La misa había terminado. Los internos salen corriendo y empujándose para adelantarse al comedor. Katsuki ignoró el bullicio y se quedó atrás en medio de la explicación. Su actitud era silenciosa. Desde hace varios días le preocupaba cómo había cambiado la forma de moverse de los guardias que vigilaban el perímetro de los muros. Desde su posición alcanzada ver los campos de uvas que rodeaban los cuatro edificios principales del reformatorio y como los guardias marchaban poniendo mayor atención a ese portón oxidado.
Metió las manos en los bolsillos y su mirada se preocupó. A los guardias solo les importaba cobrar un cheque así que eran ineficientes en mantener la seguridad y sobornables al permitir abusos, drogas y alcohol. Sobretodo eran descuidados en los rondines nocturnos cuando Aizawa se retiraba a dormir, ellos se relajaban del trabajo y se reunían a jugar cartas, beber o convivir con las enfermeras en lugar de vigilar, algunos se relacionaban con los internos de manera despreciable y otros, en las escasas veces cuando atrapaban a alguien bebiendo y fumando o cometiendo un abuso se les sobornaba con una buena paga.
Katsuki para fugarse necesitaba esas noches donde los guardias se divertían, usar esa distracción para salir por el pequeño portón oxidado y huir a la carretera a esperar de un carruaje qué lo llevara al pueblo. Él era un conde pero no tenía dinero para sobornar a nadie, a diferencia de los otros aristócratas, su madre jamás enviaba cartas y menos mandaba dinero o lo visitaba, no contaba con recursos más que su ingenio, además ninguna guardia arriesgaría su trabajo por dejarlo. fugarse.
La disciplina de los guardias había cambiado de la noche a la mañana y eso lo hizo sospechar. Aizawa también había elevado el número de quienes vigilaban el perímetro y no paraba de darle castigos nocturnos como si lo quisiera agotar. Parecía que una mano de Dios manejaba los hilos y habían jodido su escape a propósito.
Katsuki se preguntó quién era el maldito soplón y apretó los dientes por la impotencia. Si no podía escapar a buscar una mujer ¿con quien iba a acostarse para desahogar su ira?
"(...) El Señor miró con agrado a Abel ya su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a su ofrenda, por lo que Caín se enojó muchísimo y puso muy mala cara. Entonces el Señor le dijo: «¿Por ¿Qué te enojas y pones tan mala cara? Si hicieras lo bueno, podrías levantar la cara; pero como no lo haces, el pecado está esperando el momento de dominarte.
Un día, Caín invitó a su hermano Abel a dar un paseo, y cuando los dos estaban ya en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y entonces lo mató".
La incontrolable ira que estaba tensando su cuerpo coincidió con el párrafo que le tocó leer en clases de la Biblia. Caín siempre estaba enfadado y en la narrativa del libro, qué muchos consideraban divino, Dios solo lo reprendió sin nunca detenerse a pensar en él y preguntar :¿Por qué estaba enfadado? ¿Por qué no podía detenerse de hacer el mal? Katsuki al terminar de leer y volverse a sentar en el pupitre se le preguntó si un día él terminaría matando a alguien al explotar de ira. Desde su inicio s****l descubrió que el sexo calmaba su carácter que era de mecha corta, lo relajaba, lo ponía feliz por varios días hasta que el ciclo volvía a repetirse. Con el problema que tenía encima le causaba miedo al imaginar que tendría que mantenerse célibe.
El sexo solo era una droga que ocultaba el problema real de Katsuki aunque este lo negara. Entonces él rubio comenzó a incomodarse por el odioso nudo de la corbata, que Aizawa le había puesto al sorprenderlo con el uniforme descuidado. Katsuki estaba peleando por liberarse del nudo apretado pensando que Aizawa era un pervertido del bondage cuando oyó la discusión de Izuku con el prefecto.
—¡Dije que se pare y lea! No le daré otra oportunidad.
—N-no me voy a levantar…
El desafío de Izuku llamó la atención de sus compañeros que voltearon a verlo al igual que Katsuki.
¿Qué acaba de decir?
Katsuki se sorprendió. Izuku no era de esos chicos malcriados que se negaban a obedecer además leer no era una gran imposición como para rebelarse. Frunció el ceño a lo raro del asunto. ¿Por qué no quería pararse a leer un estúpido libro?
Entrecerró sus ojos rojos buscando una indicación de lo que ocurriría en la cara de su nuevo amigo que consiguió esa misma mañana. Lo considerado como un chico bueno y aburrido de esos en que hasta la punta del cabello era la de un santo. Echó un vistazo a sus piernas de gelatina bajo el pupitre y sus pupilas se volvieron puntos en sus ojos al descubrir el bulto en sus pantalones.
¿Eso es una v***a parada? ¡Ese imbécil está…! ¿Sé ha vuelto loco? ¡Deku eres un pervertido, qué estás pensando en medio del salón de clases, inútil! ¡Por Dios, esa cosa se le va a salir!
Katsuki vio como el pantalón marrón se estiraba de manera indecente y se levantaba como si tuviera una víbora palpitando a punto de salir por la boca del cierre. El rubio miró a ambos lados con un ligero sonrojó pero todavía nadie había notado su estado de excitación.
¿Quién se excita cuando lee la Biblia? ¡Cómo se te ocurre!
De inmediato, tuvo una sensación de intervenir pero se resistió. Sus manos sudaron sobre su Biblia abierta con un picor inexplicable, rechinó los dientes y el nudo en su corbata comenzó a apretar hasta asfixiarlo mientras todas las miradas se las llevaba Izuku.
Aizawa jaló de la solapa a Izuku y trató de sacarlo del pupitre, Izuku se aferró y su mirada mostró miedo y estaba a punto de llorar.
—Por favor monsieur, no haga esto... —Izuku dijo con un tono suplicante que Katsuki lo tomó como un grito desesperado de ayuda. Sus entrañas dolían como si quisiera auxiliarlo y él peleaba con eso.
¡ No, te voy a ayudar! ¡Jodete Deku! ¡Jódete por pervertido! ¡A quien se le ocurre ponerse duro en el salón de clases! ¡¿En quién estabas pensando?! ¡Te dije que no hablaras con nadie! ¡Ahhh! ¡Maldita sea!
—¡ESTO ES UNA MIERDA! —gritó por la frustración y sus manos impulsivas arrojaron la biblia contra el pizarrón.
Odió que al final su cuerpo se moviera solo. Aizawa se dirigió a él, presionó furioso su brazo y Katsuki se quejó por el dolor. Fue arrastrado por los pasillos y partieron hacia la iglesia dejando a un Izuku sorprendido y aliviado.
—Padre Yagi, tendrá que enderezar a Bakugou de nuevo, esta vez se atrevió a lanzar la Sagrada Biblia contra el pizarrón. Me parece que a usted le gustaría castigarlo.
—¡De nuevo a enderezar a esta rama torcida! —El padre Yagi dijo sonriente vestido con su sotana negra y colocando sus manos en la cadera.
Katsuki frunció la boca cuando Aizawa lo empujó contra las bancas como un muñeco de trapo. Se golpeó en la cadera con la madera y gruñó. Apretó los nudillos y frenó el deseo de responder con un puñetazo. Entonces oyó el sonido seco de latigazos, una serie de golpes contra la carne viva. En el pasillo derecho de las bancas había una hilera de chicos de rodillas alineados viendo la pared, tenían el torso desnudo y se golpeaban con una fusta en la espalda.
La piel estaba roja. Dependiendo del pecado el padre Yagi les daba a recitar un número de Aves Marías o Padres Nuestros (todos en italiano) y ese era el tiempo que se debía estar así. Sin embargo, si te equivocabas con el idioma volvías a empezar. Katsuki miró a los chicos menores sollozando por el dolor, al parecer los malditos eran pirómanos que quemaron sus biblias en clase. Ni siquiera les tuvo lástima, solo le afirmaron que el reformatorio era una isla de locos.
Los chicos sollozaban:
"Padre nostro, che sei nei cieli, sia santificato il tuo nome, venga il tuo regno, sia fatta la tua volontà, così sulla terra come in cielo..."
