Capitulo 13

2327 Words
*Año 1901* Después de unos cuantos segundos, Elizabeth por fin había llegado a su época, aquella joven empezó a mirar a su alrededor, esperando poder ver qué algo hubiera cambiado, tal vez eso sería una señal de que todo estaría bien, pero a pesar de sus intentos por encontrar algo diferente,  todo seguía igual en aquellos lugares. — Los deseos si se cumplen, los deseos si se cumplen, los deseos si se cumplen, eso espero realmente, por favor que mi deseo se haya cumplido, lo deseo realmente, no quiero casarme con nadie y mucho menos con alguien que considero mi hermano — se repetía una y otra vez aquella joven. Elizabeth realmente quería que aquel matrimonio no se cumpliera, que se disolviera por arte de magia, aunque ella no entendía con exactitud como funcionaban esas cosas, pero aún así, quisiera que algo pasará para que todo se cancelara, además de que ella no se quería casar, ella esperaba que todo pudiera mejorar, ya que ella quería vivir su juventud, apenas era una niña inmadura, eso pensaba ella, Elizabeth solo quería vivir su vida feliz y sin tener que tener obligaciones a tan temprana edad, agregándole que ella veía horrible casarse con su primo, ya que lo consideraba como su hermano, se casaría con alguien de su familia y eso a ella le asustaba y le disgustaba de gran manera, le disgustaba que nadie tomara en cuenta sus sentimientos y pusieran sus necesidades sobre ella. Aquella joven camino un largo camino hacia su casa, esperando que lo que había deseado se hiciera realidad y pudiera estar libre de aquel compromiso y de cualquiera que pudiera ser posible, ella realmente extrañaba al jardinero con el que había terminado, pero ella sabía a la perfección que si no lo hacía, si no terminaban, a él le iría muy mal y Elizabeth no quería ser la culpable de que a su amado le pudiera pasar algo muy malo, ya que ella realmente lo amaba con gran intensidad y sabía que su madre sería capaz de cualquier cosa, con tal de que ella hiciera lo que Elizabeth quería. — Por fin llegue — dijo aquella joven mientras se paraba enfrente de su casa, después de caminar un largo camino. Aquella joven por fin había llegado a su casa, con un poco de nervios sobre ella, ya que no sabía que era lo que podría pasar y mucho menos sobre si lo que había deseado se volvió realidad o era simple mentira y la magia tal vez no existía, aunque no se explicaba por qué aquella biblioteca podría hacer que los libros cobraran vida. Antes de entrar, aquella pequeña soltó un gran suspiro, el temor y los nervios se apoderaban cada vez más de se delgado cuerpo  — Todo estará bien, todo estará bien, todo estará bien —se repetía así misma una y otra vez, intentando creer que realmente todo mejoraría, no paso mucho tiempo y por fin se había decidido a abrir la puerta. — Está listo — se escuchó a lo lejos decir a la madre de Elizabeth. — Creo que se refiere a mi vestido — dijo Elizabeth un poco deprimida mientras cerraba la puerta. El ama de llaves vio a aquella joven un poco deprimida. — ¿Que tiene pequeña dama?, Debería estar alegre, su vestido ya está terminado — dijo con emoción aquella señora. — Su, mi vestido de bodas, ya lo había visto — dijo con desilusión Elizabeth. — ¿Que?— soltó una pequeña risa el ama de llaves — Señorita, no sé de qué habla, pero me refiero que es a su vestido por una fiesta que harán sus padres por motivo de aniversario — dijo el ama de llaves con emoción — Por cierto, su novio la está esperando en el patio de atrás — dijo aquella señora para luego irse  — ¿Mi novio?— se pregunto Elizabeth confundida. Aquella joven camino en dirección al patio y empezó a buscar, a lo lejos pudo ver al jardinero, con el que se suponía había terminado y no lo había vuelto a ver. A Elizabeth le empezó a recorrer una pequeña lágrima por el ojo izquierdo. — Sebastián — dijo en un susurro y con una gran sonrisa, para luego limpiarse la pequeña lágrima. Aquel joven se acercó a la pequeña doncella con una gran sonrisa, ella de inmediato lo abrazo. — Te extrañe — dijo Elizabeth mientras le susurraba al oído entre lágrimas. — No tienes por qué llorar — dijo Sebastián mientras sacaba un pañuelo limpio y le limpiaba a Elizabeth las lágrimas. Elizabeth de pronto cambio su rostro de felicidad a temor — Esconderte, si mi madre te ve, te puede destruir — dijo aquella chica muy asustada mientras miraba a todos lados con mucha angustia. Sebastián soltó una pequeña risa. — ¿Que es tan gracioso?