16
La tarde de lunes estaba fría y lluviosa y ya todos los miembros del grupo se encontraban en el estudio. En la oficina, Arturo se encontraba reunido con los miembros del comité. Decidían qué clase de protocolo iban a utilizar para seleccionar al nuevo m*****o. Eran las cuatro y media de la tarde cuando salieron a comunicarle a sus compañeros los detalles de la reunión.
Sergio, uno de los miembros del comité, levantó la mano y todos los demás se quedaron mirándolo e hicieron silencio. Adriana, que estaba parada junto a él tomó la palabra.
–Bueno, como todos saben, estábamos mirando cómo es que vamos a hacer para reemplazar a Eduardo… Como la vez pasada, cuando entró Carolina hubo tanto problema, decidimos cambiar un poco la manera de hacer esto –y se quedó mirando al director.
–La idea, señores… y señoritas –tomó la palabra Arturo–, es que cada aspirante interprete tres piezas. Una, con su instrumento principal; otra con su instrumento secundario; para estas dos piezas la persona va sola, sin acompañamiento de nadie. La tercera es para fijarnos en la voz, y estarán acompañados de una pista. La idea es que todos los miembros del grupo puedan concentrarse en la presentación del aspirante. Después de que el personaje haya interpretado las tres piezas, cada uno de ustedes le va a dar un puntaje, entre uno y diez. Y así con todos los aspirantes. Después de esto, los dos aspirantes con mayor puntaje pasarán a una segunda ronda –se escucharon murmullos por parte de los demás miembros del grupo–. En esta segunda ronda, tienen que interpretar una pieza usando su voz, y su instrumento preferido. Pero solo los cuatro miembros del comité… y yo, vamos a decidir quién queda escogido… o escogida, entre los dos finalistas.
Patricia se puso de pie y levantó la mano para pedir la palabra.
–Cuéntame, Pati –dijo Arturo.
– ¿Cuántos aspirantes hay?
–En total son cinco –dijo Arturo.
– ¿Y quiénes son? –preguntó Melissa.
Sergio cogió unos papeles que estaban sobre una mesa auxiliar y empezó a leer.
–Orlando Sierra, practica las tumbadoras y la guacharaca…, Diana López, bajista y saxofón…, Sandra Vega, violinista y pianista…, Héctor García, marimba y batería…, Mónica Márquez, piano y arpa– a lo que Esteban miró a Andrés y le sonrió.
–Como ustedes saben –dijo Arturo–, todos ellos son amigos o conocidos de alguna persona del grupo. Pero la idea, es que seamos lo más objetivos posibles en el momento de la votación, que no nos dejemos llevar por amiguismos.
– ¿Y cuándo vamos a hacer eso? –preguntó Luisa.
–Nos toca este miércoles… pasado mañana; ya no tenemos más tiempo. Acuérdense que este sábado nos presentamos en Cali. La idea es empezar con las audiciones tipo cuatro y media, por ahí hasta las seis o seis y media. Después seguimos con la práctica normal hasta las ocho y media.
– ¿Y al fin viajamos el viernes o el sábado temprano? –preguntó Esteban.
Arturo miró a Silvia, quien hacía parte del comité.
– ¿Al fin cómo quedó cuadrado eso, Silvie?
Silvia se puso de pie y dijo:
–Nos vamos el viernes por la noche… La idea es estar bien descansados para el sábado. Toca estar en el aeropuerto a las siete, el vuelo sale a las ocho, todos muy puntuales por favor.
– ¿Alguna duda o pregunta? –dijo Arturo.
– ¿Cuándo podemos contar con la plata de esta presentación? –preguntó Patricia.
–Ya tuvimos un anticipo para los gastos de viaje, y el lunes debemos estar recibiendo un cheque con el saldo –dijo Silvia–. Yo creo que para el martes o miércoles ya pueden contar con esa plata.
–Perfecto, porque ya está haciendo falta –dijo Patricia.
–Entiendo, no te preocupes, estamos tratando con gente muy seria… ¿alguna otra pregunta?
– ¿Y toca llevar pantaloncitos calientes? –Preguntó Luisa en tono de burla a lo que todos soltaron la carcajada.
El ensayo transcurrió de manera normal, con todos los miembros del grupo entusiasmados con la idea del viaje, y la primera presentación por fuera de Bogotá. Trabajaron mucho los temas de Fruko, artista con gran popularidad en el género de la salsa, así como también el género pop con música de grupos europeos y norteamericanos como ABBA, Electric Light Orchestra, América y Fleetwood Mac.