¿Cómo hacía el padre para que los delincuentes se golpearan a ellos mismos? La segunda opción era que el mismo padre te golpearía y nadie en sus cabales querría eso. El padre Yagi era un americano de dos metros con unos bíceps de terror.
— ¿Alguna vez dejará de comportarse tan mal? —Aizawa reclamó y fijó su mirada dura hacia Katsuki.
Katsuki sintió un escalofrío al recordar la mirada que ponía su abuela antes de cerrar esa pesada puerta del ático y aprisionarlo en la oscuridad. De sacudió inmediatamente la cabeza y desapareció esa sensación asfixiante.
—Quizás cuando consiga una esposa que me de el culo todo el tiempo. —Katsuki dijo con desfachatez y se ganó un buen golpe en la cabeza.
—Usted es una mala semilla.
Aizawa se retiró mostrando que sospechaba de su fuga pero no tenía pruebas para condenarlo. Katsuki volvió a preguntarse quién era el soplón.
Enseguida la descomunal sombra del padre con sotana negra cayó como cruz hacia Katsuki y este miró hacia arriba. La luz de las velas alrededor ensombrecía su cara y solo se notaba las cuencas de sus ojos y su sonrisa larga y blanca. Considerando el tamaño y los músculos del hombre era una vista amenazante.
Acto seguido el padre Yagi con los brazos abiertos se encaminó hacía y él y lo alzó del suelo. Con sus grandes tríceps presionó el pequeño cuerpo de Katsuki y pegó su mejilla con la suya.
—¡Ah! ¡El hijo pródigo ha vuelto! —exclamó feliz y restregó su mejilla contra la suya. —¡Hace tres meses que no te castigan en clase, hijo! Escuché que tienes un nuevo compañero y te ha portado con prudencia. ¿Todo este buen cambio es por su influencia?
—¡No se me pegué! —Katsuki se irritó y movió los pies en el aire —¡Ya bájeme!
El padre lo bajó y lo contempló con las manos en la cadera.
—Joven Bakugou parece diferente. Seguro que la causa es la influencia positiva de su nuevo compañero.
—¿De qué habla? ¡Sigo igual! ¿Y qué influencia positiva? Mi compañero es un estúpido que intentó matar a su novio con una roca ¿Qué de positivo tiene eso? Y por lo que me acabo de enterar también es un pervertido que se excita con Caín y Abel. —Katsuki chasqueó la boca, cruzó los brazos pero el comentario del padre lo hizo preguntarse si en verdad se veía diferente. Si en ese tiempo de vivir con Deku algo había cambiado en él.
—¡No importa! ¡Ya estás aquí! —dijo el padre Yagi dándole palmaditas en la espalda. De manera amistosa lo hizo avanzar al altar y fue a su oficina para sacar papel, lápices, borradores, carboncillos y tintas. —¡Haz tu magia, joven Bakugo!
El rubio quien no controlaba sus impulsos de rabia gruñó al ver los materiales regados en el altar.
—¿En serio? ¿Quieres que lo haga de nuevo?
Katsuki no estaba entusiasmado. La primera vez que llegó con el padre Yagi por un castigo y vio esos enormes músculos, pidió clemencia. El padre dijo que si era capaz de dibujar una mujer en una posición sugestiva evitaría el castigo. Katsuki tomó el reto y dibujó una mujer con el pecho desnudo, arrodillada con las palmas juntas y el cabello cayendo sensual como un manto n***o. Así conquistó al padre Yagi que se impresionó por sus puntos artísticos. Katsuki negó que dibujar una mujer desnuda fuera del arte y justificó su buen talento para la anatomía de las mujeres por la simple razón de que le gustaba acostarse con ellas.
—Dibuja esta vez a una mujer con muchas curvas. —El padre explicó emocionado —He estado imaginando encontrarme con una mujer con rollos de carne, pechos grandes y mejillas redondas pero a pesar de su cuerpo erótico su cara es tan dulce como un ángel ¿Sabes a lo que me refiero? —dijo ansioso.
El padre Yagi siempre lo obligaba a dibujar porno a cambio de evitarse los latigazos en la espalda. Katsuki no quería dibujar algo sugestivo por su estado de celibato y su imposibilidad de fugarse a buscar una mujer. Así que con amargura agarró el lápiz y visualizó el espacio en blanco y trazó el esqueleto que solo eran unas simples rayas suaves.
—¿Por qué cambió de gustos, padre? Pensé que le gustaban otro tipo de mujeres. —Katsuki se extrañó a su petición fuera de lo común, siempre pedía mujeres de un cuerpo entallado, delgadas y perfectas.
—A veces solo nos gusta algo que nos parece idóneo por que es aceptado por la mayoría pero cuando descubres lo hermoso que es la imperfección de una persona. Es cuando descubres qué tipo de personas te gustan en la realidad. Que tipo de personas estremecen cada centímetro de tu piel, qué te exalta el pecho, qué provoca escalofríos si ni siquiera tocarte —dijo el padre observándolo desde atrás al mover el lápiz mientras usaba el altar como escritorio.
—¡No lo entiendo! —Katsuki interrumpió e hizo una mueca. — ¿Cómo puedes sentir escalofríos sin que te toque?
El padre excitante con simpatía y le sacudió el cabello como un niño. La palma de su mano era tan grande que cubría su cabeza entera.
—No lo entiende porque le gustan todas las mujeres, joven Bakugou. A mi parecer si a un hombre le gustan todas las mujeres es que realmente no le gusta nada.
—¿Está diciendo que no me gustan las mujeres? —refunfuñó como un gato amargado.
—Estoy diciendo que aún es joven y todavía no descubre cual es el tipo de persona que realmente le gusta.
—¡Claro que lo sé! —Katsuki dijo molesto y movió la cabeza para quitarse esa enorme palma condescendiente, aunque el padre tenía algo de razón.
Minutos después el padre Yagi lo dejó solo y fue a supervisar que los castigados terminaran sus oraciones y su penitencia. En esos momentos Katsuki se concentró en el trazo del dibujo. Sus ojos rojos llenos de furia qué tenían ansias de aplastar y destruir se apaciguaron. El rojo sanguinario de su mirada se volvió el color carmín de unas rosas abriéndose en un jardín. Y toda su postura de hombros tensos disminuyó y desaparecieron las arrugas de su entrecejo.
Su rostro se mantuvo suave, sereno y silencioso.
Katsuki intentaba capturar en un dibujo aquel valor que se debe de tener para desnudarse frente a otra persona. El quitarse la ropa poco a poco y exponer la vulnerabilidad de un cuerpo humano no estereotipado. El miedo al ser juzgado ante una mirada ajena ya la vez la ansiedad de arrojarse al calor y la pasión por un amante.
El grafito comenzó a manchar sus dedos bruscos y surgió una delicadeza escondida en su interior que nunca exponía al mundo. Hizo bailar el lápiz por el largo del papel que media la anchura del altar. Un cristo crucificado lo miraba desde arriba con esa expresión solemne de las figuras. Katsuki solo intentaba darle vida a esa mujer como si fuera real; use el carboncillo para dimensionar las estrías en las piernas de la mujer de talla extra, sus pechos voluminosos y excitantes, los rollos de carne suave que curvaban su estómago, sus brazos qué tímidos reposaba en su pecho como una mujer sumisa.
La anatomía no era un problema para Katsuki. Era un mujeriego y todo el cuerpo femenino era fascinante de explorar y estético. Tenía razón el padre cuando hablaba de la belleza de la imperfección, al rubio le gustaba cada mujer pues todas eran distintas. Cada cuerpo tenía sus peculiaridades qué lo hacían único e irrepetible, no entendía porque a veces las mujeres con las que se acostaba se quejaban de que no mirara cierta parte de su cuerpo, que no era suficientemente bella para el estándar. Katsuki siempre estaba borracho pero recordaba muy bien sus cuerpos y la verdadera belleza estaba en que ninguna era igual a la otra.
En su perspectiva las mujeres eran perfectas, su cuerpo tendían a las curvas incluso los cuerpos más planos y robustos, su forma de mover las caderas al caminar era exquisita, y en general tenían un cuerpo artístico que expresaban todos los sentimientos humanos. A diferencia de los hombres que lo único que expresaban era aburrimiento. A pesar de que podía admirar artísticamente los torsos bien definidos, una espalda ancha y brazos fuertes como en las esculturas griegas tenían un defecto antiestético que no podía ignorar, esa cosa que colgaban entre sus piernas le parecía que arruinaba todo. El pene encogido, las bolas colgando como una bolsa arrugada de piel más oscura no se comparaba a la belleza del pubis plano y los labios vaginales abiertos como una rosa húmeda.
