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2853 Words
Capítulo uno. Tessa Abades. “En ocasiones aguantamos personas falsas para no quedarnos solos, sin darnos cuenta, de que la mejor compañía, somos nosotros mismos” —Es la vigésima vez que dices eso, es la vigésima vez que te oigo hablar de libros, ¿Podrías parar? Estás agobiándome. —escuchó la voz de Nevin en la otra esquina de la habitación y me hago bolita, estoy meneando mis rodillas de manera desesperada. Por la noche, comencé a leer un libro nuevo, me emocioné tanto que acabé contándole a mi mejor amigo todo lo que sucedió. Sin embargo, no salió como esperaba, porque él sigue igual, no me escucha, no quiere oír nada sobre lo que he dicho y debería acostumbrarme de una vez por todas. —No lo haré más —digo interrumpiéndolo—. Ha sido solo por la emoción. —¿No lo entiendes? Se que te gusta, pero a mí no me gusta leer. Es como si yo te agobiará con el fútbol, nunca lo hago, así que tú no lo hagas conmigo ¿vale?. —Bien, ya te he dicho que no volveré a hacerlo. Tal vez, Nevin ha olvidado todas las veces que me llamó para decirme quién ganó, siempre llamaba de madrugada, me decía cada cosa que había ocurrido y lo escuchaba con atención, aunque me estuviera muriendo del sueño siempre estaba oyendo lo que decía. Las palabras que salen de su boca atraviesan mi corazón como una daga, su personalidad ha cambiado desde que entró al equipo de fútbol, Andrés también está en él. Andrés, fue mi amor platónico por meses, incluso años, recuerdo que estaba tan enamorada de él que me aprendí su horario, fue una locura, empecé como una fan y acabé siendo su novia. El año pasado, me pidió que estuviéramos juntos, primero solo fue una cita, hasta que terminamos siendo novios y besándonos en el baño de una fiesta. Estaba tan feliz que mi corazón se saldría de mi pecho, mis piernas temblaban, y mis manos sudaban. Acepté sin pensarlo y ahora me arrepiento, la relación con Andrés es seca, no tenemos apodos, no somos cariñosos, no salimos, solo fingimos que lo hacemos y nos tomamos fotos para que la gente en sus r************* sepa que seguimos juntos. Es como si todo fuera una estrategia de marketing. —¿Tu papá vendrá hoy? estuve todo el día esperándolo para que fuéramos a ver el partido del viernes, y adivina. Nunca llegó. —Papá ha estado ocupado —me recompuse y me encogí de hombros—. Ha tenido algunos problemas con los trabajos, creo que está bastante grave. Pensaba preguntarte si tu padre no sabía nada, después de todo… trabaja para el ¿no?. —Sí, pero no me han dicho nada. Mis padres nunca hablan conmigo, y después de salir del closet, no están muy seguros de querer verme. —Ya se les pasará. —Eso dices ahora, y es justo, porque no los has visto. Estuvieron toda su vida creyendo que me casaría contigo y tendríamos hijos, luego tendríamos una linda casa, unos gatos y unos perros que cuidar. Ellos armaron un futuro en el que nosotros estuviéramos juntos. Su cabeza debió haber estallado cuando les confesé aquello. —Es un embrollo —asintió—. ¿Llamamos a Layla para ir más tarde al parque?. —¿Al que llegó ayer? —Sí —me encogí de hombros. —La llamaré yo, tu encárgate de pedirle dinero a tu papá. —Hablaré con él. Decirle a mi padre que me diera dinero era como decirle a mi tía Flora que viniera a verme, es decir, casi imposible. Para papá el dinero estaba contado, cada centavo que gana es para la casa. Hubieron tiempos en los que estuvimos mejor, salíamos, nos divertíamos y pasábamos tiempo en familia. Pero, todo cambio el año pasado. El trabajo de papá se volvió pesado, quise hablar con el padre de Nevin pero nunca lo veo en casa, su madre, por otro lado, me recibe con los brazos abiertos. Desde que somos pequeños he creído que el Sr. Jensen me detesta, la forma en la que me mira con desdén y como sus ojos se achican al ver que su hijo me abraza, hace que se me erice la piel. Desearía no tener que estar pendiente de ello, si tan solo hablara con el padre de Nevin podría pedirle que le dé un mejor puesto a papá, quizás un cargo más arriba o el mismo donde estaba antes. Moverlo fue una mala idea, no recompensó a nadie. Regresó a la habitación y mi amigo está sentado viendo el móvil, se inclina hacía adelante para tomarse una foto y la envía. No sé a quién y tampoco le pregunto, meterme en sus cosas es cómo meterme en terreno peligroso, nunca sabes que comentario de la hostia va a lanzarte. —¿Te contesto? —me preguntó levantándose, me moví para que pasará y jalo mi brazo para que fuéramos a la cocina. —¿Quién? —Tu padre ¿Quién más, Tessa?. —Ah, lo olvide. No me ha contestado, creo que no tiene dinero ahora, pero podremos ir con lo que tengo ahorrado en la tarjeta. —¿Segura? No tengo nada de dinero ahora y creo que Layla tampoco. —Ella nunca tiene dinero suficiente —digo entre dientes, el me observa y bufa. —No es su culpa, sabes su situación familiar. —Estoy segura de que es suficiente —lo corté, no pienso discutir en estos momentos, tener una tarde de paz con los amigos que tengo es como implorar un milagro que no va a ocurrir. Primero está Layla, una chica de estatura pequeña, cabello rizado n***o, ojos grandes color avellana y tez morena, su personalidad no es compatible con la mía, le gusta fingir que todos les cae bien y habla mal de ellos a sus espaldas, es decir, Layla puede pasar de agresiva a pasiva, y así sucesivamente. Por otro lado está Nevin, quien suele ser encantador la mayoría de las veces, es alto, se tiño el cabello de blanco el mes pasado y combina bien con su ojos azules, eso, sin mencionar que es tan pálido como una hoja. La personalidad de Nevin varia según las personas, dependiendo de quien seas el se portará femenino, si eres su amigo y estás en una cena con sus padres, te das cuenta de cuánto puede cambiar. Los chistes que dice usualmente no los menciona en ningún momento, no se ríe, come en silencio y se centra en el plato. Nevin no alza la mirada ni una sola vez cuando está comiendo con ellos. A diferencia, de cuando está con sus amigos o el equipo. Siempre hace chistes, se ríe y habla con la boca llena, le he dicho que no lo haga, pero no me hace caso. Desde que Layla llegó a nuestras vidas, cambio, se volvió más odioso y me trata de una forma distinta. El año pasado todo cambio para mí. Nevin se volvió tosco, dejé de sentir amor por Andrés y me conseguí a una amiga no muy buena. Me ayuda tener a alguien con quién hablar, pero no sé siente del todo bien. Me di palmaditas en las mejillas para olvidar todo lo malo y salimos para buscar a Layla. —¿Layla está en casa de sus padres o de su tía?. —Me dijo que estaba donde su tía —le contestó abriendo la puerta del auto, asiente sin mirarme y le sube el volumen a la radio. Están pasando canciones viejas, no son malas, me dejan cerrar los ojos y relajarme. Las vacaciones de verano pasadas me llenaron de buenos recuerdos, mi tía Flora vino de visita y me llevo a lugares que nunca había visitado. Empezando por España, me deleite con Madrid. Es una ciudad preciosa, daría lo que fuera por quedarme allí una temporada. Acá en Vancouver las cosas no son tan malas, hay lugares preciosos y se puede vivir bastante bien, aunque desearía tener más amigos con los que sentirme más cómoda. A decir verdad, detesto estar sola, me da ansiedad pensarlo, mi mayor miedo es quedarme completamente sola. Por eso estoy con ellos, para no sentirme mal, para no cae en un agujero n***o, del que, probablemente no pueda salir nunca. Es irónico, siempre le he dicho a Nevin que no sea amigo del club de computación por lo deshonestos que son y aquí estoy yo, mintiéndole a él con que me siento cómoda. Layla se acercó primero a Nevin, luego me conoció a mí y nos hicimos amigos. Con el paso del tiempo, Nevin dejo de tratarme de la misma forma que antes. Me acostumbré, pero me duele, nos conocemos desde pequeños, me gusta pasar tiempo con el, me gusta que nos divirtamos y hablemos de tonterías recostados de la cama. ¿En qué momento habremos olvidado esa sensación de paz?. No tengo idea, creo que ni siquiera quiero saber la respuesta, nos conocimos por casualidad y duramos toda la vida juntos. Tal vez, sea una mala racha y volvamos a ser los mismos de antes cuando se le pase. Creo… que por eso tampoco lo he dejado solo. Me necesita, nos necesitamos. —La profesora de química quiere que vaya más seguido a su clase —me dice sin despegar la vista de la carretera—. La única manera de que vaya, es que pueda follarme a un tío del salón, la mayoría de los tíos que están en su clase, son lindos. —Por dios —me reí—. Solo piensas en follar. —¡Y en estudiar! —suelta una carcajada—. Pero estudiar con un incentivo es mejor, lo sabes. —No, yo no lo sé. Te aseguro que no pienso en follar y estudiar al mismo tiempo, deberías follar con un tío y después ver si vas a la clase de química. La profesora te ayudará, no es mala persona. —Lo dices porque eres su favorita. —Ya, claro. —Hemos llegado, llama a Layla para que salga. —Oye, Nevin. —¿Si?. —¿Ella te gusta?. —Nunca va a gustarme —responde serio, lo miro dudosa y marco su número para decirle que salga, nunca había pensado en lo mala que era nuestra amistad hasta ahora, puedo entender a Nevin, hemos estado juntos desde pequeños y estar conmigo todos los días puede ser agotador, pero no es lo mismo con Layla, ella me trata extraño de por sí, y me gusta pasar tiempo con ella, pero a la vez, me siento alejada. Ni Layla ni yo entendemos porque seguimos juntas. El verano pasado me entraron ganas de aprender surf, lo intente y me caí un par de veces, odié avergonzarme frente a tantas personas, mi cabeza quería explotar, aunque papá me animo para que me levantará, no volví a practicar surf después de eso. Los exámenes finales serán las mas difíciles del año, se supone que los haremos un poco antes de culminar, la preparatoria afirma que es la mejor etapa de nuestras vidas y quiere darnos espacio para divertirnos, así que, si terminamos antes podremos ir al instituto y relajarnos, pasar tiempo con los amigos y existir. Porque eso es lo que haremos, existir. Estoy en desacuerdo con la parte donde dice “la mejor etapa de nuestras vidas”. Porque seamos sinceros, estar en la preparatoria es una mierda, los alumnos son una mierda y los compañeros son la mierda doble. Debería dejar de decir mierda en cada frase que digo, pero no encuentro una palabra mejor que esa para describir como me siento al respecto. Los fines de semana familiares, se convirtieron en los fines de semanas más ocupados para papá, ya no tiene mucho tiempo y Nevin no quiere ayudarnos a solucionar el problema, estoy segura de que si habla con su padre, todo puede ir mejor, pero no lo hace y me preocupa. —Hola perras —dice Layla entrando al auto, sonreímos y Nevin la mira de arriba abajo, no es una mirada lujuriosa, todo lo contrario, sus ojos me dicen que algo no le gusta, aprendí a leer sus miradas en cuarto grado, cuando necesitaba saber la respuesta del examen y no entendía muy bien sus intentos de ayudarme. —Layla, le estaba diciendo a Tessa que debemos ponernos de acuerdo con los juegos, no quiero llegar allí y tener que discutir con ustedes sobre dónde montarnos. ¿Alguien tiene una sugerencia para que esto sea más divertido?. —Podemos hacer un reto —sugirió, la miró de reojo guardando mi teléfono en el bolso y ruego porque no sea algo complicado, siempre tiene ideas asquerosas, y no dudo que está sea una de ellas—. El que se asusté en la montaña rusa, debe comprar las bebidas. «Igual las voy a comprar yo, no entiendo que carajos esta haciendo». —Yo las compraré, no es necesario hacer el reto Layla, aparte, sabes que odio las alturas. —No seas aguafiestas Tessa, al menos ten un poco de diversión en tu vida. Miró a Nevin pidiendo ayuda y ladea la cabeza. —Tess, tiene razón. No es necesario hacer el reto, podemos solo divertirnos y mientras ella compra las bebidas, nosotros nos montamos en la montaña rusa ¿Qué les parece?. —Me parece la mejor idea de todas —sonrío. Layla se molesta porque Nevin no accede a su petición y rueda los ojos, los siguientes minutos nos las pasamos de juego en juego, me divertí tanto que no puedo parar de reír, los chicos comieron palitos rojos, uno de ellos acabó en la nariz de Nevin y mi estómago se contrajo de tanto reírme, para el, fue una situación asquerosa, aunque se tomó una foto para no olvidar el momento. «Son buenos recuerdos» asintió convencido, miró mis tenis y los miró a ellos decidiendo si montarse en la montaña rusa o no, al final, deciden ir, y yo me marchó a la máquina expendedora, espero que no hayan refrescos de dieta, que Layla viva un poco también, esos refrescos no le harán nada, ni a su cuerpo, ni a su salud mental. Después de caminar buscando la máquina expendedora de este lugar, la encontré, estaba lejos, como en un rincón vacío, había un chico de aspecto desaliñado a lo lejos y lo veo luchar contra el aparato, le da una patada y maldice. Mi primera impresión de él, es que tiene muy poca paciencia. La segunda es que es atractivo, cuando sus ojos se ponen sobre los míos, los vellos de mi cuerpo se erizan. Y la tercera, es que es un c*****o integral. —¿Qué coño miras? Salgo del trance en el que estaba y señaló la máquina —. Pensé que necesitarías a ayuda, vine por unas bebidas. —Ya —murmura—. No necesito tu ayuda, puedes irte a otro lugar. —Ya estoy aquí no pienso moverme y tampoco pienso ayudarte, eres un idiota. —Suena como yo —sonríe a medias, golpea de nuevo la máquina y farfulla algo inaudible, aprovecho que está distraído para mirarlo con atención. Tiene las cejas gruesas, el cabello rubio largo, es de tez blanca, labios carnosos y brazos fornidos. La sonrisa que tiene en su rostro es una que sin duda, te toca los cojones, pero que también te hace preguntarte quien es y de dónde ha salido. —Me iré. Estoy a punto de irme cuando me sujeta el brazo y me quedo quieta, esperando una reacción de su parte, sus dedos son fríos, su olor es una mezcla de vainilla con cigarrillos, lo que significa que le gusta fumar, tiene los ojos azules y ojeras, muchas ojeras, parece que necesita dormir lo más rápido posible, siento que se caerá en cualquier momento. —Solo ayúdame a sacar una gaseosa. —¿Y que ganó a cambió? —le pregunto en broma, el me mira y se encoje de hombros. —Te deberé un favor. —No es necesario, solo bromeaba. Me acerqué y saqué su gaseosa con facilidad, su rostro se tornó rojizo, se sintió avergonzado, incluso apretó los labios para no volver a maldecir en voz alta. Después de arrancarme la gaseosa de las manos comenzó a caminar en dirección contraria, no me dio las gracias, ni me pidió disculpas por tratarme de esa forma, solo se fue y quise saber su nombre. —¿Cómo te llamas? —grité a la lejanía. Sin girar su cabeza contesto alzando el brazo que sujetaba la gaseosa —. Cole Newman. —Soy Tessa Abades. No sé si me escuchó, o si realmente le importaba saber mi nombre, no vi su rostro ni que hizo después de eso, pero me dejó una sonrisa, una muy difícil de quitar. Es difícil imaginar que el chico que estuvo aquí me hizo sentir como si perteneciera a otra parte. Se llama Cole, tiene un lindo nombre y un muy lindo trasero.
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