, el chico se fue corriendo entre lágrimones. El padre iba a dar media vuelta hacia la oficina de Aizawa y reportar su conducta peligrosa e intencional pero entonces oyó un golpe seco contra la pared de su iglesia. Varios metros adelante en la pared del costado Katsuki golpeó sus nudillos contra la pared. Lanzaba sus puños furiosos y su rostro era una arruga de cólera. Golpeó, tocando y tocando que los sonidos de sus huesos se oyeron al chocar con la pared de piedra. Lo hizo rápido y fuerte y en un parpadeó sus manos se cubrieron con su sangre. Después de dar el beso más tierno de toda su vida había sido abandonado por quien recibió su boca. —¡Joven Bakugou, deténgase! —gritó el Padre olvidando el reporte —Katsuki no escuchaba a nadie más que el sonido de los dedos tronando y doblándose contra la pared —¡Se acabó! —El padre Yagi agarró sus dos muñecas y lo alejó de la pared como un trapo —¡Por el espíritu santo, dos chicos perturbados a la vez! ¡Señor dame fuerzas! Las manos eran un desastre, sus dedos estaban chuecos y las heridas que ya tenía en los nudillos se agrandaron. Katsuki miró sus manos rojas respirando como un animal enjaulado, resoplando cada segundo y con tensión en el cuerpo. —No te hagas daño a ti mismo —El padre vestido de sotana negra regañó pero Katsuki aún quería mover sus puños y forcejeó para seguir hasta que el sacerdote rubio lo sacudió —¡Dije que no te hagas daño! —levantó la voz. Esa voz imponente de Yagi hizo reaccionar al rubio quien chasqueó la boca y sus ojos estaban a punto de llorar de la impotencia, la rabia y frustración de desahogar su ira y no poder lograrlo. —Necesito calmarme, padre. —confesó Katsuki parecido a un adicto en abstinencia — Necesito sacar el mal en mí, la ira me carcome, necesito sexo, mucho sexo o dañar a alguien pero ya lo hice ayer y no me funcionó sigo con deseos de trozar un cuerpo y si no Puedo lo haré con el mío —Katsuki sintiendo dolor de sus dedos doblados e intentó cerrar su puño para continuar entonces el padre Yagi lo abofeteó. Katsuki gruñó por el dolor, sus manos grandes eran poderosas sin olvidar que Aizawa le había dejado una marca de cuero de su fusta en ambas mejillas y todavía le ardían. —No puedes permitir que el pecado entre a tu casa, Bakugou. Tu cuerpo es un templo debes atesorarlo no herirlo, debes disciplinarlo, debes controlar el mal, no dejes que entre en ti. Katsuki echó la cabeza para atrás y se río incluso con el dolor de los huesos desalineados de los dedos y la punzada en las mejillas. — ¿Qué no lo deje entrar, Padre? Es que no lo ve yo soy el pecado y no puedo parar. Katsuki como su diagnóstico recitaba en su expediente desde niño tenía arranques de ira sin razón y por cosas mínimas, al crecer había hallado una forma de retener esas explosiones pero se acumulaban para estallar en grande si no se desahogaba en el mismo nivel de energía por esa razón durante el sexo por desahogo era un adicto muy violento a la hora de la penetración, no daba descanso, embestía feroz como si estuviera en celo por suerte para las chicas con quien pasaba una noche lo hacía borracho así que no era tan rudo como si lo hice sobrio. El Padre Yagi lo llevó adentro, lo sentó en la primera banca cercana a la puerta. De un jalón alineó sus huesos de los dedos y se dispuso a limpiar sjs heridas con un algodón y el alcohol del vino para después vendar sus manos. Katsuki sintió las manos del padre rodeando las vendas blancas en su mano derecha, la sostenía en el aire y el padre la tomaba para rodear mejor las vendas. La ira se calmó un poco al sentir la calidez de su compasión. —Creí que con eso del porno, las mujeres y la masturbación en los confesionarios usted era un hipócrita como todos en el mundo. Odio a los mentirosos. Y pensé que tenía esa sonrisa