Lo que más le costaba a Katsuki era el rostro de las mujeres. Nunca recordaba el rostro de las mujeres con quien dormía excepto por una. Así que puso mayor atención en la belleza del rostro que dibujaba. ¿Qué tipo de expresión debía tener? ¿Cómo sería la forma ideal de unos ojos expresivos? ¿su boca, su nariz? ¿Qué fisonomía debía de dibujar para que fuera bello a los ojos de los demás? Se cuestionó muchas cosas y de pronto como si una llama se encendiera en su interior pensó que debía ser un rostro dulce tan dulce que a la vista del espectador hiciera derretir su corazón como un caramelo.
—Vaya parece como si pudiera tocarla —El padre Yagi contempló el dibujo terminado qué estaba hecho en blanco y n***o. Las sombras creaban la profundidad y los trazos duros creaban las imperfecciones qué le parecían hermosas —Sabes supongo que merezco el infierno con mis pensamientos insanos. Un padre no debería mirar a una mujer de esta forma vulgar.
Katsuki se mostró orgulloso por su trabajo aunque no se percató que la mujer del dibujo tenía un aire ingenuo como el de Izuku. La dulzura que estaba buscando en su rostro fue inspirada inconscientemente por su compañero de cuarto. El chico se mantuvo fascinado por los ojos grandes y redondos que dibujó en la mujer y en aquel color blanco y n***o imaginó un color verde esmeralda que iluminó el lienzo.
—Tienes talento joven Bakugou, ¿no has pensado en ser pintor? —mencionó el Padre admirando los trazos, no solo era el impacto de la anatomía correcta en la mujer, el dibujo tenía alma en sus ojos, cautivaba y transmitía un sentimiento, algo muy difícil de hacer si no se tiene un dote artístico.
—¿Pintor? —Katsuki se burló y se miró los dedos manchados de carboncillo —¡Qué estupidez! Yo solo dibujé ese porno barato para evitar sus azotes. Además no necesito trabajar, soy un aristócrata. Sé que mi madre no me soporta pero por suerte soy su único hijo así que seguro que heredo las tierras de mis padres y su negocio de trasatlánticos.
El padre Yagi contempló de nuevo el dibujo, se decía que un artista plasma su alma en sus obras y Katsuki no pudo mentir quien era, sus trazos eran muy sentimentales, a veces eran trazos grandes e impulsivos hechos a velocidad cuando se trataba de la naturaleza. u objetos en el fondo, sin embargo, para las figuras humanas eran trazos suaves casi delicados sobre todo el rostro de la mujer. Había una vulnerabilidad en todo el dibujo. Las figuras que había dibujado previamente también parecían decir lo mismo, todas eran mujeres solas en un ambiente oscuro, con una mirada expresiva en el horizonte añorando el toque de un ser amado que nunca llegará.
—Tienes un buen corazón, joven Bakugou, si solo controlarás tu ira entonces quizás halles lo que más quieres —reflexionó el padre.
-¡Ah! ¡Ya callase y vaya a masturbarse con esa cosa fuera de mi vista!
El padre se sonrojó por su honestidad, la mujer de verdad era muy bonita, justo como la había soñado de estatura baja, rostro dulce y cuerpo con mucha carne para acariciar. Tomó el dibujo excitado y fue a los confesionarios a hacer lo suyo. Al rubio le dio asco pero al menos no le gustaban los niños.
Katsuki se asomó por la puerta de la iglesia a mirar el sol y calculó qué eran las dos de la tarde. Los chicos castigados ya se habían retirado y los internos ya debían estar trabajando en los campos. Decidió quedarse en la iglesia para no trabajar.
