— Michael, bien sabes que amo mi trabajo y si me das a escoger entre salir o ayudar a uno de mis estudiantes, sabes cuál va a ser mi elección. — Sí, lo sé — él suspiró —. Bueno, al menos deja que entre. Lo dejé pasar y le serví café. Después de unos minutos llegó Paul con su arpa, le ayudé a meterla. Cuando miró a Michael, lo saludó, aunque podía sentir una tensión entre ambos. — Bien, Paul, dime en dónde tienes dificultad para tocar. — Déjeme tocar para mostrarle. Paul comenzó a tocar. Al llegar a cierto punto pude escuchar que desafino en una nota. — A ver, vuelve a tocar, pero espera un poco. Me acerqué y le pedí que tocara, pero mis manos se pusieron encima de las suyas para guiarlo, no pudo afinar, así que me pregunté qué ocurría. — Paul, por favor, apártate. Cuando yo le qui

