Capítulo 10

4921 Words
Hace unos minutos había intentado tocar a su amo como un criminal mientras, ahora, Katsuki lo estaba tocando como un hombre que sostiene la mano cálidamente de un desvalido. Izuku se sintió en otra realidad, al mismo tiempo, tropezaba contra las piedras del camino. Aunque Katsuki sostuviera su mano lo jalaba como si fuera un saco de papás que iba arrastrando por el sendero. Se detuvieron quedando de frente ya la distancia del maniquí de paja con cabeza de búho que con sus ojos muertos penetrantes los veía con odio. Izuku se asustó como lo hacían los gorriones y se escondió tímidamente tras la espalda firme de Katsuki. Permaneció temblando mientras el viento frío alborotaba su melena verde y hacía aletear la túnica negra de los espantapájaros. El espantapájaros se veía como una bruja. Katsuki no tenía miedo pero su mano se mantuvo firme a la de Izuku por instinto. El pecho se dio cuenta de la forma de su palma grande, le pareció curioso lo áspero de sus manos que nunca había visto trabajar, también llamó su atención la calidez de su temperatura corporal a pesar del frío. Así es como se siente tocar a Kacchan. ¡Tan acogedor y calentito! Izuku se sonrojó y su miedo acabó cuando disfrutó cómo ambas manos se amoldaban una a la otra con inocencia. —Así que eres bueno arrojando piedras —El rubio habló y de manera muy natural soltó su mano, como si haber agarrado la mano de un sodomita no hubiera sido nada. —Solo fue un impulso —volvió aclarar Izuku —Lo hice una vez. ¡N-no voy por la vida arrojando piedras, Kacchan! —¡Sí, sí! Eres el chico bueno que no rompe un plato, dime algo que no sepa —Katsuki recogió un par de piedras —¡Apuesto que puedo darle a la cabeza! —exclamó divertido. Apuntó al espantapájaros, impulsó el brazo hacia atrás y lanzó la piedra a la cabeza del búho que giró 360 grados. El rubio sonoro orgulloso. —Sabes ¿eres un novato y uno muy tonto? —regreso al tema y ordenó que lanzará —Si querías vengarte de ese tipo debías hacerlo con sigilo. Llegar en la noche un poco antes del cierre, usar una botella con una tela empapada de alcohol, prender fuego y lanzarla. Entonces huir una calle abajo y tomar un taxi. El rubio empujó a su criado para que tirara. — ¿Usar fuego? —Izuku observó la piedra entre su mano que giró para ver sus bordes filosos —¡Era una licorería! El alcohol hubiera expandido el fuego, Todoroki no hubiera podido escapar, se hubiera calcinado. —Esa era la idea. ¡Matarlo! —¡Ya te dije que no quería matarlo! —¡Da igual! ¡Uno no va arrojando rocas a la cabeza de la gente sin tener la mínima intención de matar! —Katsuki lo empujó. —¡Ya tira! Izuku recordó el evento, los vidrios rotos, el vino rojo salpicado como sangre y el rostro aterrorizado de Todoroki entonces la furia de aquel día le animó. Quizás una parte de él si quería matarlo. Izuku arrojó la piedra con todas sus fuerzas. La piedra giró y golpeó certero entre los ojos del búho, lo hizo con tal impulso que la cabeza cayó hacia atrás. Sus ojos verdes se sorprendieron al ver el espantapájaros decapitado en la penumbra. —Tienes puntería —admitió el rubio y frotó la cabeza de Izuku —Pero eso fue suerte. —gruñó para no admitir su derrota. Katsuki empujó con el hombro a su débil criado y se largó al dormitorio, Izuku tomó la lámpara y lo persiguió de nuevo para alumbrar su camino como un criado leal. Ninguno de los dos dijeron nada más, regresaron sin problemas a sus camas admitiendo que para ser su primera conversación larga fue muy agradable. Katsuki se acostó y miró del otro lado a Izuku entrando a su cama usando esa tonta pijama de rayas verdes. A sus ojos, Izuku era el típico chico bueno, obediente y sin nada especial. Solo era ese compañero de cuarto que le servía para justificar sus faltas, quien hacía su tarea y quien lavaba su ropa, lustraba sus zapatos y lo ayudaba a subir al dormitorio