Se paseó por las bancas y jugó con su voz y el techo cóncavo qué creaba un eco. Después aburrido sacó el vino de consagrar debajo del altar, se llenó el cáliz dorado de la misa y bebió todo de un trago y volvió a servir más vino. Con mayores ánimos y sosteniendo aquella copa sagrada en mano se pasó por las pinturas de la iglesia que estaban en los muros. Miró la Crucificción de Delacroix con unos trazos borrosos y sombriles de la pintura; Una de las tantas representaciones de "La virgen con el niño" en un estilo del renacimiento donde María siempre tenía la mirada devota a Jesús y éste miraba al espectador. Después vio pinturas de varios santos en su martirio hasta que llegó a un rincón oscuro de la iglesia y la última pintura llamó su atención.
La pintura estaba cerca del pasillo de la oficina del padre, casi detrás del altar. Katsuki admiró los trazos suaves, el cómo se difuminada el color azul rey de fondo y la preciosa luz que venía desde los cielos qué caía hacía el protagonista del cuadro dándole su lugar principal. El protagonista era un joven de piel pálida, de rostro apuesto y semidesnudo que solo usaba una tela blanca que cubría sus partes. Lo que llamó su atención fue su posición de castigo: sus brazos se cruzaban amarrados sobre su cabeza a un árbol y en su torso desnudo unas flechas penetraban su carne, una en el costado y otra en la parte axilar.
Le gustó la expresión de sufrimiento pero era un sufrimiento que no había visto antes. Su rostro estaba ligeramente alzado, y los ojos brillantes, abiertos de par en par, contemplaban el cielo con una expresión de placer como si aceptara ser pasivo al dolor de sufrir la perforación de su cuerpo. Entregándose de manera febril a su Dios como un fiel devoto.
Katsuki quiso tocar ese cuerpo hermosamente pintado y lacerado por embestidas violentas; sus dedos sucios de grafito rozaron el lienzo e imaginó tocar esas flechas para penetrar su carne pálida con mayor profundidad y escuchar el gemido de dolor de aquel joven angelical. Ver como la sangre brotaba de cada agujero. Lo sedujo lo injusto del castigo. El hombre parecía en la última instancia de su sufrimiento cuando el dolor desaparece y el alma escapa del cuerpo. De pronto sus ojos se inclinaron más y más a la pintura como si quisiera entrar a azotarlo, quebrarlo, triturarlo antes de su muerte. Esa idea aceleró su corazón.
—Es una réplica del San Sebastián de Guido Reni —Una voz sombría viniendo desde atrás creó un eco y lo sacó con espanto de la pintura —Por la forma en que la miras parece gustarte. ¿No sabía que fueras un artista?
El rostro de Katsuki se transformó por completo y abandonó sus líneas suaves por una horrible mueca. Reconoció la voz viperina de Shinso qué se acercaba y todavía el chico de violeta se atrevió a ponerse a su derecha y tocar su hombro.
—Están eróticos, ¿no te parece? —dijo con un tono instigador acompañado de esa mirada ojerosa, tétrica y analítica que daba escalofríos.
—No es erótico —replicó amargado. Katsuki solo vio el placer físico de las heridas del chico y nada más.
—Es porque no conoces el rostro de dolor y placer que tiene un hombre al ser penetrado. ¿Deberías experimentarlo al menos una vez? —comentó siniestro mientras Katsuki sentía esos dedos largos apretar intensos su derecho hombro —Es esa misma torsión en la boca, esos ojos brillantes y perdidos qué miran al cielo durante el clímax mientras sienten el dolor de las estocadas duras que penetran su carne y hacen estremecer sus entrañas hasta gemir como si fuera a morir...
—¡Se puede saber qué haces aquí! —el rubio interrumpió irritado y sacudió su hombro para quitarse aquella mano de araña. No quería oír la descripción s****l de una sodomita.
—Después del espectáculo de observar tu desnudez en la mañana no pude resistirme a seguirte. Ya te diste cuenta lo popular qué eres con los hombres.
Shinso quería provocar una reacción pero Katsuki lo ignoró y fue al altar a servir más vino. De inmediato le dio un trago entero al cáliz para disminuir sus deseos de darle un puñetazo al "Rey del reformatorio".
