Anochecía, eran las 6 y media de la tarde mientras manejaba solo sobre una de las carreteras más desoladas de un lugar que no quiero especificar. Escuchaba música a todo volumen mientras disfrutaba del camino rodeado de un hermoso y poco denso bosque, el cual me provocaba una sensación de bienestar y paz que no puedo describir, ya que estaba alejado de la civilización y por ende, en armonía con los paisajes de otoño en completa y tranquila soledad. Lo importante no es a dónde ni por qué viajaba, lo importante es lo que pasó durante el viaje, cosa que me marcó profundamente y que me perseguirá por el resto de mi vida. Todo marchaba bien, pasaban las horas y el sol se ocultaba cada vez más en las montañas a lo lejos, trayendo consigo una oscuridad que me relajaba conforme se intensificaba.

