Capítulo 4: Entre Lujo y Sombras

1487 Words
Punto de vista de Alice El sol de la mañana se filtraba por las cortinas de la suite de mamá como un intruso molesto, pintando rayas doradas sobre las sábanas blancas que olían a hospital y antiséptico rancio. Habíamos vuelto a la mansión al amanecer, escoltadas por un convoy de SUVs negros que rugían como bestias enjauladas, y ahora, con mamá instalada en su cama king-size rodeada de almohadones y monitores portátiles, el peso del atentado se sentía más pesado que nunca; no como una pesadilla lejana, sino como un moretón fresco que palpitaba con cada latido. Me paseaba por la habitación, el pijama de seda susurrando contra mi piel, pero el sueño era un lujo que no llegaba: cada crujido de la casa era un disparo fantasma, cada sombra en la pared una pasamontañas acechante. Papá estaba en el umbral, traje fresco pero ojos hundidos por la noche en vela, teléfono en mano como una extensión de su furia. —Alice, mi niña, siéntate. No puedes seguir dando vueltas como un gato enjaulado; vas a despertar a tu madre. Su voz era grave, un intento de suavidad paternal que no ocultaba el filo de control que lo definía; el mismo que había construido un imperio y ahora lo usaba para blindar lo que amaba. Me detuve, girando hacia él con esa malcriadez caprichosa que salía cuando el mundo me apretaba demasiado, los ojos galanos destellando como cuchillos. —¿Despertarla? ¿Y tú qué, papá? ¿Vas a sentarte tú alguna vez, o seguirás ladrando órdenes como si esto fuera una junta de accionistas? Mamá casi muere anoche por tus “negocios”, ¿o me vas a decir que fue un robo de carteras? ¡Exijo respuestas, carajo! ¿Quién es esa “E”? ¿Por qué nos chingaron así? ¿Y ese militar de mierda que trajiste, Dere? ¿En serio confías en un tipo con más tinta que cerebro para cuidarme? Maximiliano entró, cerrando la puerta con un clic suave pero firme, su complexión fuerte llenando el espacio como una tormenta contenida. Se pasó una mano por el cabello canoso, exhalando un suspiro que era puro agotamiento crudo, y se sentó en el borde de la cama, tomando la mano de mamá, que dormía con esa arruga de preocupación entre las cejas. —Alice, baja la voz. Tu madre necesita paz, no nuestro veneno. Sí, fue por mí, siempre lo es en este mundo de hienas. La “E”… es un eco viejo, de deudas que creí pagadas. Socios, rivales… nombres que no suelto hasta tener pruebas. Pero Moncada… ese cabrón ha estado raro últimamente, llamadas cortadas, miradas torcidas en las juntas. ¿Crees que es él? Quizás. Pero sin balas en la mano, no acuso. Me dejé caer en una silla cercana, cruzando los brazos sobre el pecho, el mal genio burbujeando como soda agitada. —¡Moncada! ¿El mismo que te lame las botas en las galas? ¿El que brinda por “nuestro imperio”? Joder, papá, ¿por qué no lo viste venir? ¿O es que tus secretos son tan sucios que ni tú los miras de frente? Y Dere… ese arrogante hijo de puta me miró como si fuera un estorbo, no una persona. “Sobrevive, princesa”. ¿Quién habla así? ¿Tu idea de protección es un matón que me trata como a una recluta? ¡Quiero mi vida de vuelta, no una cárcel con tatuajes! Papá me miró fijo, esos ojos oscuros endurecidos por años de traiciones, pero con un destello de dolor paternal. —Tu vida… ay, mi niña, eso que llamas vida es un espejismo que yo pagué con sangre y noches sin dormir. Moncada… si es él, lo destrozaré. Pero ahora la prioridad es blindarnos. Dere no es un matón; es un soldado que ha visto infiernos que te harían vomitar. Lo contraté porque no se compra, no se intimida. ¿Te trata mal? Bien, que te despierte. Eres Salvaterra, no una flor de invernadero. Acepta la sombra, o nos matas a todos con tu orgullo. Mamá se removió entonces, los ojos verdes abriéndose como rendijas, su voz débil pero afilada cortando el aire. —Max… Alice… ¿qué es este alboroto? Suena como si estuvieran planeando un divorcio, no salvación. Intentó incorporarse, pero el dolor la hizo sisear. Papá la ayudó con gentileza devota, ajustando almohadones como si fuera cristal. Me acerqué rápido, arrodillándome a su lado, el capricho evaporándose en culpa cruda al ver el vendaje manchado. —Mamá… perdón. Es que… todo esto me ahoga. Papá defiende a su nuevo perro guardián, y yo solo quiero… joder, quiero gritar hasta que duela menos. Mamá tomó mi mano, la dulzura maternal envolviéndome como un bálsamo. —Mi amor, grita si ayuda, pero no sola. Esto nos rompe a todas, pero juntas… juntas somos invencibles. Max, dile a tu hija la verdad. No toda, pero lo suficiente. Y Alice… ese Dere, ¿eh? Lo vi mirarte. No como amenaza, sino como reto. Quizás sea lo que necesitas: alguien que no se incline ante tu corona. Maximiliano bufó, pero sin malicia. —Verdad… bien. Alice, el viaje a China no espera. Socios clave, contratos que salvan el hotel de hundirse. Marco y Dere van conmigo; tú te quedas con tu madre aquí, blindada. Pero prometo: vuelvo con respuestas, no más sombras. Apreté la mano de mamá. —Ve, papá. Pero no mueras allá. Y si Moncada asoma la cabeza… mátalo tú mismo. Por nosotras. --- Punto de vista de Maximiliano El estudio de la mansión era un santuario de caoba y libros encuadernados, pero hoy olía a café amargo y tensión rancia, con papeles revueltos sobre el escritorio como restos de una batalla perdida. Me hundí en el sillón de cuero, teléfono en mano, marcando a Marco Ferrel con dedos que temblaban de rabia contenida. Alicia cosida, Alice furiosa, Moncada posiblemente celebrando… ¿cómo dejé que esto pasara? Marco contestó al primer tono. —Salvaterra, ¿ya extrañas mi cara de póker? Dime que no es otro drama de balas; tengo resaca. —Drama de balas es mi vida ahora, Ferrel —respondí—. El viaje a China: cinco hombres. Tú lideras, Dere en mi sombra. Todo encriptado. Los socios son tiburones; si huelen debilidad, nos devoran. ¿Y tu primo? ¿Está listo para mi hija, o va a dejar que su orgullo lo joda? Marco rió. —¿Dere? Ese cabrón nació listo. Dos tours en el desierto, balas silbando como mosquitos; no se quiebra ni con bombas ni con princesas malcriadas. Anoche la miró como a un grenade sin seguro. Le advertí: “Tócala y te corto los huevos”. Entre tú y yo… tu hija tiene fuego. Si no lo apaga, podría quemarlo. ¿Armas declaradas o contrabando? Me puse de pie, mirando por la ventana al jardín blindado. —Contrabando, siempre. Y dile a Dere: protégela, no la conquiste. Es mi sangre. Si falla, lo entierro yo mismo. Y si Moncada llama, grábalo todo. Creo que es la “E”. El tono de Marco cambió. —Moncada, ¿eh? Hay rumores. Deudas del viejo cartel, envidias por tus hoteles. Si es él, lo olfateamos en China. Cuídate, rey. Los reyes caen si confían en sombras. —Relájate tú, cabrón —murmuré—. Solo trae resultados. --- Punto de vista de Alicia La habitación se sentía como una jaula dorada, con el aire acondicionado zumbando como un verdugo impaciente, pero yo me negaba a dejarme doblegar. El dolor en la pierna era un fuego sordo, pero peor era el nudo en el pecho. La puerta se abrió y entró Dere Ferrel, imponente, camisa negra ceñida, tatuajes asomando como secretos prohibidos. Sus ojos oscuros evaluaron la habitación antes de mirarme directamente. —Señora Salvaterra —dijo—. Marco me mandó chequear. El fisioterapeuta llega en una hora. Sensores activos. ¿Necesita algo? ¿Y la señorita Alice? ¿Está estable? Lo observé con cuidado. —Siéntese, Dere. No muerdo, aunque mi hija sí. Quiero verdad. ¿Qué piensas de esto? ¿De nosotras atrapadas en esta red de balas? Dudó, pero obedeció. —Pienso que son civiles en una guerra que no pidieron. Salvaterra es un blanco grande. Pero yo protejo lo que asignan. He visto familias romperse; no dejaré que pase aquí. La señorita Alice… es un huracán con tacones. Me pincha, yo respondo duro. El mundo es duro. Sonreí débilmente. —No la rompas antes de que ella te rompa a ti. Ese fuego en sus ojos… no es odio puro. Es reto. Cuídala bien, Dere. O se me acaba la dulzura. Él se levantó, serio. —La cuido. Con mi vida. Y si el reto me quema… lo apago. Profesionalismo primero. Lo vi salir, el corazón latiendo con una esperanza tenue.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD