**Punto de vista de Alice** La tarde en la mansión Salvaterra se había puesto tranquila, casi demasiado cabrona para ser verdad. Yo caminaba por los jardines con el sol pegándome en la nuca, el vestido corto de algodón blanco pegado al cuerpo por el sudor, los pies descalzos pisando la hierba como si pudiera borrar el puto nudo que tenía en el estómago desde que Julián apareció otra vez. El aire olía a jazmines y a piscina, pero en mi cabeza solo daban vueltas los recuerdos de él besándome en la playa hace años y los ojos oscuros de Dere clavados en mí como si me odiara y me quisiera al mismo tiempo. De repente, el rugido de ese Lamborghini n***o rompió el silencio como un trueno. Julián otra vez. Frenó en seco, bajó del carro con esa camisa blanca abierta hasta el pecho y esa sonrisa de