—¿No vas a decir nada? ¿Te gustaron los piropos de esta mañana? Yo cooperé con algunos, los más obsenos…
—¡Cállate! Hablar contigo es como hablar con el diablo. —Katsuki gritó y volvió a servirse más vino. Su cuerpo caliente por la rabia no se había desahogado así que sus impulsos parecían más incontrolables que otros días. — Si no tienes nada importante que decir entonces lárgate qué yo no te tengo miedo como todos los demás.
Shinso lo miró a los ojos unos segundos y sonriendo con ligereza. Se le veía la impaciencia a la "Bestia del reformatorio" pero él tampoco le tenía miedo. Y con autoridad puso una mano en la boca del cáliz con vino antes de que Katsuki se lo llevara a la boca y lo bajó educadamente para que esa bestia le pusiera atención.
—Tú me necesitas y yo te necesito —dijo serio y sus ojos violetas bajo las velas del altar se miraron astutos como un zorro.
—¡Yo no te necesito! —respondió áspero y estiró bruscamente su copa derramando el vino como gotas escarlatas en el piso de la iglesia.
—Todos te ven como una bestia pero yo solo veo un gatito asustado de sus propias uñas —La voz sombría de Shinso se volvió amable pero con una mala vibra qué Katsuki tuvo que apretar los dientes tratando de mantener el control de su cuerpo tenso —Todos dicen que aquí por acostarte con la esposa de un militar y pelear con él incluso lo admite pero porque no le ha dicho a nadie como le estampaste la cabeza en el adoquín, una y otra vez hasta que la sangre brotó de sus sienes y oídos.La exacerbada ira que debía sentir para derribar a un hombre de la milicia debía de ser una locura tan desproporcionada qué seguro te dejo ciego en el momento —Kastuki abrió los ojos de par en par y su cuerpo tuvo un escalofrío al revivir aquel arranque —Los Los testigos describieron tu rostro como el diablo en persona.Dijo que no dejabas de azotar su cabeza hasta que la policía tuvo que aporrearte entre tres para detenerte.Y cuando te diste cuenta de lo que hiciste tuviste miedo al ver la sangre en tus manos.
— ¿Cómo diablos sabes los pormenores de mi delito? —Katsuki agarró el sacó de Shinso y lo retorció pero aquella mirada sombría no se sobresaltó a su fuerza bruta.
—Leí tu expediente. —Shinso dijo con seguridad y aprovechó la sorpresa de Katsuki para liberarse del agarre.
Katsuki presionó su puño sosteniendo la copa dorada y se sintió vulnerable.Como si de pronto Shinso viera a través de él y se enterara que la violencia que lo enorgullecía en el reformatorio y que usaba para amedrentar en realidad solo demostraba su incapacidad de controlarse a sí mismo y lo extremadamente emocional qué era para rabiar por cualquier cosa.
Deseo desde su boca para que se callara pero debía pelear por el control de sus impulsos. En lugar de lanzar un golpe y perder la cabeza, redujo su ira como siempre lo hacía bebiendo un trago de vino.El vino rojo escurrio de sus comisuras como los de un borracho desesperado.
—Pobre de mi gatito, tiene miedo de que un día vaya a matar a alguien —Shinso se burló con una voz que no perdía elegancia entonces sus ojos violeta observaron el cristo crucificado qué los miraba desde arriba como si pudiera ver sus pecados —Créeme que Ser un asesino no es la gran cosa.—dijo por experiencia propia —Das la primera puñalada, luego la siguiente y la siguient ¡Es un placer divino! La parte mala viene cuando te descubren y terminas frustrado porque querías apuñalarlo más…
Shinso pareció abrirse con sinceridad pero Katsuki ignoró sus palabras.Decidió respirar hondo y ser inteligente pues cuando llegó al reformatorio Shinso ya era el rey del lugar, había creado un sistema de intimidación entre los mismos internos que los hacía dividirse y pelear por comida, criados y privilegios.Él manipulaba a todos con sus palabras, tenía muchos "criados" grandes y fuertes que le debían favores y si los mandaba a golpearlo no podría pelear con todos.Pero lo más importante es que si había leído su expediente es que consiguió los favores de alguien importante.
—Hijo de puta, Katsuki gruñó y esta vez bebió tembloroso el cáliz de la misa intentando apaciguar su temperamento.