—¡Yo no fui! —grité fuerte, tenía solo doce años cuando todo pasó, Georgia se molestó creyendo que había tomado su pashmina favorita, ¡yo ni siquiera uso esas cosas!
—Fuiste tú, niña estúpida, ¡No te saldrás con la tuya! —vociferó para luego lanzarse en mi contra, corrí, lo hice con todas mis fuerzas, cuando estés en problemas sabes lo que debes hacer, Kali, las palabras de mi abuela retumbaban en mi cabeza mientras atravesaba las calles a toda velocidad, mamá venía detrás de mí, sí bien tengo tiempo temiéndole, ahora es peor, tengo pánico, pareciera uno de esos espíritus malos de los que la abuela habla, admito que me causa pesadillas.
—¡Te voy a dar una lección! —grita de nuevo, me detengo en la acera de golpe y me giro en mis talones, algo en mi me hace extender mis palmas al frente, un fuerte escalofrío me sacudió en ese momento.
—Et ego te obstruo et tibi subicio, ¡Et ego te obstruo et tibi subicio! —grité con desesperación mientras una gran energía emergía de mi interior, un calor se arremolinó en mis entrañas saliendo disparado contra mamá, frente a mí una escena se desataba cómo la de una película de horror, un auto a toda velocidad embestía de lleno a mamá, el chirrido de las llantas al accionar los frenos fue desgarrador, aunque la maniobra del conductor fue por completo inútil haciendo que su cuerpo volara por los aires, este se agitó con violencia mientras caía dramáticamente, el ruido fue ensordecedor, el sonido de los huesos al romperse mientras la sangre brotaba por todo su cuerpo, el auto presentaba una gran abolladura en el capó, fue como si algo más pesado hubiese caído encima de este, mis ojos se abrieron mientras me desplomé de rodillas al suelo, no lograba comprender lo que estaba ocurriendo, solo pasó y ya, las lágrimas corrieron por mis mejillas, mi labio temblaba, vi todo en cámara lenta, el conductor del auto descendió pasando sus manos por la cabeza como señal de frustración, miedo, o quizás tristeza, no lo sé, las personas salían de las casas viendo lo ocurrido, mi cuerpo seguía temblando y no precisamente por la adrenalina del momento, un aroma a flores de cementerio invadió mi nariz, el ambiente fúnebre que no se puede confundir con nada en este mundo, el cuerpo yacía inerte sobre el pavimento en un charco se sangre y solo veía a las personas ir de aquí para allá viendo que hacer; el conductor se tiró sobre el suelo con sus manos en la cabeza sollozando, una persona a su lado parecía pedir ayuda, desde la ventana de una de las casas, una mujer llama por teléfono, seguro a emergencias, pero hay algo en mí que ha cambiado, algo que me aterra y es el sentir una completa satisfacción al ver cómo ha muerto ante mis ojos, ¿Seré mala? O solo estaré loca, fueron los cuestionamientos que cruzaron por mi cabeza en ese momento, pero gran parte de mí celebraba el hecho de que al fin me había liberado del yugo de una madre abusadora.
—¡Ah! —él fuerte alarido de terror de Georgia me erizó la piel, para ella seguro es una impresión fuerte, bueno, fue a la única persona a la que esa mujer trató bien —. ¡Bruja! ¡Bruja! ¡Todo fue tu culpa! —gritaba sin control, yo estaba aterrada tanto por mi monstruoso sentimiento de satisfacción al ver el cadáver, cómo por la gente que me observaba, los cuchicheos no se hicieron esperar, mi media hermana está acusándome de esto cuando la que ocasionó el desastre fue ella con sus mentiras, siento como mi corazón se estruja al ver la pashmina que tanto estuvo reclamando alrededor de su cuello, portándola como una burla hacia mí, deseo tanto que se vaya de nuestras vidas, pero no quiero que muera como mamá, debo contenerme, solo es una niña berrinchuda, o eso me repetía una y otra vez en la búsqueda de autocontrol, que a pesar de mi corta edad, tenía algo de madurez en cuanto a eso, algo que en definitiva, le agradezco a la abuela.
Los equipos de emergencia arribaron al lugar.
—Kali, Kali, ¡Dios! ¿Estás bien? —preguntó Kole, pero en ese momento no podía articular palabra alguna, solo temblaba, sus manos fueron a mis hombros haciendo que me incorporara quedando de pie—. Ven, vamos, te llevaré a casa, todo estará bien Kali Ann, no pasa nada, niña —musitó amoroso cerca de mi oído, cerré los ojos un momento dejando que más lágrimas resbalaran por mis mejillas, mi mente al fin dejó de nublarse con esa satisfacción irracional que me daba escalofríos, acababa no solo de ver la muerte de alguien, en ese momento pude notar cómo una sombra oscura se inclinaba sobre el cuerpo de mi madre, esta era diferente a la que aparece en mi habitación, poseía unos ojos azul zafiro, lo único visible en ella, pude percatarme de como un halo salió del cuerpo y se lo llevó consigo, pero lo más sorprendente fue cuando esos gélidos ojos se clavaron en los míos, notó que lo estaba observando, solo espero que no me cause problemas.
