**Punto de vista de Alice** El olor a pólvora y sangre todavía me pegaba en la nariz cuando salimos del hangar, aire frío de la noche golpeándome la cara como un balde de agua. Los cuerpos de los cabrones de Moncada tirados por todos lados, sangre salpicando el piso, Iker con un agujero limpio en la frente —Marco no fallaba, el hijo de puta. Yo temblaba como una hoja, piernas débiles, pero la adrenalina me mantenía de pie. El secuestro, las amenazas, el miedo de que me tocaran… todo me daba vueltas en la cabeza. Dere me miró, mandíbula tensa, ojos oscuros brillando con rabia contenida. — Ven aquí —gruñó, voz ronca. Corrí a sus brazos, me aferré a su camisa empapada de sudor y sangre, cara en su pecho tatuado. — Se acabó, preciosa —susurró, abrazándome fuerte, mano en mi nuca—. Estás