cuando llegaba borracho. En su punto de vista Izuku sólo era un tipo dulce que no podía lastimar a nadie. La verdad es que Katsuki no lo conocía bien. Cada día el padre Yagi hacía sonar las campanas de su iglesia a las seis en punto. Su sonido magnánimo y religioso viajaba a cada ventana de los dormitorios y despertaba a los internos a un nuevo día monótono en reclusión. Esa mañana Izuku escuchó el repetido sonido de la úvula golpeando el bronce de la campaña despertando con una sonrisa tonta y satisfecha. Había tenido un lindo sueño como las anteriores noches. Se trataba de la imagen idílica de Katsuki como el Dios del vino. La figura estaba de pie e inmóvil, mostrando su anatomía perfecta y la superficie de mármol de su piel. Tenía una corona de uvas y un cetro. Izuku lo admiró como un simple visitante de un museo, se inclinó para ver cada detalle del cincel, las arrugas en su toga estaban perfectamente talladas como una falda en su cadera y los músculos marcados de sus brazos eran exactos a la vida real qué le dieron ganas de violar el letrero de "No tocar". Desde la intromisión de aquel Dionisio en sus sueños llevaba semanas andando por las nubes; cada vez que se levantaba echaba un vistazo a su compañero de cuarto y daba un largo suspiró imaginando escenarios absurdamente sexuales como una publicación dedicada a la pornografia. Durante el desayuno observaba a Katsuki y su contrastante forma de comer; comía la sopa dando pequeños sorbos con elegancia sin que la boca se manchara y a la vez arrancaba el pan a mordidas como un animal. Continuaba suspirando al verlo en la misa donde traficaba algunos cigarrillos al dar el saludo de la paz y en la escuela lo veía sentado en su pupitre desinteresado en las clases pero siempre leyendo un libro. Katsuki era hermoso y claro que le gustaba. No hacía daño usarlo como un fetiche. El verdadero problema venía de la prolongación de sus fantasías pues cada vez que estaba a centímetros de él sentía calor, su cara se ponía roja por sus pensamientos pervertidos tanto que provocaba un cosquilleo en su estómago. El chico reconocía su obsesión pero no era estúpido, quería estar cerca del cuerpo de Katsuki pero su corazón estaba a kilómetros. En su mirar y suspiros no había ni una pizca de estar enamorado, ni ilusiones de querer ser su novio y menos caer en la casualidad de conocerlo a profundidad y hallar virtudes en lugar de defectos. Sería terrible hallar flores en lugar de estiércol. Por ese motivo no buscaba algún sentimiento que pudieran compartir y que junto a su atracción desmedida derivara en una cosa muy peligrosa y detestable llamada amor. —¡Ey! ¡Criado estúpido, me estás escuchando? Izuku sentado a orillas de su cama, percibió los chasquidos de dedos frente a su rostro, Katsuki estuvo hablándole y él estaba sonriendo como un idiota viviendo en la luna. —¡Kacchan! —se sorprendió al tener esa mirada roja a centímetros completamente atenta a él. —Estas tan cerca —dijo nervioso y sus mejillas se sonrojaron. —¿Estás en la luna o qué? ¡Te estoy preguntando porque mi edredón tiene ese olor asqueroso otra vez! —Katsuki se quejó estrujando el edredón qué sostenía en una mano. Con culpabilidad observó la tela alcochada color morado. No podía creer que el idiota que escapaba al pueblo y practicaba el coitus interruptus, no se diera cuenta del olor a semen en las sábanas. Aunque si lo pensaba bien que hombre hetero conocería tan bien el olor a semen. —¿Tú le echaste algo? —acusó enseñando los dientes como un perro —¡Haz estado tocando mis cosas, otra vez? —¡No, no toqué tus cosas! ¡Lo juro! —negó con las manos y sus redondos ojos entraron en pánico cuando los músculos de Katsuki se tensaron con amenaza. Tenía miedo que le pegara. También lo excitaba pero no era un masoquista por completo. —¡Qué te dije sobre tocar mis cosas! —Q-que si tocaba tus cosas