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El funeral de mamá se llevó a cabo en casa, algunas personas acudieron a este, no tenía muchos amigos en nuestra pequeña ciudad, era una persona arrogante que jamás adoptó nuestras tradiciones.
Por primera vez en años, tía Lora ha aparecido en compañía de su familia, su mirada de desprecio no me inspira confianza, al igual que mamá, nos odia, pero con Georgia susurrándole al oído, es más que evidente que a la que más odia es a mí, me culpan de la muerte de mamá.
Una vez los presentes se retiraron, solo quedamos la abuela, Kole, Georgia, tía Lora, tío Alfred y el primo Joe, estos últimos cuatro cuchichean entre sí, no tengo idea de lo que traman, pero sé que la abuela está preparada.
—Señora Foster —llamó la atención de manera arrogante tía Lora, su feo vestido floreado la hacía lucir más vieja de lo que era, ¡Ella sí que parecía una bruja! Mientras tío Alfred era un tipo insignificante que arrojaba humo de cigarrillo como si fuese una maquina de combustión interna, a pesar de tener al primo Joe tosiendo todo el tiempo y con numerosas alergias, no les importaba exponerlo a ese humo toxico.
—¿Si? —preguntó la abuela poniendo su atención hacia la mujer.
—Sabe que nuestra relación con ustedes no es la adecuada… —pasó su mirada de la abuela a Kole y luego a mí—. Pero no puedo permitir que Georgia y Kole crezcan con brujas.
—¡Yo no iré contigo, Lora! —vociferó Kole con enfado.
—¡Tía Lora! —Exclamó la mujer, la abuela toma la mano de mi hermano y le hace una señal para que se acerque a mí, enseguida lo abrazo aferrándome a su chaqueta.
—Kole es mi nieto, al igual que Kali, la única que no tiene vela en el entierro es Georgia, así que puedes llevártela sin problemas —espeta haciendo ademanes con sus manos en un gesto despreocupado, veo como la mujer frunce el ceño.
—Es mi sobrino, lo llevaré conmigo e irá a la universidad, una que ustedes no pueden pagar —exclama restregándonos su fortuna, la abuela da un paso al frente.
—No te lo llevarás porque en primera, él es mayor de edad y no quiere irse, en segunda, porque es más mío que tuyo, Lora y en tercero porque… —la abuela le da una sonrisa sombría y extiende su mano—. Ego vos e domo relego, spiritus stulte —dice y la puerta principal se abre de golpe, los presentes, salvo por la abuela, Kole y yo, se sobresaltan, Georgia chilla y junto a primo Joe salen de la casa.
—¡Bruja! —vociferó tía Lora corriendo junto a tío Alfred, la abuela los sigue deteniéndose en la puerta y ondeando su mano.
—¡Que les vaya bien y que dios los bendiga! —soltó una carcajada y tanto mi hermano como yo nos le unimos, se giró en sus talones a la vez que la puerta se cerró sola de nuevo tras ella y extiende sus brazos hacia nosotros.
—Ya están a salvo mis niños, creo que debemos recoger todo este desorden, mañana es el comienzo de nuestra nueva vida.
—Abuela, mañana debo ir a trabajar al supermercado —intervino mi hermano, mi abuela le revuelve el cabello con mimo, es gracioso, él es tan alto que se agacha para que ella pueda hacer eso.
—Si, mi niño, tu debes ir a trabajar, pero también debes ir mandando la solicitud para asistir a la universidad.
—Pero abuela —replicó con sus cejas arqueadas —. No puedo dejarlas solas, me necesitan.
—No, querido, la tienda de antigüedades va bien, además las personas me dan recompensas por mis servicios, tu preocúpate por la universidad, que al cumplir veintiuno, al fin te daré el regalo que dejó tu padre para ti.
—¿Y yo, abuela? —dije animosa, ella me da una mirada dulce.
—Tu, querida niña, tienes que ir a la escuela y por las tardes me acompañarás, debes aprender el arte de las brujas, recuerda nuestras tradiciones y los servicios que hacemos.
—¡Qué bueno que no fui mujer! —espetó Kole habiéndose ganado un manotazo de la abuela en el brazo—. ¡Auch! Abuela, en tu otra vida fuiste jugadora de futbol o algo así, tienes buen brazo —dijo frotándose el brazo.
—No seas exagerado, Kole, pero créeme que sería bueno que aprendieras alguna de las artes que hemos practicado por generaciones.
—¿Exorcismos? —preguntó arqueando una de sus cejas, la abuela soltó una pesada respiración.
—Protección, Kole, lo primordial es protegerte de los espíritus, pero bien, Kali Ann aprenderá eso y más, ahora, ayúdenme a recoger esto y a la cama que hay que descansar.
Kole y yo asentimos y comenzamos a acomodar las sillas que invaden nuestro salón principal, al fin se sintió algo de paz en casa, ya no estaba mamá, ya no más berrinches y problemas con Georgia, solo éramos la abuela, Kole y yo contra el mundo, en nuestra nueva vida.