falsa por fachada creí que era de esos religiosos que solo apuntan con el dedo y juzgan a todos. Que pensaba como todos que cuando cometes un acto criminal siempre serás criminal de por vida —Katsuki reflexionó al ver como sus manos rudas se movían delicadas alrededor de cada dedo —Pero creo que usted es el único bueno aquí. —suspendido. El padre Yagi me está escuchando. —Y ¿qué sucedió? —Nada —Katsuki desvió su mirada y vio los vitrales de los santos que formaban las ventanas y con una mueca y las mejillas rojas por el anterior bofetón dijo: —Solo bese a un chico. El padre Yagi se sorprendió de su declaración, había creído que era un amante exclusivo de mujeres como él. —Es un poco vicioso gustar de ambos géneros ¿No crees? Sé que es joven y estar en prisión estrecha lazos que pueden ser diferentes a lo acostumbrado, yo entiendo lo que siente estuve en un internado para chicos pero a veces uno se confunde y... —No lo estoy entendiendo, padre. ¡Me estafaron! Fui forzado a besarlo —Katsuki aclaró —¡Yo no besó chicos! —¿Forzado? ¿Algo que decir se acercó de eso? —No soy un soplón —Katsuki se relajo y movió sus manos vendadas por completo —Tuve que besarlo por necesidad, fui débil, querían humillarme y lo hicieron. — ¿Quién fue? Tal vez Monsieur Aizawa pueda ayudarle. Katsuki río. —Le va a creer a él porque yo soy el malo ¡Qué no le ve! —dijo señalándose a sí mismo —Porque soy un maleducado, porque gritó lo que pienso sin un filtro, porque soy honesto y odio fingir que alguien me cae bien cuando no es así. Soy el malo porque no sé usar una máscara para verme refinado, ni se hablar con palabras bonitas. Él es mejor moviendo piezas, manipulando gente, ya pesar de tener un aspecto sombrío los demás creen en sus mentiras solo porque se las da envueltas en un lindo papel pero siguen siendo mierda. Y yo sólo puedo lanzar espinas. Katsuki pasó su mano sobre su cabello era un tic que tenía cuando sintió que el mundo era una mierda y el mundo se lo seguiría confirmándolo entonces recordó como sucedió el beso: Había salido de la oficina de Aizawa junto con sus criados, su corazón latía arrepentido por abandonar a Izuku dentro y también molesto por su impulsividad. —Le dije que no hablara, es estúpido ¿Por qué diablos intervino? ¡Está loco! —Katsuki habló enojado. No hallaba razones para que alguien se volviera un objetivo de Aizawa en lugar de salvar su pelejo como lo hicieron sus dos criados. —Ya te lo había dicho ¿no lo recuerdas? —Kirishima lo codeó divertido —Creo que tienes un enamorado. —Es estúpido, —Lo miró poco amistoso —vivo las veinticuatro horas con ese idiota, si estuviera enamorado de mí lo captaría de inmediato. —Katsuki cruzó los brazos, el motivo no podría ser tan simple. Quizás era intimidación, conveniencia o pura lealtad. —Sabes la forma en que un enamorado ve a su ser amado lo que es capaz de hacer en ese estado? —¡Uno se vuelve muy estúpido! —dijo Kaminari pensando en Jirou. —Yo subí al balcón de la chica que me tiene loco para tener algo de ella y robe su stradivarius y así llegue aquí. —Si nunca te has enamorado, nunca lo sabrías nunca entenderías esa mirada contemplativa ni las acciones estúpidas y desesperadas que uno puede hacer hasta sacrificarse a sí mismo? —Kirishima le dejó la duda y se fue con Kaminari devuelta a los dormitorios. — ¿Sacrificarse así mismo? ¡Debes ser un idiota para hacer eso! — Katsuki no logró entender. Antes de seguir pensando que Izuku nació idiota y es idiota porque es idiota, Katsuki se sintió irritado y cansado, calmar su ira lo dejó con las defensas bajas, le dolía la cabeza, había dormido poco y quería irse a encerrar y no ver a nadie. e intentar obtener paz pero al echar la mirada a la puerta de Aizawa solo pensó: "Tal vez debería esperar a Deku" Antes de girarse y regresar sintió un brusco jalón del brazo que lo arrastró por la explicada hasta ser arrinconado contra la pared de la iglesia. —Siempre quise ver al conde Bakugou bajo mi sombra. Soy un marqués, los condes siempre van debajo por jerarquía —Katsuki vio a la serpiente de Shinso que con su altura lo encerró con sus brazos a los costados de su cuerpo y —Asustado, gatito? —se inclinó perverso y gracias a sus ojeras de desveló se miró más lúgubre. —¡Jódete! —escupió y una vena saltó en su frente al igual que su dolor de cabeza punzó con mayor incidencia. —Olvidé que eres un chico terco pero te recuerdo que ahora eres mi criado... —¿Y el acoso s****l va incluido, sodomita de mierda? Porque no lo vi en el contrato —Y con un manotazo se quitó los brazos que le aprisionaban. Shinso se echó para atrás e hizo una mueca a su comentario despectivo. —Es que excita bajarle los humos a chicos orgullosos como tú y enseñarles a ser adorables —respondió parco y sus atractivos ojos violetas parecían penetrarlo. —Voy a matarte —dijo amanazante mientras unas gotas de sudor resbalaban por sus sienes, su cabeza retumbaba, respiraba con dificultad tratando regular sus malestares violentos. —Inténtalo —Shinso susurró y sacó de su bolsillo una navaja que era un recuerdo de su madre y presionó su punta afilada a la altura de su ombligo —Te voy a rajar el estómago de aquí a allá. Así que compórtate gatito. Katsuki chasqueó la boca. —Mírate, estas sudando y te cuesta respirar, debes estar muy ansioso por meterla creo que reprimir tu ira y estrés te está causando dolor —dijo sombrío al verlo arrinconado hecho un desastre entonces le separó un mechón del flequillo —Creí que darías más pelea pero tu mismo te derrumbas a pedazos que me aburres. —¡Teníamos un trato! —Katsuki reclamó —Dijiste que querías mi negocio y te lo di para que me dejaras salir y solo me jodiste enviándome a tu rata ladrona ¿Porqué? Al chico que era un conde, en realidad nunca le importó el negocio del contrabando lo hacía por aburrimiento como la mayoría en ese reformatorio y porque no podía evitar comportarse mal. —¿De qué hablas? —Shinso se hizo el tonto. Katsuki gruñó. —¡Haz tu parte y déjame salir! —bramó sintiendo tensión en el cuello —Chupasela a Aizawa o dale tu culo pero que bastante los guardias por las noches ¡Necesito salir ya! —Katsuki no tenía cabeza para reclamar sobre su "carnada" de anoche, quería desahogarse con urgencia o se quemaría por dentro. —Tienes que darme algo a cambio —dijo malvado y presionó con su índice sus labios rosas sin dejar de presionar la navaja en su ombligo. Katsuki débil solo le dio energía para gruñir —Quiero estos bonitos labios. —¿Ah? ¡Hijo de puta! —rechinó los dientes. —No me llames así —Shinso corrigió y se alteró por su origen bastardo. — ¿Por qué tiene que ser un beso? Ni siquiera debo de agradarte —Katsuki se quedó mientras estaba atento a la navaja. —Por lo mismo que los internos sodomizan a otros, por el placer de la humillación. ¡Ah! Pero tiene que gustarme, esfuérzate quiero un poco de dulzura. Shinso claramente victorioso al ver que agachaba la cabeza, rechinaba los dientes y apretaba sus puños. —Solo quieres joderme. —Lo sabes pero harás lo que sea por salir ¿verdad? A Katsuki le dolía la cabeza que mas daba darle un beso. Besaba a desconocidas todo el tiempo. Así que se tragó la humillación. El problema radicaba en que no recordaba dar un beso tierno porque siempre estaba medio borracho cuando se metía con las chicas ¿Cómo proceder? ¿Dónde iban las manos en un beso tierno? ¿Cómo controlarse al tocar su boca sin arrancar sus labios? Katsuki usa el único beso claro y suave que conservaba en su mente. El beso que le dio a Izuku. Cerró los ojos y aún con la navaja en su vientre se inclinó hacia Shinso y metió sus dedos en su cabello igual que lo había hecho antes. Al sentir su cabello violeta imaginó acariciar los rizos de su cabello verde y al acercarse vio su rostro pecoso en la orilla de su cama como esa noche cuando estaba ebrio. Enseguida sus labios se unieron a los de su enemigo y movieron su boca cálida, suave y ligera pensando en el sabor de la frutilla y el chardonnay. Shinso había esperado un beso falso pero se sintió tan real que cuando Katsuki acabó su cara estaba caliente. —¡Ahora haz tu maldita parte! —Katsuki dijo furioso. —No hay mares ingenuos. —Shinso se limpió la boca —Crees que puedo hacerlo hoy. Eso tardará unos días. —¡Ah! ¡Maldito mentiroso! ¡No voy a aguantar! —Ese no es mi problema. —Besé a un tipo por nada —suspiró más depresivo que iracundo al terminar de recordar el incidente pero a pesar de haberse calmado, sabía que sin sexo los arranques de ira vendrían de nuevo —Nunca debí regresar aquí, debí escapar en la primera oportunidad, inventarme otro nombre y largarme a donde sea. —No digas eso, debes cumplir tu sentencia y aceptar las consecuencias por lo que has hecho. Un caballero siempre paga su deuda con la sociedad. —Pagarla? ¿Para qué? ¡A nadie le importo! Además no puedo desahogar mi ira si estoy encerrado. La siguiente vez no volveré —dijo pensando en la salida que le prometió Shinso. —¡Hijo, no! —El padre Yagi regañó —No puedes lidiar con tus problemas y ser a tener sexo con cualquiera. — ¿Por qué la lujuria es pecado e ire al infierno? Ya he oído esa mierda de sermón —Katsuki respondió como un típico adolescente enojado con la vida. —¡No, hijo, no por el pecado por la sífilis! ¿Acaso quieres morir joven y delirando? Katsuki chasqueó la boca. Conocía la enfermedad por eso se metía la mayoría con campesinas que con prostitutas aunque eso no lo salvaba del riesgo. —En lugar de enfocarse en controlar algo salvaje que es evidente que no puede, cambie su enfoque a algo más noble. Enfoquece en el amor. —¿Ah? ¿El amor? Esta diciendo que me echa una novia. Aquí solo hay chicos —Katsuki hizo una mueca de asco —¿Quiere que tenga novio? -No. El amor es una fuerza mucho más grande que el odio y no solo se da entre una pareja. El amor son los pequeños actos que dejamos en el camino por los otros que hacen cambiar tu mundo por ejemplo mira tus manos. Decidió ofrecer un poco de amor al vendarlas en lugar de ir con Shouta a reportarte. En este momento seguirías enojado y castigado con los dedos doblados, lleno de dolor y sangrando pero hice algo por ti que cambió tu mundo. Katsuki no entendió el supuesto "poder del amor" pero pensó que si su abuela no lo hubiera cuidado por ella misma y lo hubiera enviado a un internado al conocer su mala conducta lo habrían llevado a pudrirse a un manicomio. El padre Yagi rió a la ignorancia del adolescente sobre el tema y le agarró del brazo y lo estiró. —Ven, ayúdame a tocar las campanas. ¡Es hora de levantar a todos! —El padre dijo emocionado y lo llevó a la cuerda que hacía tocar las campanas. —¡Adelante! Katsuki presionó la soga sintiendo lo áspero del hilo y estiró la cuerda hacia abajo, la campana de hierro se movió adelante y atrás y el sonido ensordecedor tapó sus oídos. Katsuki tiró una vez más. —Oye el sonido de su ira? —le gritó el Padre. -¡What! ¡No oigo nada! —devolvió el grito. El padre se acercó a su oreja. —Así es el sonido del amor, demasiado grande para escuchar el mal. El padre se acercó a su oreja. —Así es el sonido del amor, demasiado grande para escuchar el mal. Katsuki esta vez entendió lo que quería decir. ¿Pero una persona como él merecía podría ser amado y amar? Permaneció un rato con el padre ayudando a sacar los utensilios para la misa en el altar, el padre aprovechó para hacerle prometer que hiciera más dibujos de desnudos para él. El rubio regreso arrastrando los pies a su dormitorio. Estaba cansado, no había dormido bien y se sentía débil, decidió saltarse las duchas, la misa y el desayuno para dormir más. Al ingresar a su dormitorio vio un desastre, ambas camas estaban revueltas, el edredón de Izuku era una serpiente enroscada y sus almohadas fueron arrojadas al piso, la lámpara de gas estaba rota junto a ellas y de su edredón ese que olía raro no había pista de el. —¡Ah! ¡Deku te dije que no hicieras estupideces! ¡Voy a hacer que te trague todo esto! —las burbujas de su violencia iban hirviendo su temperatura pero entonces se paró a ver sus manos hermosamente vendadas. "El amor son los pequeños actos que dejamos en el camino..." Izuku hoy lo defendió sobre todas las cosas incluso cuando le advirtió de las consecuencias. Por un momento había cambiado su mundo. —Supongo que hoy podría hacer una excepción sólo por él —dijo y comenzó a ordenar el cuarto que siempre obligaba a su criado a limpiar. Al terminar se acostó en la cama de Izuku porque la suya no tenía edredón y mirando el techo poroso con las emociones burbujeando sus entrañas volvieron a preguntarse. — ¿De verdad le importó a Deku? —Katsuki suspir y cerr los ojos. Y cayó dormido escuchando de nueva la voz determinada de Izuku defendiéndolo con todas sus fuerzas. Izuku huyó del Padre Yagi. Corrió veloz a los dormitorios, sintiéndose abrumador. Era un adolescente y no se le podía culpar por ser incapaz de manejar los celos, a su corazón latiendo fuerte sin permiso y sus acciones impulsivas que se intensificaban por el mismo encierro. Todo absolutamente todo se mezcló en su interior que su respuesta a la situación fue llorar. De prisa cruzó la entrada, pasó por el gran comedor y subió las escaleras de roble hasta el tercer piso. Los pasillos de piedra parecían apretarlo y sus lágrimas se derramaron a cada paso hasta llegar a la puerta 308 donde se sintió aliviado. Al abrir, entrar y luego azotar la puerta tras él, Izuku respiró un poco pero sus emociones seguían a flor de piel. Llevo sus manos directo a su pecho como si deseara ahogar el bombeo de su corazón. Las piernas temblaban por correr y se apoyaron en la puerta. Poco a poco su espalda se deslizó hacia abajo percibiendo las molduras de la hiedra que se iba retorciendo por todo el marco finalizando en cada esquina con racimos de uvas. Sus ojos verdes estaban humedecidos, su madre siempre le dijo que era un chico muy sensible. Tal vez esa era la respuesta de sus actos desproporcionados pues hace un par de minutos había llorado por un idiota que no lo hacía en el mundo. —Kacchan —suspiró con dolor en el pecho y su mirada en forma de canicas verdes se vio lúgubre. Su latido se enturbió. Sonaba como si fuera un caballo de tres patas. Y las manos le quemaban en su pecho. Inhaló y exhaló, intentando separar emoción y lógica. Sin embargo, como un perturbado observará al frente el reducido sitio de su habitación compartida. Las dos camas ordenadas como un espejo, los edredones morados sin arrugas, la cortina gris ondeando, la mesa entre la cama con una lámpara que en el anochecer los iluminaba a ambos de un tono precioso de naranja y bajo los pies una linda alfombra púrpura. Los muebles afirmaron que eran objetos de la habitación como Katsuki siendo su fetiche s****l pero también le recordaron que era su "casa" y había vivido tres meses con él en un espacio tan reducido que solo se podía gastar las horas estando en la cama. Izuku recordó que Shinso un día atrás se había sentado en la cama de Katsuki, había acariciado esa tela de manera sugestiva y por la mañana terminó besando a su dueño. Había avanzado más que él en tres meses. —Estoy bien. Kacchan, no me interesa —volvió a mentirse para evitar el dolor de la decepción