ibas a hacer que me las tragara —respondió recordando el olor a camisa con vómito en su lengua. —¡Sí descubro que ese olor es por tu culpa haré que te tragues el edredón y está vez no me voy a detener! ¡Así que vuelve a lavarlo! —El rubio lanzó furioso el edredón hacia su criado quien quedó oculto debajo viéndose como una bolsa de basura. Izuku suspiró. ¿Enamorarse de ese patán? ¡De ninguna manera! Para Izuku enamorarse solo había traído desgracias. El amor era una mierda... La primera vez que Izuku se fijó en otro hombre fue a la edad de ocho años. Su padre burgués trabajaba administrando el negocio de vinos de Enji Todoroki y como costumbre de la época el primogénito varón heredaba la profesión del padre; así que su padre que era un conservador, contrató a un profesor de matemáticas para ir preparándolo en su futura carrera administrativa. Su profesor privado que era un joven apuesto de veintidós venía cada martes a su casa, era amable con Izuku, le regalaba dulces y siempre decía que era un buen niño cuando deslizaba su mano y lo tocaba debajo del escritorio. El niño ingenuo había caído en los cumplidos, lo hacían sentir tan bien que permitía su toque, que eran unas simples caricias en sus piernas, aunque no entendía mucho ese sentimiento llamado amor y tampoco el sexo. Poco a poco sus preferencias comenzaron a florecer creyendo que el profesor era el hombre más guapo que había visto. Un día su profesor se abrió el pantalón y le mostró su pene. La boca de Izuku se abrió sorprendida por lo grande que era, el enorme pelo que tenía y las venas marcadas en la carne. —¿Sabes como lo hacen los papás y mamás para tener niños? Primero haces que esto se pare —El profesor tomó su pene entre las manos y comenzó a frotarse enseñándole cómo era masturbarse —Cuando este así de parada, solo la metes al cuerpo de mami; la sacas y la metes una y otra vez, muchas veces seguidas hasta escupir leche. ¿Te gusta lo que ves Izuku? ¿Quieres mi leche? Izuku vio cómo el hombre se daba placer y sintió un molesto escozor creciendo en sus entrañas. Se preguntó si él también podría sacar leche. El hombre se manoseó frente al niño hasta que de su pene soltó un chorro de semen. El aspecto era blanco y viscoso y lo depositó en las manos de Izuku. El hombre tenía unos ojos brillantes al ver como Izuku de manera inocente llevó un dedo a su boca y lo chupó imaginando que era helado de vainilla. —¿Sabe como leche agria? —dijo curioso mientras sus pies colgaban en la silla. —Pero si lo pruebas muchas veces sabrá muy rico —El joven de veintidós respondió excitado —Y sabes que es lo mejor. —¿Qué es lo mejor? —Qué también puedes meterla dentro de un hombre. El niño no comprendió cómo era posible hacerlo si solo eran cosas que hacían papis y mamis, para su fortuna el joven profesor no alcanzó a enseñarselo pues prefirió huir con las joyas de su madre dejándolo vacío por el abandono. Sin embargo, a partir de ahí practicó mucho el tocar su pene hasta que soltara "leche". Un día su madre lo descubrió y le advirtió que "hacer esas cosas" le harían daño. Izuku obedeció como un buen chico y reprimió su deseo; recitaba números pares cuando sentía esas ganas de meter su mano bajo sus pantalones y se dedicó al estudio intentando suprimir sus hormonas adolescentes. Pues se dio cuenta que al ver una chica no se sentía alborotado como con los chicos. Podría haber vivido bien así; oprimiendo su homosexualidad y ocultando sus perversidades tras una puerta esperando el día en que su madre arreglara un matrimonio para él y tuviera una mujer. Sin embargo, la desgracia comenzó el día que conoció a su primer amor. Y una copa de vino se llenó frente a él servida por Todoroki Shoto. Era 1889, la torre Eiffel estaba siendo preparada para su inauguración en marzo de ese año. Era enero e Izuku tenía quince. Había empezado a ayudar, todos los días