Capítulo 14

4806 Words
Al descubrir cómo sus pensamientos eróticos simples crecían a la idea de follar, agachó nervioso la cabeza hacia la biblia y sus dedos temblorosos intentaron hallar el versículo en donde seguía la lectura pero las letras del génesis no le ayudaron, su biblia aun estaba abierta en la página donde Adán se descubría desnudo y cubría su pene con hojas de parras. Izuku cruzó sus piernas ante la sensación de lujuria. Su turbia imaginación creó otro escenario donde el rubio en el paraíso era un Adán que en lugar de ocultarse mostraba orgulloso su m*****o colgando y caminaba con un gesto de descaro frente a Dios. ¡Dios mío, deja de fantasear, piensa en otra cosa, piensa en otra cosa! Su cabeza de hierba entró en pánico por la falta de control. Izuku apretó más las piernas y pegó su cara al libro intentando hallar el párrafo que la clase estaba leyendo. Por un momento esto alivió el bochorno de sus pensamientos compulsivos y respiró profundamente, sin embargo, Aizawa dijo el nombre de su nuevo amigo quien detonaba una parte oscura de su personalidad. —Bakugou continúa con la lectura. El chico de pecas levantó el rostro como una bengala disparada al aire, era tan difícil apartar la mirada y sus pensamientos ya no solo estaban encendidos ¡Ardían en llamaradas! Sus ojos verdes se volvieron hiedras que avanzaban por las baldosas del piso, trepaban en aquel pupitre, se enredaban en las extremidades de Katsuki y lo capturaban para que fuera solo de él. El pecado de la lujuria estaba dominándolo como jamás había ocurrido. Izuku nunca había tenido un libido tan alto, ni Todoroki lo provocaba fantasear y desear follar como un conejo en celo. Katsuki lo ponía como loco sin ninguna razón. Shinso dejó el aburrimiento al percatarse qué Izuku no miraba a su amo como el típico chico tímido y enamorado qué piensa en tomar su mano o darle un beso, lo miraba como un obsesionado que persigue a su "enamorado" en silencio con malas intenciones. —Esto sí es interesante. —Shinso observó tan divertido como un diablo como se realizaba aquel crimen de acoso s****l. Katsuki se levantó con el libro sagrado entre las manos y recitó: "Pasó el tiempo, y un día Caín llevó al Señor una ofrenda del producto de su cosecha. También Abel llevó al Señor las primeras y mejores crías de sus ovejas. El Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a su ofrenda, por lo que Caín se enojó muchísimo y puso muy mala cara. Entonces el Señor le dijo: «¿Por qué te enojas y pones tan mala cara? Si hicieras lo bueno, podrías levantar la cara; pero como no lo haces, el pecado está esperando el momento de dominarte. Sin embargo, tú puedes dominarlo a el. Un día, Caín invitó a su hermano Abel a dar un paseo, y cuando los dos estaban ya en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y entonces lo mató". Izuku solo escuchaba su tono áspero de voz y poco le importó que Caín fuera invadido por el pecado y matara a su hermano, estaba cautivado por su altura y perfil, admiró lo bien que se miraba con el uniforme bien colocado. El saco marrón se pegaba a su espalda ancha, la caída de sus pantalones era la correcta qué cubría perfecto a su trasero para que se notará la curva de sus glúteos. El traje y la corbata púrpura le daban un aire de un chico religioso y virgen. Otra imagen que creó una nueva fantasía irresistible. Izuku sabía de su estado de gravedad, no podía ser posible que Katsuki incluso si usará un saco de patatas lo excitaba. Katsuki leyendo provocó un temblor en las piernas de Izuku que intentó controlar pellizcando sus muslos bajo su pupitre. ¡Me pone como loco! Y cada día es peor. ¡Ahh! ¡Solo está de pie, leyendo la biblia, porque no para de ser tan sexy! Izuku empezó