Al terminar la sesión, mientras Esteban salía apresurado hacia la casa de Mónica, Andrés se acercó hasta donde estaba Patricia y la saludó.
–Hola, monita, ¿cómo vas?
Patricia, que se encontraba agachada guardando unas partituras en su maletín, lo volteó a mirar y dijo:
–Bien, ¿y usted?
–Oye, ¿por qué tan seria?
Patricia puso su maletín en el suelo, y con las manos en la cintura y la cara seria le respondió:
–¿Es que usted cree que puede andar burlándose de la gente así no más?
– ¿Pero por qué dices eso? –dijo Andrés con cara de sorpresa.
– ¿Es que no se acuerda de lo que dijo el otro día allá en la cafetería esa de la esquina?
–Sí, me acuerdo, pero yo no me estaba burlando de nadie y mucho menos de ti. Inclusive arranqué corriendo detrás de ti para pedirte disculpas, pero cuando salí a la calle no te encontré.
–Más pendeja yo que me pongo a contar las cosas… –dijo Patricia en tono triste mientras se sentaba en una butaca.
–Mona, yo solo quiero que tu estés bien… Mira, ven te invito a comer algo y hablamos.
Patricia se quedó mirándolo seriamente y dijo:
–Le acepto porque no alcancé a almorzar y tengo hambre, aunque no debería…
Salieron del estudio y caminaron en silencio un par de cuadras hasta llegar a un reconocido restaurante de hamburguesas. En su interior predominaban los colores rojo y blanco; estaba bastante iluminado y se encontraba casi desocupado a pesar de ser la hora de la comida. Mientras esperaban su pedido de hamburguesas, papas a la francesa y gaseosa, se sentaron en una mesa, junto a la ventana, en la esquina más apartada posible. Patricia, con los codos encima de la mesa y apoyando la quijada en las manos, se quedó mirando por la ventana los carros que pasaban a esa hora. Ya había escampado, pero las luces de los carros se reflejaban en los charcos que habían quedado en las calles y los andenes.
–Menos mal ya escampó, pero como que fue duro el aguacero –dijo Andrés mientras observaba el lindo rostro de su amiga.
Patricia, sin apartar la mirada de la ventana dijo:
–Pobre la gente que no tiene donde escampar…
–Sí, claro… complicado eso.
–Que mamera de ciudad… toda fría y mojada –dijo Patricia mientras volteaba a mirar a su amigo.
–Pero ya pronto estaremos en Cali, disfrutando de buen clima –dijo Andrés con una sonrisa de oreja a oreja.
–Rico viajar… hace rato no salgo a ningún lado –dijo Patricia mientras cruzaba los brazos sobre la mesa.
–Yo estuve en Cartagena a mitad de año, pero casi me muero del calor –dijo Andrés mientras jugaba con el salero.
–Yo conocí Cartagena como a los… ocho años. Me acuerdo que fuimos en un barco a Bocachica, fue como rico –dijo Patricia con una leve sonrisa.
–Sí, Bocachica es bacana, sobre todo ese fuerte que hay ahí…
En ese momento llegó la mesera con la comida y la puso sobre la mesa. Andrés la miró y le agradeció con una sonrisa.
–Esto se ve bueno, y con este filo… –dijo Patricia, y procedió a darle el primer mordisco a su hamburguesa.
–Sí, justo a tiempo, esos ensayos siempre me dejan con hambre.
–Yo pienso que tú debes quedar con mucha sed, como te toca cantar tanto –dijo Patricia.
–Al principio sí, pero ya me acostumbré, ahora ya ni me acuerdo.
–A mí cuando me toca hacer coros me gusta tener algo de tomar, y en voz principal… ni se diga.
–Es cuestión de costumbre… creo yo –dijo Andrés–. ¿Sí está buena tu hamburguesa?
–Deliciosa, mil gracias –dijo Patricia retomando un tono serio.
–Me alegra –dijo Andrés mirándola fijamente a los ojos–. Pero en serio mona que yo no quiero que estés brava conmigo. Si dije lo de la plata que nos vamos a ganar no fue por burlarme, yo quiero ayudarte en todo lo que pueda.
Patricia lo miró y dijo:
–Gracias, lo que pasa es que yo me siento muy mal con todo esto; además estábamos ahí con Luisa y Eduardo, y tampoco quiero que todo el mundo se entere y que se arme un drama.
–Eduardo ya no está, y por Luisa no te preocupes que ella es muy prudente, además le caes súper bien.
–Es que esto es tenaz, mi papá anda todo estresado, mi mamá también…
–Te entiendo…, pero al menos les vas a poder ayudar, ¿no te parece genial?
Patricia tomó un sorbo de su gaseosa.
–Supongo… Ojalá paguen eso rápido.
–Según los del comité, deberíamos tener esa plata más o menos en una semana.
–Dios te oiga –dijo Patricia volviendo a mirar hacia la calle.
Andrés le cogió la mano.
–Mona, en serio yo quiero ayudarte, por favor cuenta con la plata mía también.
Patricia lo volteó a mirar.
–Mil gracias, pero no quiero quedar debiendo… –se rio para sí misma–, es decir…, yo te pago eso apenas pueda, pero…, cómo te explico…
La mirada de Andrés era de total expectativa y le apretó fuertemente la mano a su amiga.
–Hay un problema técnico –dijo Patricia soltándole la mano–, yo sé, y todo el mundo sabe que tú andas detrás de mí…
Andrés se sonrojó pero siguió mirándola directo a los ojos.
–Entonces tú dices que me prestas una plata…
–No te la presto, te la regalo –dijo Andrés sonriendo.
–Bueno… gracias… Es que ese es el problema…
– ¿Por qué problema?
– ¿Qué pasa si tú me das esa plata… pero yo no me quiero cuadrar contigo?
Andrés miró hacia la calle un par de segundos y volteó a mirar a su amiga.
–No importa, yo solo te quiero ayudar, no quiero verte mal, quiero que estés contenta.
Patricia tomó un sorbo de su gaseosa y se quedó mirando por la ventana.
– ¿Y no te importa lo de Pachito?
–Pero tú ya terminaste con él, ¿o no?
–Sí, eso ya… terminó…
– ¿Pero todavía te gusta o qué?
–No, ese tipo es muy perro –dijo Patricia.
–Eso me supuse. Esos hijos de p**i, con carros arreglados y que corren en el autódromo… suelen ser así.
–Sí…, él es así, tal cual.
–Es que yo sé lo que a ti te está frenando –dijo Andrés mirándola a los ojos.
Patricia empezó a jugar nerviosamente con el pitillo de su gaseosa.
–Y según tú, ¿qué me está frenando?
–Para mí desgracia… yo creo que a ti te gusta Esteban –dijo Andrés torciendo la boca.
Patricia se quedó mirando por unos instantes su vaso de gaseosa mientras trataba de romper el pitillo. Finalmente levantó la mirada.
–Esteban es un churro, es de lo mejor que conozco…, muy querido y todo, pero nooo, él anda súper bien con la novia; y ahora inclusive la quiere meter al grupo, entonces no, nada que ver.
–Pero a ti te gusta… o te gustaba –dijo Andrés.
–Sí, no lo voy a negar, a mí me gustaba; pero como te digo, ahí no hay nada que hacer.
–Pero si él estuviera sólo, es decir que si no anduviera con Mónica, ¿tú te cuadrarías con él?
Patricia respondió usando un tono algo malgeniado:
–Pero qué sacamos aquí hablando de ciencia ficción, eso es como si tú te quisieras cuadrar con Farrah Fawcett…
Andrés soltó la carcajada.
–Ni que Esteban fuera una estrella de Hollywood.
–Pues Esteban está muy bien, pero ya te dije que ahí no hay caso y listo… No me voy a quedar ahí esperando a ver si algún día termina con su noviecita; yo tengo que seguir mi vida.
–Y yo mataría por que la quisieras seguir conmigo, al lado mío –dijo Andrés mirándola fijamente.
– ¿En serio? –dijo Patricia con una leve sonrisa.
–Mona, tú me fascinas, desde que entraste al grupo yo quedé flechado…
– ¿Flechado? –dijo Patricia con una pícara sonrisa.
–Siií, flechado contigo, tú eres espectacular en todo sentido.
–Mmmm, ya… Pues… déjame pensarlo –dijo Patricia con una leve sonrisa.
– ¿En serio? ¿Lo vas a pensar?
–Ya te dije que sí, dame unos días… y volvemos a hablar.
–Sea lo que sea monita, en todo caso, cuenta con esa plata –dijo Andrés con una amplia sonrisa.
–Mejor dejemos el cuento de la plata por fuera de esto –dijo Patricia dirigiéndole una tierna sonrisa.
Y en ese momento empezó a llover nuevamente.