— pregunto aquella joven mientras lo miraba con mucha confusión. — Eres tan tierna ¿No recuerdas que tus padres nos dejaron ser novios?, En serio que eres muy olvidadiza, pero aún así te amo y les prometí que trabajaría duro para poderte pagar una boda como tú te mereces, claro, cuando los dos estemos preparados — dijo Sebastián mientras miraba a Elizabeth con mucha ternura. — ¿No me iba a casar con mi primo?— pregunto con confusión aquella joven. — Hermosa, no se a que te refieres, tu primo está muy feliz con Amelia y tu tía la adora mucho, dice que fue una muy buena elección que su hijo este con ella — dijo de repente Sebastián. — El deseo se cumplió — dijo Elizabeth con una enorme sonrisa mientras le daba un tierno beso en la mejilla a su novio. — ¿ Que, que deseo?— pregunto Sebastián con confusión. — Verás, te contaré mi secreto — dijo Elizabeth con una gran sonrisa mientras volteaba a ver a todos lados, percatando se de que no hubiera alguna persona merodeando por los alrededores. — Claro, dime — dijo Sebastián mientras la miraba con ternura. — A unos kilómetros de aquí, a las afueras, encontré una gran biblioteca — dijo Elizabeth con entusiasmo, mientras que Sebastiána escuchaba con detenimiento — en esa biblioteca ocurren cosas mágicas, los libros cobran vida, conocí a un joven, el cual leyó un libro de unas estrellas fugacez, al leer una sola frase, estrella tras estrella empezaron a salir del libro, fue impresionante, los libros no se quemaron, a decir verdad, nada se quemó, aquel joven me dijo que pidiera un deseo, yo hice caso, así que desee no casarme con mi primo o con alguien que no quisiera, porque con anterioridad yo estaba comprometida con Louis y a ti te habían despedido, pero ahora no, que emoción— dijo muy entusiasmada aquella joven. Sebastián todavía seguía procesando lo que su novia le acababa de decir, después de unos segundos, se preparo para decir algo — Pequeña, a las afueras no hay biblioteca alguna, además de que no entendería porque sus padres los quisieran casar, ya que se han portado muy buenos desde hace tiempo, amor, creo que tuviste un raro sueño — dijo Sebastián mientras abrazaba con mucha ternura a su novia. — No me lo imaginé, hablo en serio — dijo de repente Elizabeth, ella quería que su novio le creyera. — Si creer en esto te hace feliz, entonces creo que todo eso que me dijiste es cierto — dijo Sebsstain mientras se separan del abrazo y miraba a su novia a los ojos con una gran sonrisa. — No me crees— dijo Elizabeth mientras hacía un puchero. —Es que es algo imposible de creer, pero confío en lo que dices, deberías prepararte para el baile de aniversario de tus padres, te veré en la noche — dijo Sebastián con una gran sonrisa. — ¿En serio vendrás?— dijo con Emoción Elizabeth. — Claro, tus padres me invitaron — dijo  Sebastián mientras le daba un tierno beso en la mejilla a su novia. — Entonces, haya te veo — dijo muy feliz Elizabeth. Ambos se dieron un gran abrazo y después de unos segundos se separaron. Sebastián siguió con su trabajo, mientras que Elizabeth regreso a su casa para poder buscar a su madre. — Los deseos si se cumplen — dijo aquella joven entre susurros. Aquella joven después de buscar a su madre, por fin la había encontrado. — Buenas tardes querida madre — dijo Elizabeth mientras entraba a la habitación y con tanta emoción, le daba un beso en la mejilla a su madre. — Que tierna cariño — dijo la madre de Elizabeth de repente y con una gran sonrisa — ven, prueba el vestido para el aniversario de tu padre y mío — dijo con emoción. Elizabeth hizo caso, se dirigió al baño y se lo puso, después de un par de minutos salió. — Que hermoso te queda cariño, será mejor que te vayas a bañar y a alistar, que no tarde y en un par de horas, los invitados empiezan a llegar — dijo la madre de Elizabeth con una gran sonrisa. — Claro que sí madre, solo me quitó el vestido y me dirijo a alistar — dijo de repente Elizabeth. — Cuando te quites el vestido, lo llevas a tu habitación