Sin Fin

2063 Words
Vine tan concentrada en el reloj, que no había desviado mi vista hacia la ventanilla, solo veía el océano sin fin. Baje de la camioneta sin despegar la vista de él, tal vez era lo más bonito que había visto en mucho tiempo. —Amaras este lugar, te lo prometo—dijo Hurley acercándose a mi lado. —No hay nada que pueda volver a amar, es un sentimiento que me fue arrebatado—desvié la vista hacia él, me estaba mirando al igual que yo lo miraba, ambos llevábamos demasiado odio encima. —Si volverás a amar, porque existe un sinfín de amor en el mundo, clases de amores inimaginables, tal vez no vuelvas a amar a alguien como amaste a tu madre porque era su clase de amor, pero debes seguir adelante y veras como el amor te puede salvar—solo nos miramos unos segundos más, hasta que sus ojos me transmitieron algo de fe. —Ven, debemos entrar—dio media vuelta y lo seguí. Ahora frente a mi había una gran casa banca, con aberturas celestes o mejor dicho un hotel, ya que estaba escrito en grande frente a mí, ¿acaso mis abuelos se habían mudado a un hotel? Pero sin duda era muy bonito, además estaba justo frente al océano. En cuanto abrió la puerta se escuchó un ‘’Bienvenidos’’ al unísono, pude ver a unas cuantas personas sonrientes. La primera en acercarse fue una señora de la edad de mi abuelo, robusta y muy alegre. No se parecía a mi abuela, o a la única foto de ellos que había en mi casa. —Bienvenida querida. Soy Susanne—me abrazó sorpresivamente. No, no era mi abuela. —Gracias—intente sonreírle agradecida, pero realmente no sé qué vieron ellos. —Te voy a presentar a los demás. Ellas son Darla y Coraline, cocineras y criadas. Mi hijo Erick es chofer y botones. Declan es conserje y jardinero. Y Zac es... ¿Dónde se metió Zac? —el rostro de Susanne se transformó a uno no muy agradable al buscar a ese chico con la mirada. —Lo siento mucho, se me hizo tarde, pero aquí tengo los globos—detrás de nosotros aprecio un chico de espaldas acarreando muchos globos, aun no notaba nuestra presencia, hasta que Susanne dejó de abrazarme por los hombros y carraspeo. El chico se dio vuelta y nos vio con los ojos como plato. —En mi defensa, había mucha gente en la tienda—susurro para Susanne, pero todos lo oímos. —Bienvenido Señor Storm—se dirigió ahora a mi abuelo y lo abrazó fraternalmente. —Bueno, él es mi otro hijo Zac—me susurró Susanne mientras Hurley y él se separaban. —Como siempre, tarde Zac—dijo Erick acercándose también a Hurley para abrazarlo. —Oh, bienvenida señorita Malia—habló Zac notándome y estirando su mano igual a Erick en el aeropuerto. —Gracias­—dije devolviendo el saludo. —Me alegro de verlos a todos, los extrañé y les traje regalos. Pero antes discúlpenme, debo hablar con Malia—la vista de todos se posó en mí, era esa mirada lastimera, todos lo sabían, claro. —Ven conmigo—me dijo por lo bajo y comenzamos a subir las escaleras hasta el primer piso, donde el abrió la tercera puerta con una llave. —Era la habitación de tu madre cuando tenía tu edad, puedes decorarla como quieras, le diré a Erick que te ayude. —hizo una pausa mientras yo observaba la habitación imaginando a mi madre de adolecente en ella. —No, me gusta como está. —Tu abuela…ella murió hace cinco años, cáncer cerebral—fue un shock al inicio, sentí su voz quebrada, pero claro que no se dejaría ver llorar frente a mí. —No llamaste. —Lo hice, cambiaron el número. —No fuiste hasta allá. —No suelo ir a lugares donde sé que no me quieren. —Ella te perdono hace demasiados años, a ambos. Si lo hubiese sabido… —Ya lo sabe, ahora no está sola. Sus últimas palabras dejaron un silencio y amargura en el aire. —¿Por qué vives en un hotel? —pregunté antes de invitarlo a salir para poder dormir o solo pensar. —Es mi hotel. Mi habitación es la de alado, por si necesitas algo. En todo este pasillo están las habitaciones de los empleados del hotel y las nuestras. Arriba las habitaciones de los huéspedes y abajo la recepción, cocina, comedor y sala—aclaró. —Además, la hora del desayuno es a las 8 a.m., almuerzo 12:30 p.m. y cena 6 p.m. Somos puntuales, no lo olvides. —Bien. —Bien. Haré que Erick suba algo para que puedas comer—al finalizar la oración desapareció de la habitación. Me senté en la cama de dos plazas, ni siquiera en New York tenía una cama tan grande. Las paredes eran color lavanda pálido, al igual que las colchas y almohadas. El escritorio, la cómoda y el armario eran de madera blanca. Sin embargo, nada era tan sorprendente como la gran ventana con vista al océano y el pequeño balcón, al salir noté que todas las habitaciones tenían una. Me sobresalté al escuchar a alguien tocar la puerta. Aun tenia pesadillas sobre alguien tocando la puerta de nuestra casa, hasta ese día. Salí del balcón y abrí la puerta. —Servicio al cuarto—dijo Erick sonriendo apenas abrí y entró con una bandeja en sus manos. —Mi madre dijo que tal vez tendrías hambre—dejó la bandeja sobre el escritorio. —Muchas gracias—le sonreí de lado. —De nada niña—salió de la habitación. Me recosté en la cama y allí me quedé por el resto del día, oyendo el sonido del océano a lo lejos, ese sonido lograba alejar los sonidos de mi propia mente. Narra Hurley. —¿Ella está bien? ¿Quieres que hable con ella sobre algo? —preguntó Susanne insistentemente luego de hablar con Malia en la habitación. —No, ella necesitará su espacio por ahora, pero estará bien. —Bien, está bien­—dijo mientras sacaba un pañuelo de su bolsillo y comenzara a llorar. —Es tan pequeña. —Lo sé, lo sé—la abracé. —¿Que sucedió allá? ¿Ella te hablo sobre lo que vio? — pregunto Zac entrando por la puerta trasera de la cocina junto a Erick y Declan. —Ella no me ha contado mucho de ese día, bueno nada de hecho. Pero la detective dijo que solo estaban ellas dos en casa, festejando el cumpleaños de Malia cuando tocaron la puerta y Lorelay abrió creyendo que era el repartidor de pizza, sin embargo, eran dos hombres de n***o con máscaras. Uno tomó a Lorelay por el cuello apuntando con un arma a su cabeza, el otro fue por Malia y la encerró en un armario. Mataron a mi hija, a Lorelay de tres disparos en el pecho, la dejaron tirada en el comedor. Murió en el acto y ambos hombres huyeron dejando a Malia encerrada. Pero antes tiraron gasolina en toda la casa y con solo un fosforo todo comenzó a arder, no sé cómo hizo Malia, pero salió y sacó el cuerpo de su madre de la casa. —Oh Dios mío—susurró Susanne aun con la cara tapada por su pañuelo. —Por esto, necesito que le demos a Malia espacio y paciencia. Necesito que la ayuden en lo que necesite, por favor. —Claro que si—asintieron Zac, Erick y Declan. —Bien, saldré un rato. Susanne prepara panqueques con moras y arándanos, eran sus favoritos de pequeña. Volveré a la hora de cenar—apreté el hombro de Susanne cariñosamente antes de salir. Caminé solo unos metros hasta el océano, me quité los zapatos para sentir la arena entre mis dedos, seguí caminando hasta unos centímetros antes de que el agua me tocara los pies, me arrodillé y verifique a ambos lados de que no hubiera nadie. —Fallé, perdí a Lorelay, la perdí antes de cumplir la promesa que te hice. Las perdí a las dos y casi pierdo a Malia también. ¿Cómo hare para que desee y quiera vivir en un mundo sin su madre? ¿Cómo podré ser fuerte por ella cuando también me quiero rendir? Te extraño Claire. Te necesito más que nunca, cielo. Me quedé bastante tiempo más en esa posición, deseando que al abrir los ojos ella estuviera a mi lado, estaba siendo pretencioso. Cuando decidi que era hora de volver me paré y volví al hotel, tenía muchas cosas que organizar. —Bien, ¿quién está listo para ver sus regalos? —dije apenas abrí la puerta de la cocina, donde todos se encontraban. —Yo primero—Coraline levantó la mano riendo al igual que los demás. —Bien Coraline, tengo algo muy especial—dije sacando de la bolsa un obsequio envuelto a mano por mí, quiero decir, un poco desprolijo. —Toma­—se lo entregué e inmediatamente comenzó a romper el envoltorio. —Si—comenzó a reír emocionada al ver su nuevo libro, Anne of Green Gables, era un libro muy especial para ella y no lo había podido conseguir aquí. —Gracias Señor Storm­—me abrazó fuerte. —¿Quién sigue? —pregunté riendo mientras todos se notaban desesperados por su regalo. —Yo—grito Darla empujando a todos. Le entregué un sombrero muy bonito, siempre había dicho que quería uno así, en cuanto lo abrió y lo vio estuvo a punto de llorar. A Susanne le di un diario y varios pinceles con acuarelas, estaba comenzando a pintar y lo necesitaría. A Erick le compré nuevos lentes de sol junto con unos binoculares, a Zac un reloj como el que se le había roto apenas hace una semana. Y Declan recibió un nuevo tablero de ajedrez. Así como a todos, el tiempo se nos pasó volando mientras me ponían al día sobre las cosas en Dunmore East, aunque jamás pasara nada demasiado interesante. Desde que me fui teníamos cuatro nuevos huéspedes. Todos tomamos turnos al ver que la niña no bajaba en ningún horario del día. —Susanne le llevara el desayuno por la mañana, Zac en la hora del almuerzo y Declan para la cena. Coraline llevaras toallas nuevas y retiraras la ropa sucia. Yo intentaré ir cada cuatro horas, a ponerle agua al florero—y a verificar que todo esté en su lugar. —Si Señor—asintieron y todos salieron de la sala para hacer sus deberes. —Y no olviden que hoy es día de película—levanté la voz para que me escuchen. —¿Que veremos hoy? —preguntó Susanne. —Veamos que toca—me acerqué a la pequeña caja de cartón sobre la mesa ratona y saqué un papel doblado. —Toca ‘’Orgullo y Prejuicio’’, esta es letra de Coraline, siempre con dramas románticos— cada lunes todos escribimos una película en un papel y la dejamos en la caja sobre la mesa. Los jueves saco un papel de la caja y luego de cenar, vemos la película sorteada. —Será la tercera vez que la vemos, no la soportaré una cuarta—Darla rodó los ojos y volvió a la cocina. Subí las escaleras hasta la habitación de Malia y toqué dos veces antes de entrar, pero ella no abrió. —Voy a entrar—dije y tres segundos después abrí la puerta. Aún seguía en la cama. —Solo venía a avisarte que luego de cenar veremos una película, lo hacemos todos los jueves, nos gustaría que nos acompañaras—comenté mientras regaba las dalias rosadas que estaban en un florero sobre la cómoda. No hubo respuesta de su parte, estaba acostada mirando al otro lado de la habitación, así que caminé hasta las ventanas y las cerré ya que estaba refrescando y de paso vi su cara, estaba dormida así que no me había oído. Antes de salir la tapé bien y cerré la puerta de su habitación. —Ayúdame a ayudarla—susurré al cielo. Baje para instalar el cine mientras Darla hacia las palomitas y todos comenzaban a sentarse en sus respectivos asientos de la sala.
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