después del colegio, a su padre en la licorería de Enji Todoroki. La licorería era lujosa y exclusiva para casas nobles se ubicaba a lo largo de un boulevard alrededor de varios almacenes para aristócratas. Así que tratar con la opulencia y la altivez era de diario. Izuku se encontraba detrás del recibidor contando algunas botellas y ordenando las hojas de pedidos cuando la campanilla de la puerta se escuchó como si anunciará el amor. Enji Todoroki y su hijo ingresaron al vestíbulo. El dueño de la licorería vestía un elegante frac n***o y sombrero de copa que al entrar se quitó y pasó directo a su oficina en el segundo piso. En ese momento, Shoto Todoroki dirigió su mirada al mostrador mientras sacudía su cabello rojo y blanco aplastado por el sombrero. Izuku fue cautivado en un parpadeo. Se apoyó con los codos en el mostrador y sus ojos verdes se fijaron en el chico. Era alto, de ojos exóticos y mirada tranquila, vestía elegante, llevaba un saco azul abierto con un chaleco con botones de plata. Izuku no pudo ignorarlo aunque hubiese querido, era un hombre atractivo, a pesar de esa cicatriz en su rostro. —¿Eres el hijo del administrador? —El chico de clase alta se acercó al mostrador pero no hubo respuesta. —Disculpa ¿Me estás escuchando? Todoroki tronó sus dedos frente a su rostro e Izuku se sonrojó al perderse en su belleza. —¡Perdón! Yo solo te veía… —respondió nervioso y comenzó a mover sus manos como loco —Quiero decir, no es que te veía, obviamente te vi pero a lo que me refiero es que no miraba tu cara yo… A Todoroki le parecieron graciosos sus tartamudeos. —Entonces ¿mirabas mi cara? —se puso serio y tocó la cicatriz de la quemadura con vergüenza. —Fue un accidente con mamá. —¡No me refería a esa parte de tu cara! —Izuku sintió que lo había ofendido y se apuró a corregirse —¡Me refería a tus ojos! —elevó su voz —¡Jamás había visto unos ojos así! Todoroki se sintió halagado y sonrió con ternura, enseguida su mirada heterocromática se quedó prendida con Izuku sin que este se diera cuenta. Las semanas pasaron y el chico burgués veía a diario al aristócrata que siempre se pasaba al mostrador a conversar de vino y de las cuentas antes de acompañar a su padre a cumplir sus reuniones. Al tener Izuku mayor conocimiento de administración, le gustaba sentirse importante explicando que era un ingreso y egreso entre otras cosas. Shoto asentía y parecía actuar sorprendido, lanzaba uno que otro cumplido sobre lo metódico que era mientras se iban acortando los centímetros entre ellos. A veces una mirada revela todo lo que uno lleva en el interior. A las semanas Izuku notó la pesadez en como Shoto lo veía como si dijera: "Quiero tu atención. Mírame más" y sus saludos con un beso en las mejillas comenzaron a prolongarse unos segundos más de lo normal. Izuku se confundió con sus leves acciones, tal vez era su mala interpretación, aunque su corazón se aceleraba a cada roce de manos qué se daban "equivocadamente". En ese tiempo, Izuku no era un criminal, pervertido obsesionado con fantasías sobre el dios del vino, simplemente era un chico tímido qué se desvivía por complacer a sus padres. Por un lado era educado religiosamente por su madre y su fe cristiana que oprimía su sexualidad y por el otro lado se quemaba las pestañas en el colegio para seguir con la tradición de ser administrador y enorgullecer a su padre. —Eres un buen chico, Midoriya —Todoroki parecía estar de acuerdo con Izuku con la presión, el sacrificio y el esfuerzo que ambos debían hacer para complacer a sus padres y ser el "buen hijo" ante la sociedad. Sus familias eran conservadoras y encontraron qué tenían muchas cosas en común que los llevó a ser buenos amigos en unos meses. Para marzo fueron a la inauguración de la torre eiffel y entre la muchedumbre aplastandose queriendo subir a la torre, Todoroki se aventuró a tomar su mano en