a sentirse embriagado como una Bacante qué se ha entregado a bailar por horas a Dionisio en un ritual orgiástico. Invadido por el frenesí de sus hormonas, la locura de la juventud y el descontrol. Izuku comenzó a imaginar vívidamente que Katsuki era como un vino, tan rojo y atractivo que no puedes evitar mojar tus labios de él y embrutecer. Su aura malvada solo hacía qué no se sintiera culpable por inhibirse de la peor manera e Izuku sabía que su locura sólo terminaría cuando se acostara con él. Izuku cerró los ojos y su cara pecosa se arrugó al pensar en la cama cubierta con el edredón color morado donde depositaba su semen pero esta vez el rubio se hallaba enredado entre la cobija esperándolo desnudo con los brazos abiertos y su m*****o erecto, grande y lleno de venas dispuesto a penetrar su pequeño cuerpo. Una gota de sudor se resbaló por su sien imaginando como aquel pene se amoldaba en su interior y se volvía uno con él. En ese instante su pene se levantó topándose con la tela del pantalón. Izuku abrió los ojos de golpe cuando la sensación se puso dura hasta marcarse como una serpiente fuerte que quería levantar su cabeza y expulsar su veneno espeso, blanco y fértil. —¡Dios santo! ¡Aquí no! —Izuku ordenó en voz baja a su pervertido "amigo" qué se calmara aunque ya era tarde. La erección peleaba con la tela del pantalón a punto de querer romperla y salir a mostrar su virilidad. —¡No puede ser! —casi grita y tuvo que taparse la boca. Shinso ladeó la cabeza al verlo incómodo en el pupitre y lo espió para averiguar qué sucedía. El prefecto Aizawa seguía nombrando a los internos para que se levantarán y leyeran en voz alta. Izuku comenzó a rezar para que no lo nombrará. Si se levantaba del pupitre todos notarían su erección empujando el cierre de su pantalón y una posible mancha de humedad. Rezó un ave maría, un padre nuestro y hasta un credo entonces Aizawa cayó a Monoma quien leía y ordenó que se sentara. El hombre miró alrededor a quien elegir mientras Izuku se escondió bajo la biblia como si fuera su escudo contra la vergüenza pero su cabello de hierba fresca resaltó entre todos. —Midoriya lee dónde se quedó. El corazón latió fuerte y su cara se enrojeció. ¡DIOS MÍO, SÁLVAME! La mirada violeta de Shinso por fin distinguió su erección en los pantalones del pecoso. Y eso fue demasiado interesante que Izuku por fin capturó su atención por completo. —Qué lascivo —pensó Shinso y observó divertido como Midoriya saldría de su problema. —¿Q-quiere que lea y me pare? —Izuku tartamudeo ocultando media cara bajo el libro. —Por supuesto. Levántese y continué con el párrafo. —¿L-leer donde se quedó? —Izuku se hizo el tonto, no sabía en donde se habían quedado y mucho menos quería pararse. Solo quería alargar su humillación pública esperando un milagro. —Levántese y lea —insistió Aizawa. —B-bueno solo deje que yo… —Izuku miró paranoico las letras. Cómo iba a salir de esa. Las piernas le temblaron y tenía el pantalón apretado que la erección se le marcaba muchísimo y hasta comenzaba a dolerle. Sería un asesinato social si notaran su cosa parada. ¡Esto es tu culpa Kacchan! ¡Porque tienes que lucir siempre tan apetecible. ¡Te odio! ¡Maldito patán! Izuku no supo qué hacer qué miró a la dirección de Katsuki insultando en su mente. —¡Midoriya acaso tiene problemas en los oídos! ¡Parase y lea! —Aizawa elevó la voz de mando y fijó su vista oscura desde la otra fila. ¡Maldita sea, ese es el problema que ya está parado! Izuku estaba a punto de llorar. —Y-yo no puedo profesor —Izuku lo desobedeció y eso llamó la atención de sus compañeros que voltearon a verlo. Ahora fue peor, los ojos de todos lo asustaron. —¡Qué dijo! —Aizawa se acercó a su pupitre y azotó su mano en