Prólogo
La lluvia caía en forma de granizó. Quizás solo era su imaginación, pero eso pensaba ella. Las estrellas que alumbraban el cielo, los faros alumbrando la ciudad y los pequeños niños corriendo al rededor. La hacían sentir melancólica. Como si hubiera olvidado algo importante. Hasta que de pronto, el sonido del banco oxidante se oyó. Un chico se había sentado a su lado, con traje formal, una pulsera con varios diges y una sonrisa encantadora.
«¿Por qué Cole Newman está sentado a mi lado?» Pensó extrañada. Aquel chico no era más que el raro del instituto, alguien que llegó nuevo a la ciudad y se comporta de la hostia. A la chica se le hizo un nudo en el corazón, sintiendo como se desgarraba. Abrió la boca y volvió a cerrarla cuando el se levantó.
—¿Que haces aquí? —soltó de repente. Segura, con miedo y autoritaria.
—Vine a verte.
—Nunca hemos hablado.
El se giró sonriendo, metió las manos en sus bolsillos y pareció pensarlo.
—Yo creo que sí Tess.
—No lo recuerdo.
—Que extraño ¿No?. Olvidaste solo una parte de mí, sin embargo, prometiste que nunca lo harías. Prometiste que seríamos eternos ¿Por qué no me recuerdas?
¿Que podía decir ella? No tenía una respuesta en concreto. No tenía nada que argumentar. Tessa se levantó apretando los puños y recordó. Recordó esa misma espalda que se iba infinidades de veces, recordó las miles de ocasiones en la que solo podía mirar los hombros anchos del chico.
—Te recuerdo —susurró con lágrimas en los ojos.
—Me alegra oírlo, no llores bonita. Siempre voy a estar aquí. Aún estamos juntos ¿No es así?
Asintió perdida. Con la mano en el corazón y feliz de verlo de nuevo.
—No hay nada como un sueño para crear un futuro.
—Victor Hugo —contestó él. Newman es fan de sus frases, las recita con constancia. Y ella lo había recordado.
Hasta que despertó.