**Punto de vista de Alice** La noche había caído como una puta manta pesada sobre la finca, el viento moviendo las hojas de los viñedos como si susurraran secretos que nadie quería oír. Yo estaba en mi habitación, sentada en la cama con las piernas cruzadas, el suéter corto de lana subiéndose por el estómago y los shorts de seda pegándose al culo por el calor que todavía quedaba. Miraba el techo como si ahí estuviera escrito qué carajos hacer con todo esto: la llamada anónima todavía me daba vueltas en la cabeza como un puto disco rayado, “sabemos dónde estás”, y Dere actuando como si el mundo se fuera a acabar mañana. Me levanté, me miré en el espejo de cuerpo entero: cabello revuelto, ojos grandes por el miedo que no quería admitir, labios hinchados de mordérmelos. Joder. Parecía una d

