Fuera de la burbuja

1847 Words
De martes, pasó a miércoles y luego solo se me escapó de las manos cuando noté que había pasado tres semanas desde el día, el día X. No se ponía más fácil. No había salido de la habitación desde mi llegada, solo dejaban comida afuera de mi puerta, a veces comía, a veces en mi estómago solo entraba el nudo que se formaba cada noche. En la habitación solo me escondía bajo las colchas, otros días salía al balcón a oír las olas y allí afuera me dormía. Hurley entro varias veces para que bajara a desayunar, almorzar o cenar con los demás, o tal vez solo entraba para verificar que estuviese con vida. Lo más extraño en mi era que no había llorado, no había derramado ni una lagrima desde que la detective me dio su collar, no podía, aunque lo quisiera. Solo veía a los demás, como se comportaban ellos frente a la muerte de alguien, en su mayoría lloraban, gritaban o rompían cosas, explotaban. Yo solo pensaba en ella, pero supongo que cada quien tiene su propia forma de expresar el dolor, mi forma no me estaba ayudando en nada, ya no quería pensar, no quería estar encerrada sola en una burbuja que no me dejaba respirar. Así que salí, jueves 7:40 a.m. ya estaba bañada y cambiada para bajar a desayunar. Solo estaba terminando de cepillar mi cabello, respiré profundo tres veces, apreté el collar de mi madre en mis manos y abrí la puerta de mi habitación, no había nadie en el pasillo. Noté que había un ascensor, no lo sabía, de todos modos, tomé las escaleras hasta la planta baja, donde se suponía estaba la cocina, estaba un poco perdida, pero la encontré, allí estaban Susanne, Darla y Coraline riendo mientras cocinaban algo. No quise interrumpir ya que no me habían visto, volví en mis pasos hasta la entrada de la recepción y abrí la puerta para poder salir un rato, pero me topé con Erick y Zac cargando una madera gigante entre los dos. —Hey, hola— dijo sorprendido Erick. —Podrías dejar la puerta abierta? —preguntó mientras se acercaban para entrar por esta pequeña puerta. —Claro­­—me hice a un lado, pero sosteniendo para que no se cerrara la puerta hasta que dejaron la madera en el suelo. —Gracias, eso sí que pesaba—rieron ambos. —¿Acaso estas huyendo? —preguntó Zac mirándome de arriba abajo, tal vez porque no vestía pijamas esta vez. —No, yo solo saldré a… la playa—me tardé en decir, no conocía otro lugar. —No quiero ser quien te diga que hacer, pero Hurley nos mataría si te pierdes por allí—dijo Erick con una mueca en la cara. —Tengo un recorrido a las 9 por el pueblo y la playa, puedes venir conmigo o mejor dicho, con los turistas—dijo Zac mirándome dudoso para luego ver a su hermano. —Esa es una grandiosa idea, Zac. Al fin usas tu cerebro en forma de nuez—despeinó a su hermano menor para luego dirigirse a la cocina. —Discúlpalo, es tonto la mayor parte del día—dijo el menor avergonzado. —Ven, el desayuno ya está, mamá hizo waffles—sonrió y camino hasta la puerta de la cocina, no sin antes verificar que lo seguía por el rabillo del ojo. El entró primero. —Buenos días hijo—saludó Susanne a Zac y luego desvió la vista hacia mí y pude ver su cara de sorpresa, pero intentó disimularla. —Buenos días para ti también—me sonrió de par en par. Coraline y Darla copiaron su cara anterior. —Buenos días—dije tímidamente mientras todos ellos me veían, es cuando tenía ganas de correr a mi cuarto de nuevo. —Ven, ven, siéntate en esta punta—Coraline tomó mi mano y me arrimó la silla para que me sentara. Ella era muy bonita, además de su silueta curvilínea, tenía una hermosa piel morena y cabello crespo, pero lo más bonito era la sonrisa cálida que mostraba y sus ojos iluminados. Ella tal vez tenía la edad de Erick. —Buenos días a todos. Susanne ¿ya le llevaste el desayuno a Malia? Hoy es un bonito día, tengo un buen presentimiento—entró el abuelo con la vista en el diario y se sentó al otro extremo de la mesa sin despegar la vista del periódico, hasta que Susanne carraspeo y el levantó la vista. —Oh, buenos días—tartamudeo sorprendido. —Buenos días. —Bien, Declan ya ven aquí—llamó Susanne a Declan por la ventana y él entró tomando su lugar a la derecha de mi abuelo, no sin antes sorprenderse por mi presencia, como todos. Susanne se sentó a la izquierda de Hurley, Erick junto a ella y Darla al lado de Declan. A mi derecha estaba Coraline y frente a ella, Zac. —Me complace anunciar que hoy veremos ‘’Volver al futuro’’ apuesto a que Declan la puso en la caja, otra vez—sonrió Hurley al hombre a su derecha mientras comía un waffle. —Lo siento, ¿bien? Es mi película favorita—rio Declan. Él era alto y fornido, de tez oscura y al contrario de los demás parecía ser más serio y reservado. No creería que tenga más de 50 años. —Para el próximo lunes deberías prohibir escribir las mismas películas—comentó Darla, era la primera vez que hablaba desde que la