público y le dio una mirada protectora que gritaba algo más. Izuku tembló y miró a todos lados con un terror en el corazón por ser juzgado pero la gente solo pensaba en ser la primera persona en subir a la vez que comentaban "Qué torre más fea". Después de que la gente se ordenó, sus manos se soltaron y nadie habló del tema. En el trabajo Izuku dejó de esconder sus miradas y fueron más directas. Sus ojos le decían lo encantador qué era. Sin darse cuenta estaba coqueteando con sus miradas. Estaba fascinado que Todoroki hablaba con suavidad, siempre era apropiado en su conducta y no podía engañar a su vista que era hermoso y le gustaba. Todoroki notó las necesidades de Izuku, quien debía pedir prestado libros para estudiar, así que sugirió qué estudiará todos los días en su mansión ya que poseía una biblioteca enorme. Izuku iba muy seguido y cada vez que se reunía a estudiar con el joven aristócrata su mente se nublaba y las mariposas invadían su estómago. En la mesa Todoroki lo acompañaba y echaba un ojo al libro que Izuku estudiaba, se acercaba tanto para hablarle al oído como si estuviera a punto de proponerle algo sucio pero no ocurría sólo hacía preguntas de acuerdo al tema que Izuku estudiará. —No es necesario hablar en voz baja, esta es tu casa, Todoroki —Izuku le respondía al sentir los escalofríos qué le causaba su voz en el oído; se giraba para confrontarlo solo para toparse con sus labios y terminar sonrojado. Todoroki contemplaba sus gestos dulces en silencio y sonreía tímidamente. —Pero así, no es tan divertido. —se justificaba. Su aparente amistad estaba llena de este tipo de juegos e indirectas pero su carácter inocente cambió el día de su cumpleaños. Ese día por la mañana Todoroki ayudaba a pasar las botellas de vino mientras Izuku subido en una pequeña escalera las recibía y las acomodaba en la estantería detrás del mostrador. —¿Una cena en tu casa? —El corazón saltó de alegría al escuchar la invitación formal de Todoroki. —Quisiera que fuéramos cercanos ¿No te gustaría Midoriya? —Todoroki le pasó otra botella y cuando Izuku la recibió apretó su mano para confirmarle que esa sugerencia no se trataba de amistad y le dio una mirada de galantería. —De todos modos es tu cumpleaños y dicen que al cumplir dieciséis te conviertes en un hombre. Las piernas de Izuku temblaron. Tuvo dudas y pensó que su cabeza retorcida estaba malinterpretando sus palabras. Pero no era una mala interpretación cuando Todoroki apretó su cintura. Izuku trastabilló de la escalera y sus pies resbalaron del escalón. Enseguida Todoroki lo atrapó con sus brazos. Cuando Izuku levantó su rostro esos labios delgados casi invisibles estaban frente a los suyos. —G-gracias —dijo haciendo que su aliento golpeará los labios ajenos —Eres todo un caballero. Izuku se mantuvo cautivado, protegido y cálido en sus brazos, sintiéndose como una dama de sociedad acariciada por un príncipe. En ese momento, las campanillas sonaron caprichosas, como si el destino retorcido estuviera allanando su romance con un campo de minas. Un rubio malhumorado entró de golpe y sus botas lodosas sonaron en el recibidor. En ese momento Izuku y Todoroki se separaron aterrados de que una mirada pública los atrapará en una posición comprometedora para dos hombres. No obstante, el rubio parecía algo desorientado, tambaleaba un poco al caminar y se sacudió el agua de lluvia de su melena. La brisa fresca de la lluvia entró junto a Katsuki queriendo enfriar sus impulsos pero no lo hizo. Izuku regresó a atender el mostrador mientras Todoroki observó lo lindo de su pequeño trasero y ocultó una sonrisa cubriéndose la boca con delicadeza y felicidad. —Vengo por una caja de nueve botellas de chardonnay —El rubio azotó en el mostrador una hoja de pedido. —¿Es el criado de madame Bakugou? —Izuku miró a Katsuki como si fuera la servidumbre, incluso hoy no