y del desengaño. No quería oír el latido armónico que hacía su corazón cuando nombraba, hablaba y veía al agresivo chico. Izuku negó la procedencia de sus celos y reprimió sus sentimientos cálidos. Cerró los ojos para no pensar en Shinso coqueteando con Katsuki ya éste correspondiendo no obstante, por evitar el dolor atrajo un recuerdo desagradable y similar. Fue hace un año. Izuku bajó de un carruaje blanco y vestido elegante se topó con una mansión hermosa. Se quedó boquiabierto por la delicada fachada que parecía del palacio de versalles. Los dueños habían organizado una fiesta de cumpleaños muy lujosa. Todoroki tomó su brazo en la entrada y lo arrastró al centro de un gran salón dorado, con lámparas de araña, jarrones costosos y champagne y vino en grandes cantidades. La fiesta estaba en su esplendor, era una de esas fiestas aristócratas con conversaciones superficiales y viciosas, hombres cortejando a mujeres de su misma clase y las típicas viejas casamenteras. El derroche de riquezas y vino era abrumador. Izuku se sintió fuera de lugar incluso si iba vestido de frac n***o y moño blanco hechos de la mejor tela de París pues el traje era un regalo de su novio quien vestía de azul. El pecoso se maravilló con la mansión le parecía más grande que la mansión de Todoroki y más orientada al arte. — ¿De quién dijiste que era el cumpleaños? —Izuku preguntó curioso al ver una pareja llamativa en el centro rodeado de aduladores. Era una hermosa rubia de ojos rojos con un toque de flores ya su lado un hombre agradable que usaba lentes. —No lo sé, cree que conozco a todos los aristócratas de París. Solo vine porque mi padre fue invitado, debe ser el cumpleaños del hijo de esos condes. —respondió Todoroki. —¿El hijo de un conde? —Izuku pensó en como sería el chico que vivía en semejante mansión que parecía hasta de cristal en las paredes. Debía ser tan feliz por tenerlo todo. El pecoso siendo ingenuo quiso explorar, ya que a los invitados les fue permitido contemplar las pinturas y esculturas de cada uno de los salones. Su novio no tenía intenciones tan puras y no perdió tiempo en ofrecerle vino como de costumbre, ese Pinot Noir que tanto le gustaba a su novio burgués. Poco a poco lo puso manso y lo arrastró a los jardines para estar en privado. Izuku fue arrinconado contra unos rosales y Todoroki excitado por el peligro de ser descubierto y la aventura juvenil lo besó con locura hasta ponerle rojos los labios y alborotar su cabello verde. Izuku gimió de dolor al sentir las espinas atravesar su traje y se separó de su boca. —Todoroki, aquí no —dijo sumiso. — ¿Quieres que busquemos una habitación vacía en esta mansión y ensuciar todo? —Todoroki sonriendo. —¿Me trajiste solo para coger en una casa ajena? ¿Creí que era una cita? —Es una cita y por eso te comprende ese lindo traje y te traje una fiesta como un día soñaste. Y déjame decirte que te ves como una princesa —El chico aristócrata respondió invadiendo con sus manos todo su cuerpo. Izuku suspiro un poco. No era lo que había soñado para una cita elegante. Todoroki siempre trató a Izuku como un caballero, le daba detalles, leía poesía y regalaba flores como un típico hombre debía ser al cortejar una dama sin embargo, cuando se trataba de sexo (que era la mayoría de las veces) y siendo un homosexual todo. Tenía que ser secreto y rápido para no ser denunciado. Así que los preliminares eran escasos. También vivía en una sociedad donde no era mal visto que un hombre tuviera amantes y teniendo dieciséis el sexo era lo único que tenía importancia. Lo malvado era que jamás se lo había dicho a Izuku. Creyó que una mentira piadosa no podía hacer daño y si Izuku era feliz ¿quién era él para arruinar su felicidad?
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