la madera —Está jugando conmigo, jovencito. —N-no Monsieur… —¡Dije que se pare y lea! No le daré otra oportunidad. —N-no me voy a levantar… Izuku pareció desafiarlo, lo que atrajo más miradas hacía él y todos comenzaron a alborotarse emitiendo sonidos de sorpresa por la situación. —¿Cree que es divertido? ¿Qué soy un tipo amable que tolera el desafío a mi autoridad? —No, Monsieur Aizawa es solo que… —¡Está en un reformatorio, jovencito, aquí no hay libre elección! —Aizawa gritó —¿Le parecerá divertido si alargó su estancia o mejor aún qué tal si lo envió con el padre Yagi? Izuku se sintió abrumado. La mirada de sus compañeros lo intimidaba, su profesor lo hacía balbucear como un bebé y su erección lo avergonzaba tanto que tuvo ganas de lanzarse por la ventana. —Obedezca. Ante su inacción y silencio Aizawa le jaló la solapa y trató de pararlo. Y asustado Izuku forcejeo aferrándose en su pupitre a punto de llorar. —Por favor monsieur, no haga esto... Izuku estaba a punto de soltar un grito desesperado, pero antes de que pudiera hacerlo, una Biblia azotó el pizarrón con una brutalidad aterradora. El retumbar ensordecedor sacudió todo el salón, obligando a cada persona presente a girar la cabeza en shock, incluso Aizawa se detuvo por aquel impacto inesperado. —¡ESTO ES UNA MIERDA! Aizawa soltó a Izuku y miró al culpable que no era otro que el rubio a quien castigaba frecuentemente. —¡Bakugou levante eso! —El perfecto dijo enfadado. —No voy levantar nada, mojigato —Desde su asiento, Katsuki se atrevió a insultarlo y por fin se liberó de esa corbata que lo hartaba. —¡Bakugou recoja esa biblia y discúlpate! Izuku se sentó rápido y confundido por la situación. Aizawa se olvidó de él y se dirigió furioso hacia su oportuno salvador. —Si tanto le gusta la biblia porque no pone su v***a entre las páginas y vaya a cogerla. —Katsuki hizo un gesto vulgar de jalarse el pene jugando con la palabra "coger" Toda la clase comenzó a carcajearse. Aizawa chistó y enojado silenció a todos. Recogió la Biblia y fue hacía Katsuki y lo golpeó una vez con el enorme libro en la cabeza. Su golpe fue brutal qué bastó para que Katsuki dejará su rebeldía. Izuku se sintió confundido, la intervención de Katsuki fue una coincidencia. ¿Lo había mirado en apuros y quiso ayudarlo o fue esa incómoda corbata que lo hizo estallar de la nada? Una parte de su corazón latía aliviado por salvarse de la humillación pública y por otra latía fuerte por su salvador. ¿En verdad le había ayudado? —Lo que acaba de hacer es una falta contra la iglesia. Iras con el padre Yagi. ¡Él sabrá enderezarte! Aizawa apretó furioso el brazo del rubio quien se quejó por el dolor y fue llevado arrastras a la iglesia. El salón quedó sin supervisión y los demás reventaron en algarabía. Se carcajearon del anterior insulto y otros aplaudieron a Katsuki como si fuera lo máximo. Kirishima y Kaminari se miraron entre sí extrañados, ellos se dieron cuenta de que su reacción repentina carecía de la brutalidad de sus arranques típicos. Shinso se mantuvo en calma hasta que Aizawa regresó en un par de minutos y provocó palidecer a Izuku de nuevo. —Continué con la lectura, Midoriya. —¿Qué? —Izuku sintió un escalofrío, su erección aun no bajaba —Y-yo... —Cree que se me olvido. ¡Levántese y lea o si no...! —¡NO PUEDO LEER! —gritó Izuku y de pronto se paró cubriendo su entrepierna y huyó del salón. El pecoso corrió dejando una expresión atónita a los reclusos. Aizawa frunció el ceño pensando que la mala influencia de Katsuki había contagiado a su compañero de cuarto. De todos maneras marcó en una libreta el nombre de Izuku para castigarlo en cuanto lo viera después. Izuku no le interesaba ser castigado por huir de clases solo rogaba que nadie hubiera visto su vergüenza levantada al escapar. Sus pensamientos sexuales habían superado la realidad, jamás se había excitado durante sus actividades diarias, se sentía como uno de esos hombres pervertidos que se paseaban en gabardina por la plaza de la concordia y mostraba su pene frente a las señoritas. ¡Soy un enfermo! Izuku chilló y sus lágrimas salieron por considerarse una aberración. El chico de cabello alborotado corría por el pasillo sin mirar atrás. La adrenalina aceleraba los latidos de su corazón y su pene seguía palpitando. Sus lustrosos zapatos eran sonoros, su flequillo golpeaba sus ojos y ocultaba sus lágrimas. Estaba tan abrumado que ni siquiera sabía la dirección hacía donde corría, los pasillos se iban estrechando para oprimirlo con la vergüenza y la culpa de ser un homosexual y tener libido. Lo único que quería era escapar de esas emociones físicas y químicas qué un hombre lo hacía sentir. ¡Tengo que ocultar estos deseos! ¡Son asquerosos! ¡Yo soy asqueroso! Izuku lloraba por no controlar su enfermedad con los hombres, parecía que no había aprendido nada después de su terrible juicio. Lo peor de su estado es que sentía vergüenza por su erección y a la vez quería tocarse. En ese momento oyó un par de zapatos persiguiendolo y de pronto una mano agarró su brazo y detuvo abrupto su carrera. Sin darle tiempo a voltear y ver de quien se trataba su cuerpo fue empujado hacia una puerta del pasillo, esta se abrió de un azote y la oscuridad del pequeño sitio lo invadió. —¿Qué está pasando? —Izuku dijo entre la conmoción. De prisa, una mano tapó sus ojos y lo empujó bruscamente hasta el fondo. La espalda de Izuku azotó con palos de escobas y trapeadores, unos cepillos cayeron de un estante y golpearon su cabeza y sus pies tiraron una cubeta vacía. La mano en sus ojos presionó sus párpados con cierta rudeza y el pecoso soltó un quejido. —¡Déjame! —¡Shh! Haz silencio y no te muevas. Imagina que el chico que te gusta es quien te toca —Una voz dominante habló. Izuku lo primero que hizo fue lo contrario y forcejeó. —¡Ah! S-suéltame —dijo asustado. No obstante, esa endeble lucha terminó en cuanto el dueño de esa voz astuta desabrochó su cinturón, abrió su pantalón con una mano experta y apretó su pene. Su actitud defensiva se volvió cero. —No, toques ahí —pidió con una vocecilla aguda y sumisa a la vez que la presión en su pene cortaba el flujo sanguíneo qué le dio cierto placer doloroso. —¿Te gusta? —preguntó su atacante entre la oscuridad y comenzó a tironear de su pene. —No hagas eso… —Izuku apretó los dientes al sentir la estimulación. Todo su cuerpo tembló de gozo por un desconocido —Por favor. No quiero. —soltó un primer gemido que motivó a su atacante a acelerar el movimiento. La velocidad en que jalaba su pene de arriba a abajo lo hizo recordar como Todoroki ponía gran empeño en excitarlo tan rápido para llevárselo a la cama. Este extraño, quien tapaba su ojos, lo sacudía y presionaba su glande hasta exprimir y sacar su líquido preseminal. Al estar mojado por completo oyó el chapoteo de esa mano trabajadora tirando de su carne fálica hasta sentir la fricción quemando su piel. —Ya basta —Izuku dio un largo gemido y sus manos se aferraron a la pared para no caer por sus piernas debilitadas. No lograba explicar su sentir, por una parte un desconocido lo tocaba sin su consentimiento y por otra aceptaba el placer porque ser tocado era increíblemente mayor a la masturbación. —No parece que quieras que pare, Midoriya. Si no te vienes, te dolerá ¿No quieres tener "las bolas azules" verdad? Durante el acto Izuku se mantuvo pasivo ante su atacante, se encogía y gemía pero no sabía si huir o quedarse. Gozar las caricias o sentirse enfermo por eso. La mano sobre sus ojos continuó apretando sus párpados y una parte de sus sienes. La masturbación era brusca, intimidante y deliciosa que solo confirmó su estado de perturbación. Casi estaba a punto de caer a la oscuridad del abismo donde no hay ningún retorno. —¿Quieres que él lo haga, cierto? —su atacante susurró. —¡No se de que hablas! —Izuku negó de manera descarada con un largo gemido. Su estado s****l era innegable pues su pene palpitaba hasta el punto de la explosión. Comenzó a jadear y su cara se llenó de muecas y su cuerpo de sensaciones múltiples. —¡Ah! ¡Para, para, para! . —¡Mírate cuan desesperado estás! Tienes una cara tan inocente que creí que te gustaba la vainilla... —El desconocido le encajó las uñas en el pene y provocó un gritó en Izuku —¿Así que te gustan las cosas rudas? ¿Te gusta ser tratado como basura? —Y-yo no... —Izuku volvió a negarse a sí mismo y al contrario su pene fue tan honesto qué en el instante que percibió el dolor salpicó chorros de semen por doquier. Al llegar al éxtasis sus ojos verdes fueron liberados de la mano que los aprisionaba. Lo primero que notó en la oscuridad del armario fueron esos ojos violetas con ojeras tan sombríos como un espectro, una sonrisa reservada y ese cabello echado hacia atrás con aire despreocupado. —Shin... Shinso —dijo con una voz nerviosa. —Te toca limpiarlos —Shinso le pasó la punta de los dedos con suavidad sobre sus labios dejando embarrado el semen qué le salpicó. Al terminar Izuku jadeó por temor. —No estés asustado. Te vi huir del salón tan afligido que no resistí en levantarme y perseguirte. Tienes unos ojos muy bonitos —Shinso intentó tranquilizarlo y despejó su flequillo húmedo con delicadeza. —Solo quise ayudar. Izuku enmudeció. Estaba con un chico abiertamente homosexual que lo masturbó en un armario a oscuras que podría comentar sobre el asunto bochornoso. —Te comió la lengua el ratón —Shinso rió un poco y le metió el pene a la boca del pantalón y subió el cierre. —¿no vas agradecer mi ayuda? —Y-yo... —Izuku se recuperó del shock. De inmediato se tapó la cara y enrojeció hasta las orejas. —¡Por Dios, no me mires! —Vaya también puedes ser tierno —Shinso intentó quitarle las manos de aquel rostro pecoso e Izuku negaba con la cabeza. —Tranquilo, somos iguales, no hay nada que avergonzarse. Las manos de Izuku fueron bajadas con amabilidad. —Pero todos miraron lo que pasó y luego me tocaste… —Nadie lo notó —dijo Shinso eal ver su preocupación —Hiciste el suficiente escándalo para que nadie notara tu parte media. Además es una reacción natural a veces solo ocurre de improviso si miras a quien te gusta. —N-no miraba a nadie —Izuku volvió a mentirse y quiso huir del armario pero Shinso lo empujó de nuevo hacía la pared. —¿No mirabas a Bakugou? —preguntó curioso y sus ojos violetas tuvieron un aire astuto. Izuku sacudió su cabeza a los lados mientras apretaba la boca nerviosa. —¡Ah! Bueno, no es un secreto que Bakugou es popular entre los hombres. —¿En serio? —Izuku se sorprendió, Katsuki era apuesto pero jamás se le pasó por la cabeza que alguien pudiera admirarlo con los mismo ojos morbosos que él. La perspectiva de su realidad comenzaba a expandirse fuera de las cuatro paredes de su habitación y no le gusto —Pero es una "Bestia", yo creí que lo odiaban. —Aquí es así, todos se odian o se aman en algún punto —La mirada de Shinso se alargó y se fue inclinando hacía Izuku sin que se diera cuenta —pero debiste verlo en las duchas. Hoy salió desnudo de su tina y todo el mundo fisgoneó su cuerpo. Nadie había visto a Bakugou sin una toalla en la cadera, así que la mayoría dirigió sus ojos allá a abajo, al parecer tiene buenos atributos que muchos le echaron piropos de que querían