**Punto de vista de Alice** El hangar era un puto infierno oscuro: aire pesado con olor a aceite rancio y humo de cigarrillos, luces tenues parpadeando como si se burlaran, mi cabeza latiendo como un tambor por la herida en la frente, sangre seca pegándome el cabello. Estaba atada a una silla de metal que me cortaba las muñecas y tobillos, el vestido hecho trizas, moretones por todos lados del accidente. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí —horas, días?—, pero el miedo me comía viva, aunque no les daba el gusto de mostrarlo. Iker Vásquez, el cabrón flaco con cara de rata, se paseaba frente a mí, teléfono en la mano, sonrisa de mierda. — Tu papi tiene 48 horas para firmar el hotel y soltar 5 millones en efectivo —dijo, voz ronca, acercándose tanto que sentí su aliento podrido—. Si no… te

