Capítulo 7

1310 Words
Pasaron los días, los meses, los años y la vida siguió su ritmo, el reloj no se detuvo, daba igual si en ese tiempo pasaron cosas buenas o malas. El tiempo no se mide por las horas, minutos y segundos, se mide por la calidad de los momentos vividos y yo los había vivido circunstancialmente. Terminé la secundaria y en unos días cumpliría dieciocho años. Dentro de poco James ya no tendría ninguna responsabilidad conmigo, yo estaba muy agradecida, había hecho un buen trabajo, porque después de la muerte de mis padres yo solo era una muñeca rota y él, con sus cuidados y su silencio, hizo que los pedazos volvieran a su lugar. Quizás no era un engranaje perfecto, pero la reconstrucción había valido la pena. Me había convertido en una joven esbelta con pómulos sobresalientes y pelo rubio por debajo de los hombros. Mis ojos verdes era mi toque final para que se voltearan a verme tanto chicos como chicas. —Dentro de una semana es tu graduación, ¿Quién lo diría? —dijo James una mañana. — ¿Quién diría qué? —pregunté mirándolo. —Que aquella niña que recogí por encargo de sus padres en esa casa de acogida, que no hablaba y en su cara se reflejaba el miedo y la incertidumbre, se convertiría en esto que tengo delante. — ¡Gracias por no arrepentirte! Nada hubiese sido igual sin ti. —Aún estoy a tiempo—dijo con burla. —No. No se aceptan devoluciones. —sonreí mirándolo. James y yo compartíamos muchas cosas, nos entendíamos, respetábamos nuestros espacios y nuestra soledad. —Mejor. —dijo—. No tengo intención de hacerlo. —Ahora en serio, quiero comentarte algo. —Me das miedo cuando quieres hablar en serio. —Quiero estudiar Derecho, mis padres fueron abogados y desde niña quise serlo. —No me opongo, liberaré tu cuenta para que empieces a pagar tus cosas. Dentro de poco serás una adulta. —No te lo digo por eso, sino porque quiero hacerlo en escocia, en la universidad de Saint Andrews. —Pero, no podrá venir a casa todos los días. —la preocupación se reflejó en el rostro de James. —Lo sé, mi idea es quedarme en la residencia de estudiantes. —James no dijo nada, estuvo callado por unos minutos. —Pero…, ¿volverás a casa en vacaciones y tiempo libre? —preguntó. Me conocía, sabía que no podía detenerme, así era yo cuando tomaba una decisión y lo de Escocia llevaba meses pensándolo. —Ya te dije que no te librarás de mí, son solo cuatro horas y media en tren. —lo entendía. Habían sido muchos años viviendo juntos, cuidándonos uno a otro, pero era una decisión tomada a conciencia. El día de mi graduación en la secundaria LONDON BOROUGH OF CAMDEN, James estuvo en primera fila, cuando escuchó mi nombre fue la única persona que se levantó de su asiento. Para mí era suficiente. Sabía que también había dos personas importantes en mi vida; mis padres estaban mirando en lo que se había convertido aquella niña que dejaron cuando tan solo tenía trece años, fue por ese motivo que cuando me entregaron el certificado que acreditaba mi ingreso en la universidad miré al cielo y sonreí. Ya todo estaba listo para mi ingreso en la Saint Andrews, a James no le hacía mucha gracia que me fuera a estudiar fuera de Londres, pero no iba a cambiar de idea. — Savannah, ¿Crees que estarás bien viviendo sola? —preguntó con la esperanza de que le dijera que no. —Claro que estaré bien, además no viviré sola, la habitación será compartida con otra chica, así que no te preocupes. —Iré a visitarte, tampoco creas que te librarás de mí. —Quiero que lo hagas. Quiero que me visites. Además, regresaré cuando no tenga clases, así que deja mi habitación tal como está. —Si quieres le pongo llave, como la de mi hijo. —dijo riendo. —No es necesario, mis fantasmas, están aquí. —dije señalando mi cabeza —. En ella solo se quedarán parte de mis recuerdos. —me referí a la habitación. Elegir lo que me quería llevar no fue tarea fácil, era invierno y en escocia hacía mucho frío. Por suerte, por ser la primera vez James me llevaría en su coche y así podría llevar todo lo que iba a necesitar. Lo primero que eché en la maleta fue dos fotos de mis padres, en una estaban ellos dos abrazados mirando a la cámara y en la otra estaba yo en el medio. Tenía muchas, las cuales guardé en un cajón, pero esas dos eran mi favorita. También eché una de James, en ella aparecía muy serio, la tomé uno de esos días que salía al jardín y se encerraba en sí mismo. Cuando llegamos a Saint Andrews, miraba todo en silencio, era la ciudad donde viviré por los próximos cuatro años. Si dividíamos mi vida en etapas, podría ser de la siguiente manera; desde que nací hasta los trece años viví con mis padres, fue la etapa más feliz de mi vida. Desde los trece a los dieciocho viví con James, la persona en quien mis padres confiaron mi cuidado. Y desde ese momento y hasta quizás los veintidós o veintitrés viviré en esta ciudad. Fue decisión propia, quería aprender a volar con mis propias alas, pero sabía que para que eso pasara debía empezar por prepararme. Era justo lo que estaba haciendo. La universidad de Saint Andrews es una universidad pública donde el pago de la carrera era aceptable. En ese momento sentí que era lo que quería para mí. cuando llegamos a la residencia de estudiantes había mucho jaleo. Estudiantes llegando en compañía de sus padres, con su mudanza, al igual que yo. James me ayudó a subir mis cosas a la habitación. Cuando entramos ya estaba la otra compañera. —¡Hola! Soy Diane. A partir de ahora viviremos juntas en este pequeño espacio. He elegido la cama de arriba, pero si la quieres tú, cambiamos. —¡Hola! Soy Savannah, él es mi tutor, James, y la cama de abajo está bien. —Savannah, ¡Qué bonito! Pero, Savannah, es un nombre de ciudad, ¿no? —Sí. Es la ciudad donde nació mi madre. —contesté riendo. Ya estaba acostumbrada, así que no me molestó. —¡Mucho gusto James! —El gusto es mío, Diane. Me alegra que Savannah no esté sola. —No se preocupe, nos haremos compañía cuando no estemos en clase. —dijo Diane riendo. Era una chica de mi edad, tenía el pelo rizado y rubio, muy bonito, y una piel muy tersa, los ojos vivarachos. —Bueno Savannah, creo que ya está todo, ahora vamos a comer y después volveré a Londres, no quiero que se me haga de noche en la carretera. —De acuerdo, ¿Vienes Diane? —la invité por cortesía. —No. Mis padres están abajo esperándome para comer, pero ¡gracias! —Me parece buena chica tu compañera de habitación. —dijo James cuando estábamos comiendo en un restaurante cercano a la residencia. —A mí también me lo parece, así que, quiero que estés tranquilo, además tengo esto—dije señalando mi teléfono—. Sé que con solo una llamada tú estarás aquí. —Siempre. —estaba triste, yo también lo estaba, pero todas las despedidas están cargadas de tristeza. Después de un rato y un montón de recomendaciones como; “No salgas sola” “Nunca te dejes el teléfono” “Ten cuidado en las noches” “Evita los callejones oscuros” y otras más, James, se fue y yo me quedé en Saint Andrews con un montón de sueños, ilusiones y la esperanza de un futuro prometedor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD