Pasaron algunos días, mis curvas iban desapareciendo para dar paso a un vientre voluptuoso. Aparentemente, la convivencia con James seguía igual, pero yo sabía que él, aún esperaba esa respuesta, una respuesta que yo le negaba a mi cerebro a procesar. No hablábamos del tema, pero, yo pensaba mucho en ello, pasaba horas y horas buscando respuestas para un futuro incierto. James llevaba razón en muchas cosas, pero yo me negaba a que mi boca pronunciara las palabras que él quería escuchar. De acuerdo, entendía, que solo lo hacía para protegernos a mi bebé y a mí, pero yo tenía miedo, de que aceptando su propuesta, nuestra relación cambiara, no en el sentido de los sentimientos, ni nada parecido, pero sí en nuestra forma de comunicarnos. Esas últimas palabras de su conversación las había h

