Capítulo 4.- Visitas indeseables (parte 2)

2161 Words
Es sábado por la tarde, la tienda solo está abierta hasta las tres, así que tengo el resto del día para mí y el domingo familiar que se supone es para que Kole y yo lo pasemos juntos, se ha vuelto más mi día para ir a meditar al jardín o ayudar a los vecinos con algún problema de energías en casa, mi hermano sale mucho por su trabajo, es jefe de proyectos, así que es normal que esté ocupado. Ya he tomado las fotografías para mi locura de ser anfitriona de Airbnb, ofreceré una amplia habitación con baño propio, puedo rentar toda esa ala, son tres habitaciones en total, pero le prometí a Kole hacer la prueba, comienzo a teclear en mi ordenador la descripción del lugar, vendiendo la idea de la experiencia de pasar sus días en una autentica casa de brujas, ofreciendo junto con su estadía televisión satelital, wifi, agua caliente, un espacio en la cochera, las tres comidas y un tour tanto por toda la casa como por la antigua ruta de las brujas, me sé la historia al derecho y al revés, los monumentos a visitar, museos y demás, así que creo tener la capacidad de atraer a algún cliente, termino de teclear la información en mi ordenador y subo las fotografías que he tomado, para no ser profesional, me han quedado de lujo, sonrío al ver que mi solicitud se ha enviado y suelto un suspiro con aire triunfal. —¡Listo! creo que ahora quemaré algunas hierbas para que esto salga bien —me froto las manos y dejo el ordenador encendido al salir de la habitación, quiero revisar algunas cosas después. Camino por el pasillo y llego a la escalera, al bajar escucho la puerta principal abrirse. —Kali, ya vine —la voz de Kole se hace presente, seguro viene hambriento, lo bueno que dejé algo de estofado de ternera para él. —Al fin, no llegaste a almorzar. —Muero de hambre, fue un día de locos en la constructora. Arqueo una de mis cejas y me encamino hasta él, lo noto tenso al instante, algo no marcha bien. —¿Qué pasó? ¿No me digas? Morgan de nuevo ¿Cierto? —pregunto y él asiente de inmediato, Morgan Jones es un envidioso de lo peor que busca a como dé lugar boicotear los proyectos de Kole porque los de él son rechazados, estrecho el puente de mi nariz entre mis dedos. —Lo haré pagar. —Kali, no quiero que hagas nada, esto es algo entre personas comunes y corrientes. —Nadie daña a mi hermano —respondo y llevo mi mano a su cabeza arrancándole un cabello. —¡Auch! —se queja frotándose—. Eso me dolió. —Deja de ser un bebé y vamos a la cocina, te calentaré el almuerzo y te haré algo que debes traer todo el tiempo contigo, con eso se detendrá. —Kali —llama mi atención, pero lo ignoro y me adelanto a la cocina, debe entender que mi responsabilidad es ayudar a quien lo necesite y él me necesita, cruzamos el larguísimo pasillo y llegamos al comedor, me detengo girándome en mis talones para encararlo. —Tu quédate aquí, ya te traeré la comida. —No, yo caliento mi comida y tu haz lo que vayas a hacer —espeta, pongo los ojos en blanco y suelto una pesada respiración. —Está bien, ven, pero no seas un preguntón insufrible. Levanta sus manos en rendición y vuelvo a mi camino hacia la cocina, levanto mi mano señalando hacia la estufa. —Solo caliéntalo por unos minutos, no está tan frío. —¿No sería más sencillo usar el microondas? —cuestiona y niego con mi cabeza. —Perderá su sabor, solo has lo que te digo. —Que mandona, Kali Ann. Lo dejo con su tarea y me encamino hacia uno de los gabinetes de la cocina, dejo los cabellos que le he arrancado sobre la encimera y abro las puertas de los módulos, mi gran colección de frascos con hierbas, piedras, sales y demás yacen aquí, tomo un frasco pequeño de cristal que pueda traer en su mochila, me agacho hacia los compartimientos de abajo y rebusco en la caja de herramientas clavos y alfileres, no sé porque carajos guardé alfileres aquí, pero fue una buena decisión, tomo unos pocos de cada uno y me incorporo para dejarlos junto a los cabellos, busco en el gabinete mis inciensos de sándalo para limpiar el material, tomo el frasco de romero, salvia, tomillo, laurel y sal de grano así como la pimienta entera, saco los fósforos del bolsillo de mis vaqueros y enciendo el incienso. —¿Tienes que hacer todo eso? ¿A quién vas a exorcizar? —Esto es para limpiar el frasco de cualquier energía —digo mientras hago que el humo del incienso entre en el frasco—. Así ya puedo poner todo esto —señalo lo que aguarda en la encimera—. Dentro de él y lo tienes que llevar siempre contigo, Kole. Vierto los clavos, los alfileres, las hierbas, los cabellos, sal, pimienta y cierro el frasco, me encamino hacia otro de los módulos donde guardo las velas, rebusco entre estas una de cera azul, al encontrarla, la tomo y voy de vuelta a la acción, la enciendo y dejo caer cera sobre el frasco haciendo que la tapa se selle. —Aprendiste bien de la abuela. —Siempre quise lograr tanto como ella, lo sabes. —Quizás tu seas mejor, Kali, el alumno siempre supera al maestro. No puedo evitar suspirar, tomo el frasco y me giro en mis talones, él está ahí parado en la isla de la cocina con su plato en mano comiendo. —Me falta mucho para eso, pero, ¿Por qué no te sentaste en el banquillo? Lo tienes justo al lado. —Porque comiendo parado me cabe más comida, puedo repetir, el estofado es mi favorito y te queda bastante bueno. Sonrío negando con mi cabeza divertida, insisto que no sé a dónde se le va tanta comida a Kole, me acerco hasta el banquillo a su lado y tomo asiento dejando el frasco encima de la barra. —No lo olvides, llévalo contigo, o mejor dicho, guárdalo en tu mochila, esto te protegerá de las envidias y las energías negativas. —Gracias, Kali —responde en voz suave, sus labios se curvan en una sonrisa, de pronto escuchamos el timbre de la casa. —¿Esperas a alguien? —pregunto arqueando una ceja, él niega con su cabeza mientras continua comiendo. —Iré a ver —suelta con la boca llena. —Iré contigo y no vuelvas a hablar con la boca llena, seguro la abuela te daría un golpe por eso. —La abuela tenía buen brazo. El timbre vuelve a sonar, pero ahora más insistente, caminamos juntos hacia la entrada cruzando el largo pasillo hacia el salón principal, el sonido se presenta de nuevo. —¡Voy! —chillo, Kole es quien llega primero a la puerta, lleva su mano al pomo girándolo y al abrirlo vemos a quien creíamos que jamás volvería a presentarse en nuestras vidas. —¿Georgia? —Kali, Kole —su tono es de desesperación, lleva a una pequeña tomada de la mano, quizás unos cinco años, se parece bastante a ella—. Lo siento, no tenía a donde ir y… Kole y yo nos interponemos en la entrada al ver la intensión de ella al querer entrar, frunce el ceño agachando la mirada, no tengo ni la menor idea de que trama. —Georgia, ¿Qué es lo que quieres? —interviene Kole cruzándose de brazos, ella alza la mirada, sus ojos están cristalizados. —Déjenme pasar para explicarles. —Tienes diecisiete años que te fuiste de aquí con Lora, los mismos que no te contactaste con nosotros, jamás te interesaste, siempre fuiste tu y nos repudiaste por nuestras costumbres… —Kali, por favor —suelta la mano de la niña juntando sus manos en una señal de súplica—. Déjame explicar, ella es mi hija, Ruth, vengo conduciendo desde Peabody, por favor, necesito asilo. Kole frunce el ceño, no sabemos como es que se atrevió a venir por ayuda de nuestra parte cuando ella siempre fue una perra. —¿No pudiste quedarte en un hotel? Georgia, tu odiabas todo de esta familia, ¿Qué mierdas quieres? —dice Kole, ella solo parece incomoda, la pequeña tira de su chaqueta y veo como Georgia solo le revuelve el cabello. —Solo por esta noche y me iré, lo prometo, tuve problemas que no puedo decir frente a mi hija, por favor chicos, solo vengo en paz por algo de ayuda. —¿Porqué no fuiste con Lora? —Porque tuve problemas con ella hace un tiempo, Kali, por favor, hay temas que la niña no debe escuchar. Le doy un vistazo a la pequeña, si bien ella no tiene la culpa, su madre siempre ha sido una perra problemática, suelto una pesada respiración y le hago una ceña a Kole, él asiente. —Pasa, pero debes decir todo, no quiero mentiras, Georgia y si las dices lo sabré. Noto como traga en seco. —¿Eres bruja aun? —No es algo que se quite, soy una bruja y estoy orgullosa de ello, ahora, pasa y suelta la sopa de una vez que no tengo todo el jodido día —respondo y nos encamino hacia el living, Kole toca mi hombro y se acerca a mi oído. —¿Estás segura de lo que haces? —musita apenas, solo logro asentir. —Bien, siéntate. —¿Y la niña? —pregunta con gesto de preocupación, Kole se acerca a la pequeña. —Ruth ¿Cierto? —Si. —¿Sabes quien soy? —la cuestiona y ella niega con su cabeza—. Ni siquiera sabe que tienes medios hermanos Georgia, ¿Y aun así vienes acá? Georgia cierra sus ojos y las lágrimas ruedan por sus mejillas. —Kole, lleva a la niña al jardín trasero, yo hablaré con esta mujer. —¿Segura? —Si —espeto, toma la mano de la pequeña al instante. —Ven, creo que hay cosas que enseñarte, Ruth —dice caminando junto a la niña. —Bien, ya estamos solas, habla de una vez. —Kali, tuve problemas con mi esposo, verás, tuve que salir huyendo de casa… —¿Qué tipo de problemas? —interrumpo. —Violencia intrafamiliar, llegó colocado a casa y me amenazó con un arma, tuve que huir con mi hija, Kali, estoy embarazada, tía Lora no está en su casa, fue de vacaciones o algo así y ella y yo tuvimos problemas en el pasado a causa de mi marido, él ya había tenido estas crisis, Lora no quería que volviera, pero yo lo amaba demasiado, ella me ayudó la primera vez, pero cuando recayó me dio la espalda y… ¡Dios! No tenía a donde ir, te juro que estoy desesperada. —¿Fuiste con la policía? —No, solo conduje lo mas lejos posible, Kali —acerca su mano a la mía tomándola—. Sé que tuvimos diferencias en el pasado, pero somos hermanas, Kali Ann. —¿Problemas? No, querida, tu nos aborrecías, me hiciste de mi infancia un infiernos, ¿Ya no recuerdas lo mucho que disfrutaste cuando murió papá? O cuando no querías jugar conmigo, o lo de la pashmina. —No seas rencorosa, era una chica obstinada en ese entonces, he cambiado y… —¡Basta! —me zafo de su agarre y me pongo de pie—. No sé por que carajos te escucho, quizás porque soy mejor persona que tú, pero no mientas diciendo que te quedarás solo por un día, así que vale más que busques comunicarte con Lora o ir a un refugio. —Kali, dame una oportunidad —pone las manos juntas suplicando—. Por favor, dame una semana. —No te pienso mantener, Georgia, imagino no tienes dinero para subsistir y no voy a permitir que un demente venga a esta casa por ti y haga destrozos, tienes cinco días para resolver tu vida, no más, dejarte más tiempo sería insultar a mi abuela, a todos los Foster. Sus ojos se cristalizan rompiendo en llanto. —Gracias —solloza. —Lo hago por esa niña, no por ti, ella no tiene la culpa, pero esa es la condición y no quiero desarreglos en casa. —¿Dónde dormiremos? —En la habitación de servicio. —¿La bodega al lado de la cocina? —No es una bodega, la habilitamos como habitación para cuando los amigos de Kole necesitan quedarse. Veo como se remueve incómoda, seguro esta sinvergüenza creyó que le daría su vieja habitación, solo espero no joda todos los planes que tengo.
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