comérselo. ¡Ah! Pero a ti no te gusta así que porque te estoy diciendo esa tontería. Shinso se hizo el tonto mientras se percataba como los hombros de Izuku se tensaban y fruncida el ceño con desaprobación. Se dio cuenta de algo que Izuku nunca había notado: Sus celos. —¿Todos lo vieron desnudo? —Izuku tomó la noticia mal, sabía que eso era su culpa y sus entrañas se removieron —¿Y él en verdad aceptó los piropos? —Izuku seguía perplejo. —¿A él le gusto eso? —¡Qué pena! Te lo perdiste! ¿Estás celoso? ¿No creerás que te pertenece? —Yo no pensaba en nada. De nuevo Izuku huyó nervioso hacía la puerta pero Shinso le tomó la mano y lo volvió a empujar contra la pared, esta vez puso una mano contra la pared mientras lo encerraba con su cuerpo y altura. —No deberías reprimir lo que eres... —dijo acariciando dulcemente su mejilla —Uno debería ser capaz de desplegar su personalidad en su máxima expresión ¿No crees? Incluso intentar que nuestros deseos instintivos se hagan realidad no importa que digan que nuestra forma de vivir está mal. ¿Mis deseos instintivos? El corazón de Izuku palpitó esperanzado por el discurso. ¿Acaso Shinso estaba insinuando que sus fantasías podrían ser realidad? ¿Qué solo debería intentarlo? ¿Tocarlo como lo había pensado antes? —¿No piensas que soy un depravado? —Créeme conozco a los depravados y no se ven como tú —Shinso susurró en su oreja y acercó sus labios peligrosamente a su yugular. Las palabras de Shinso eran suaves como una brisa, refrescantes ante su bochornosa situación y comprensivas. Nunca lo había experimentado qué una voz elegante te envolviera en una atmósfera sombría, como si de pronto todo se llenará de neblina y lo único que podías escuchar era esa voz que te seducía. Pero Izuku recordó qué Katsuki le advirtió qué no hablara con nadie, también sabía que a Shinso lo llamaban "El Rey del reformatorio" . Acorralándolo en el armario y haciéndole el "favor" a un criado insignificante era poco probable y se cuestionó ¿Que quería de verdad? —¿Esto es por Kacchan, cierto? —Izuku habló serio y lo alejó antes de que lo besara en el cuello. —Estás aquí por él. —¿Kacchan? ¿Quién es Kacchan? —Shinso se preguntó intrigado. —Me refiero a Katsuki. Izuku le dirigió una mirada demasiado sería. Hubo un silencio y entonces Shinso se carcajeó. —Te dejo ponerle un apodo de niño —Shinso casi llora de la risa —Crees que me quiero acercar a él a través de ti. Él y yo tenemos un acuerdo implícito de no meternos en el asunto del otro —Se limpió las lágrimas y se calmó —No eres tan ingenuo como creí pero te equivocas estoy aquí por que esta mañana note que me espiabas en las duchas. Izuku recordó el momento de ese cruce de miradas, bajó la guardia y sintió echar humo por las orejas. —¿Notaste eso? Yo no quería espiarte es solo que… —No tienes que fingir que no te gustan los hombres conmigo. Por supuesto soy como tú. Un hombre que prefiere amar a otros hombres. —dijo acariciando su cabello —Nuestra mirada es diferente al de alguien normal, es pesada y profunda al ver a otro chico que nos parece atractivo. Estoy halagado. —Shinso se inclinó a darle un beso en la mejilla. La timidez natural de Izuku salió a flote y se fue empequeñeciendo en el rincón, al contrario Shinso duplicó su seguridad y su aura pecaminosa. —Un hombre puede acercarse a cortejar a una dama incluso si ella no da señales claras de interés pero nosotros tenemos que limitarnos a mirar porque nos tacharían de depravados. ¿Te parece justo, Midoriya? —No lo sé, tal vez… —Te equivocas. No es justo —Shinso susurró su opinión en su oreja y le ofreció dos besos más en ambas mejillas tan cerca de la comisura de sus labios —Tenemos el derecho de acercarnos como los demás hombres al interés que queramos. —susurró flotando a centímetros de los labios de Izuku. Izuku pensó que lo besaría en la boca pero no lo hizo. Shinso se limitó a tomar su mano y sacarlo a la luz del pasillo. Mientras eso ocurría las palabras de Shinso quedaron flotando en su cabeza, era como una especie de llamado, quien abría las puertas cerradas y trabadas en su mente reprimida. —Deberíamos vivir como hombres reales y dejar las fantasías para los niños. Shinso apretó la mano de Izuku y comentó en el pasillo que debían regresar al salón o Aizawa lo tomaría como insubordinación y sería peor. Ambos salieron juntos de esa manera escandalosa. Dos hombres tomados de la mano, si caminarán por París, hubieran sido víctimas de comentarios crueles y hasta abusos pero estaban en un mundo distinto, un mundo aprisionados por leyes fuera de la lógica, por jerarquías distintas e intenciones perversas. Izuku suspiró porque al menos nadie los veía. Estaban solos en el pasillo. En secreto como estaba acostumbrado a ser él mismo. Al caminar Izuku se sintió tranquilo. Shinso lo guiaba con una presencia firme, elegante y controladora. Era como si fuera el dueño de la situación e Izuku era arrastrado por su mando. Proveía una cierta seguridad algo muy distinto a la inseguridad que le causaba Todoroki y la intimidación de Katsuki. Entonces su mirada se dirigió a admirar su mano colgando con la de Shinso y comparó la forma en como Todoroki le tomaba la mano. Todoroki tocaba su mano bajo alguna mesa o al sentarse pegados en un sillón. Lo hacía de manera sutil y tímida, tocaba sus dedos por encima y nada más. Para Todoroki era necesario cuidarse, mirar a ambos lados, temer al ojo público y en privado era más audaz pero solo tomaba su mano con decisión para dirigirlo a la cama. Izuku pensó que Todoroki era el único hombre a quien podía comparar, sin embargo, recordó qué Katsuki también había tomado su mano una vez. La forma en que Katsuki tomó su mano fue sorpresiva e inocente. Esa ocasión lo apretó con mucha fuerza para que no se le soltara y lo jaló con brusquedad como lo hace un niño. Izuku volvió a sentir el viento frío golpeando sus mejillas mientras era guiado con torpeza entre los campos de uvas y solo para jugar al tiro al blanco. Katsuki era un impulsivo que sus actos repentinos se percibían como naturales, no convirtió el tomar su mano en un gran evento, no había una doble intención, era tan improvisado que Izuku se sintió cómodo como si hubiera sido una acción de todos los días. Katsuki es un patán pero a veces es tan… Izuku estaba a punto de suspirar como si el amor se le escapara de la boca, sin embargo, su rostro se puso serio y rechazó esa dulce sensación de "flotar" y convertirse en un idiota. El amor era una mierda se recordó y enseguida reemplazó sus pensamientos por las palabras de Shinso qué lo seducían a dejar las fantasías y ponerse en acción. —¿No es por seguir nuestros instintos que estamos aquí, porque dices que deberíamos intentar cumplir nuestros deseos? —Izuku preguntó inseguro al chico más alto sin soltar su mano. —¿Solo porque tuviste una experiencia mala significa que te reprimirás? —volteó a verlo y le sonrió levemente —La próxima vez no elijas a un patán qué te apuñale por la espalda. ¡Sé tú ese patán! Izuku bajó su cabeza y mirando su mano entrelazada con la de Shinso sabía que él tenía razón. El que se enamora primero siempre es quien entrega y ama más y es quien pierde y sufre cuando todo acaba. Izuku ya lo había perdido todo, ya no quería ser "el lastimado". Shinso notó su mirada decidida, se limitó a sonreír y continuó guiandolo de regreso al salón mientras Izuku olvidaba la advertencia de Katsuki.
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