vi. Realmente no sabía de qué hablaban. —Ella tiene razón—Erick se puso de su lado. Realmente era loco ver lo mucho que se parecían él y Zac, ambos tenían ojos celestes, tez blanca y el cabello oscuro. Solo que en Erick se notaba la diferencia de edad, por su corta barba que lo hacía ver mayor, además de las bolsas bajo los ojos. —Bien, es hora de irnos—dijo Zac parándose y viéndome terminar mi café. —¿Disculpa? —pregunté en un bajo tono de voz, esperando que solo él lo escuchara. Pero no, todos parecían ansiosos de ver cada movimiento que hacía, como si fuera un bebé. —Dijiste que querías ir a la playa. Ya son las 9, hora del recorrido. —Am…—lo estaba pensando, yo solo quería ir a la playa sola. Giré la cabeza para buscar la aprobación de alguien allí. —Está bien. Puedes ir—dijo Hurley, no es la aprobación de quien quería, pero me sentí obligada ya que todos me veían esperando que me parase. Incómodamente lo hice y Zac me tomó del brazo arrastrándome por la puerta trasera. —De nada, te salvé de muchas conversaciones que de seguro no querías tener—dijo mientras tomaba una especie de correa que estaba colgada en la pared. —Fui obligada a venir por muchas miradas—dije mirándolo extrañada, que demonios hacía. La respuesta me llegó de inmediato y por la espalda, era un enorme Golden retriever color dorado que casi me tira al suelo con su fuerza. —Ella es Molly—dijo Zac riendo mientras le colocaba la correa. —Solo por hoy Malia te paseará, porque debo trabajar y la última vez te comportaste mal­—le explicaba al pobre peludo. —Toma y ya vámonos, es tarde—me entregó la correa para que llevara a Molly, la tomé dudando y supe que saldría mal en cuanto el perro comenzó a arrastrarme. Hicimos unos pocos metros cuando vimos a un grupo de personas esperando a su querido guía. —Siento la tardanza, ya podemos comenzar—dijo Zac mientras se ponía frente al grupo. Realmente no había muchas cosas que decir sobre este pueblo, pude notar que su tarea se trataba de contar mitos o leyendas irreales sobre el pueblo que tal vez algunos si creerían. Molly estaba desesperada por ir al mar y mojarse, se sobresaltaba cada vez que veía un pájaro y realmente parecía desear ir tras él también. ­—Ya puedes quitarle la correa—me susurró Zac mientras los turistas observaban una jauría de pájaros en el cielo. —Bien Molly, ya puedes ser libre—le dije y en cuanto se la quité ella corrió por la orilla, queriendo jugar con los pájaros, pero claramente ellos huían. Yo no quise acercarme mucho al mar, tenía un poco de frio. —Bien, es todo por hoy. Espero que lo hayan disfrutado, nos vemos—anunció Zac para todos los turistas. Les dio la espalda y lo vi caminar hacia donde estábamos. —Está refrescando, creo que va a llover, lo cual es raro—dijo extrañado, pero tomé a Molly y comenzamos a caminar de vuelta al hotel. Como Zac supuso, de un minuto al otro, comenzó a llover torrencialmente así que corrimos hasta la puerta trasera, donde estaba la cocina. —Hace mucho tiempo no llovía y mucho menos en verano­—dijo Susanne extrañada viendo por la ventana. —Bien, de todos modos, les hice pastel de chocolate—tomó un plato ya servido para cada uno y las colocó sobre la mesa. Inmediatamente Zac empezó a devorar el pastel. —Gracias, pero subiré a mi habitación un rato—dije un poco cansada. —Está bien cariño—me sonrió cálidamente. Salí de la cocina y entrando a la sala vi a Hurley con Erick, estaban riendo mientras atornillaban alto en las escaleras, lo cual me impedía el paso. —Oh, ya volviste. ¿Cómo estuvo el paseo? —preguntó mi abuelo. —Estuvo bien. —Me alegra. Si pensabas subir, estamos reparando las escaleras, así que por hoy subimos a los demás pisos por el ascensor, ven déjame enseñarte—dijo y lo seguí hasta el ascensor viejo a un costado de la sala. —Solo se puede subir hasta dos personas a la vez, le harán mantenimiento la semana próxima—tocó el botón de panta baja y el ascensor estaba aquí. —¿Estás seguro de esto? —dije un poco dudosa, si sufría de claustrofobia, pero era solo un piso. —Lo usé hace un rato y funciona bien—comento. —Bueno, si no hay otra forma de subir—dije tímidamente y entré al ascensor. —No olvides bajar a almorzar en una hora. —Está bien—presioné el número 1. Este comenzó a subir lentamente, hasta que al fin llegué a mi piso, salí de allí rápidamente y entré a la habitación. Me recosté en la cama unos minutos y luego abrí las ventanas para ver la lluvia, aún seguía lloviendo muy fuerte, amaba la lluvia, pero les temía a los truenos, no se puede amar todo en su totalidad. Los días de lluvia hacíamos galletas con chispas de chocolate y mirábamos películas toda la noche en la cama de mamá. Siempre comenzábamos con la misma, ‘’One Day’’, terminábamos llorando para luego reír de nuestras caras hinchadas y seguir con alguna más graciosa.
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