recordaba ese momento trivial. Nunca hubiera imaginado la importancia que su cliente tendría en el futuro como su cómplice. —¿Me veo como un criado? —dijo amargado y azotó el puño en el mostrador. Izuku se sobresaltó al percibir el aliento alcohólico y las formas maleducadas de su interlocutor. Desde el mostrador, lo examinó minuciosamente de arriba abajo: llevaba un traje de buena marca, aunque lo portaba en forma desaliñada. El frac de color marrón permanecía desabrochado, revelando una camisa blanca desfajada y abierta en el cuello y llevaba unas botas sucias cubiertas de lodo. A primera vista, parecía un ladrón, no obstante, ese supuesto ladrón emanaba un perfume exquisito a naranja y mandarina. Además, su rostro no tenía rastros de hollín, grasa o suciedad qué indicara qué era un obrero ebrio que entró al establecimiento para cometer un delito. —¡No es mi culpa que la anciana despidiera a los criados! —Katsuki se justificó al silencio prolongado de Izuku y éste notó su impaciencia más no reconoció su belleza. El adolescente verificó el recibo, guardó silencio y empaquetó el chardonnay qué fue pagado en su totalidad. Unas semanas después de ese encuentro la abuela de Bakugou moriría de un infarto. —Que tenga una buena tarde, monsieur. —Izuku dijo entregando el encargo. —Gracias, inútil —respondió el rubio y se largó dejando un sonido violento en la campanilla de la puerta. Su trato áspero contrastó con el trato de Todoroki que esa misma noche lo recibió con una suavidad en su voz y delicadeza. Primero, Todoroki envió un carruaje para recoger a Izuku como todo un caballero de la época. Al descender del carruaje, Todoroki extendió su mano y lo ayudó a bajar. Después de una cena tranquila, en la que Izuku se sintió cómodo y halagado, decidieron pasear por el jardín lleno de flores de lis. En un valiente acto, Todoroki tomó la mano de Izuku y se sentaron juntos en la hierba, susurrando y riendo entre ellos dándose cuenta cómo su química parecía reaccionar. Antes de la medianoche, Izuku fue guiado a la habitación de Todoroki donde le ofreció un regalo de cumpleaños. —¿Un regalo? —Izuku bajó el marco de la puerta vio a Todoroki sacar de una caja de madera una botella de vino. Se acarició un poco el brazo por la incomodidad de estar en esa alcoba llena de opulencia,el tapiz era de un azul brillante, al ingresar había una sala pequeña con una mesa y en el centro una cama matrimonial con dosel. Su habitación era la de un príncipe que le afirmaba las diferencias de su clase social, al contrario la habitación de Izuku era pequeña que solo cabía una cama individual y un escritorio. —¿Te gusto? —oyó decir a Todoroki. Su corazón se aceleró. —¿Qué? —dijo distraído. —Dije que si te gusta, Midoriya —Todoroki le enseñó el vino. Izuku fijó su mirada en la heterocromía de sus ojos. Todoroki era especial para él aunque no estaba seguro si sus indirectas sobre sus gustos retorcidos habían sido claras. Dudó de sí mismo. ¿Sé preguntó porque no tenía una prometida? Era el típico chico que con una tímida sonrisa enamoraba a cualquiera: alto, de facciones simétricas y rico. Un príncipe perfecto incluso teniendo una cicatriz en el ojo. ¿Por qué tendría que fijarse en mí? ¡Es imposible! —Se lo robé a papá. Es un vino pinot noir hecho en Borgoña. Es una de las zonas vinícolas con más prestigio —Todoroki continuó hablando con una voz aterciopelada mientras sacaba dos copas de globo y las colocó en la mesa de su habitación —Ven y bebe una copa conmigo. Izuku escuchó el corcho saliendo de la botella y su corazón palpitó al ritmo salvaje. El líquido rojo cayó como una marea dentro de la copa. Su lengua se sintió seca, deseosa de beber esos labios delgados y dulces que hablaban sobre la fermentación de las uvas que no entendía. —No debería beber, mañana tengo una evaluación. Todoroki ignoró sus excusas y ofreció una copa. Izuku la recibió con sus dedos nerviosos e intentó calmarse observando el color rojo del vino reposado en el cristal. —¿Vas a dejar que beba solo? —Todoroki cató el vino, revolvió el líquido en su copa y aspiró el aroma afrutado, dio un sorbo y sus labios brillaron de carmín por el alcohol —Es un Pinot Noir tan dulce como tú —comentó levantando su copa. La voz de Todoroki se sentía como el terciopelo. Todoroki se lamió los labios como una indirecta poco sutil mientras en sus pupilas heterocromáticas se reflejaba Izuku como si fuera el único hombre para sus ojos. En ese momento, Izuku confirmó que su amistad era más que amistad. Todoroki era un homosexual como él. Izuku apretó la boca y sus primitivos impulsos pedían que sorbiera el vino de sus labios envinados y mordió su labio inferior para detenerse. ¿Soy un hombre en que estoy pensando? Aunque Todoroki sea como yo qué diría mi padre y mi madre. Izuku recordó los sermones de la iglesia, sus clases de catequismo, su madre advirtiendo de los actos impuros y se reprimió. Bajó la copa y vio sus manos temblar. —T-tengo que irme —dijo y caminó a la puerta. De prisa la mano de Todoroki agarró su brazo y lo detuvo. —No te vayas —pidió con esa voz suave. —Solo una copa y te dejaré ir —insistió. La mano en su brazo dio una caricia y avanzó hacia su hombro y lo guió a sentarse, esta vez lo llevó a la cama cubierta de un edredón azul. —No tenemos edad para beber —Izuku pasó un nudo de saliva, sintiendo como la temperatura se elevaba en su cuerpo y calentaba sus mejillas. —Solo un sorbo —Todoroki guió su copa a los labios de Izuku y la empinó delicadamente. Enseguida los labios del pecoso se abrieron y el alcohol bajó por su garganta hasta dejar vacía su copa. Un residuo de vino quedó en las comisuras de sus labios que Todoroki no dudó en beber. —Te quedo un poco… Todoroki se inclinó a sorber el vino y unió sus labios con los suyos. Izuku se enrojeció hasta las orejas al sentir sus labios húmedos. Fue su primer beso. Sus labios estaban calientes por el alcohol y se acomodaron perfectos en una boca de hombre. La lengua de Todoroki ingresó a su cavidad y escarbó el vino de la superficie de su lengua. Izuku disfrutó su primer beso a pesar que su corazón parecía al borde del infarto. Esa sensación de ser besado por quien te gusta era única; el roce contra su nariz, el respirar el perfume del otro, y comer su boca lo mantuvo en las nubes. Todoroki era tan tierno que al besarlo cerró los ojos. De pronto, Izuku se animó y abriendo por voluntad la boca, tomó aire y su lengua se movió a tocar la contraria y enredarse con ella a la vez que sus manos acariciaron el cabello albino y rojo de Todoroki. Besar a un chico era placentero. Había peleado con la idea de besar a un hombre desde la primera vez que jugó a ponerse lápiz labial frente al espejo de su madre. Le habían repetido que el hombre pertenecía a la mujer y la mujer al hombre entonces supuso que besar a un chico era un pecado. Iría al infierno, no obstante, los besos que Todoroki le estaba propinando lo hacían sentirse en el cielo. Y eso fue una contradicción en sus creencias. Por dentro sus entrañas se alborotaba creyendo que un príncipe había liberado sus represiones. Izuku movió sus labios con mayor rapidez y chocó sus dientes con los de Todoroki, a este no le importó y siguió saboreándolo propinandole unos besos que cada vez eran más mojados. Izuku se calentó y no quería acabar, sin embargo, percibió unos traviesos dedos deslizándose desde su vientre hasta el relieve de su virilidad. Y esos dedos se cerraron alrededor de su sexo. —¡No! —Izuku se espantó. Era diferente besarse que tocarse. Se paró de la cama y se alejó del hermoso chico.—N-no deberíamos tocarnos —dijo nervioso y se tapó la boca como si hubiera cometido un crimen con ella.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD