La gente que se aparecía en nuestro andar era sumamente extraña, admito que jamás había visto r**a parecida, eran todos ellos gente alta de pieles oscuras, pero sus rasgos eran europeos, ojos claros y extremidades delgadas, me recordaban mucho a “Los Melungeons”, r**a misteriosa de la que se tiene registro en los 1690, humanos de piel color oliva que se extendieron al norte de Estados Unidos. No miento al decir que intenté comunicarme con más de uno de estos personajes en el camino, siendo despreciablemente ignorado por los mismos. Algunas chozas cerraban sus mendigas puertas de madera a nuestro paso, sentía sus miradas aperladas desde las improvisadas ventanas. Confieso que el camino fue una oda a la belleza, fui testigo de la vasta expresión natural, árboles de troncos gruesos y altura