y ahí mismo te alistas — dijo la madre de Elizabeth de inmediato. Aquella joven asintió, de inmediato se quitó el vestido para luego dirigirse a su habitación. — Esto es asombroso — dijo aquella joven mientras se tiraba acostada hacía su cama, Elizabeth estaba tan feliz por qué su deseo se había hecho realidad, aunque esto implicaba que todo cambiaría, pero a Elizabeth eso le gustaba, ya que su madre se portaba diferente, la trataba mejor, de su padre no tenía queja, ya que era el que la trataba bien y Sebastián, seguía trabajando ahí. Elizabeth de inmediato se paró — Cierto, debo alistarme de inmediato — dijo aquella joven mientras se dirigía de inmediato al baño. Elizabeth se empezó a bañar y después de un par de minutos salió, aquella joven se empezó a poner el vestido que su querida madre le había mandado a hacer, Elizabeth no recordaba estar tan feliz de ponerse un vestido que su madre le mandara a hacer, ya que el vestido que se pondría era un vestido de novia, pero en esta ocasión, era diferente, era un vestido simple, un vestido de fiesta y esto la llenaba de emoción, Elizabeth abrazo aquel vestido con mucha fuerza, después de unos segundos más, se lo puso. Elizabeth se miro por un momento ante el gran espejo que se encontraba en su habitación. — Que hermoso es portar un vestido y no exactamente de novia — dijo con entusiasmo aquella joven. Una de las sirvientas tocó la puerta, para luego decir — Pequeña dama, le arreglaré el cabello — se escuchó detrás de la puerta, esto hizo que Elizabeth saliera de sus pensamientos. — Adelante, está abierto — dijo de inmediato Elizabeth. Después de unos minutos, la joven sirvienta había terminado. — Listo— dijo orgullosa del peinado que le había hecho a Elizabeth. Elizabeth se miro detenidamente al espejo — Me gusta — dijo con emoción aquella joven. — Que bueno que le guste, paso a retirarme — dijo la joven sirvienta para luego hacer una reverencia e irse. El tiempo paso y los invitados iban llegando. — Hora de ir a la fiesta — dijo Elizabeth con una gran sonrisa. Aquella joven bajo las escaleras de su gran mansión, todos la miraban con asombro, después de todo era la hija de unas de las personas más ricas de esos lugares, además de que impartía un brillo espectacular y era muy hermosa. Elizabeth miro a todos lados intentando encontrar a una persona, hasta que su mirada se centro en él, aquel joven portaba un traje que lo hacía ver muy asombroso, rápidamente Elizabeth se dirigió hacía donde se encontraba Sebastián. — Te ves bien — dijo aquel joven refiriéndose a Elizabeth. — Estás muy guapo — soltó de repente aquella joven para luego sonrojarse. Sebastián soltó una pequeña risita. La música empezó a sonar, era una música lenta pero bailable. — ¿Me concede esta pieza mi lady?— dijo Sebastián mientras hacía una reverencia y extendía su mano. — Claro que sí — dijo Elizabeth haciendo lo mismo que Sebastián. Aquellos jóvenes empezaron a bailar muy pegados, ambos se sentían muy bien de estar juntos. Después de un tiempo de bailar, la ceremonia de aniversario empezó. Pasaron unos minutos del discurso de ambos padres de Elizabeth. — Disfruten la fiesta — dijo el padre de aquella joven. Elizabeth volteó a ver a Sebastián y le sonrió, ella seguía sin creer que todo esto estuviera pasando. Rápidamente Louis y Amelia llegaron y los interrumpieron. — Que bonitos se ven juntos — dijo de inmediato Louis mientras llegaba agarrado de la mano de su novia Amelia. — Ustedes también hacen bonita pareja — dijo con emoción Elizabeth. La fiesta siguió su ritmo, todos estaban tan felices, hasta que después de una larga noche, termino. Todos se fueron a sus respectivos hogares y Elizabeth seguía sin poder creer lo que estaba viviendo. Sebastián, Amelia y Louis, se despidieron de Elizabeth y regresaron a sus casas. Aquella joven de inmediato se fue a su habitación, se tiró a la cama y soltó un gran suspiro. — Fue la mejor noche — dijo aquella joven mientras poco a poco se iba quedando dormida de lo agotada que estaba en esos momentos. El día por fin había llegado, así que decidió cambiarse de ropa e ir a la biblioteca, aquella joven estaba demasiado feliz que quería compartir eso con su nuevo amigo, así que rápidamente salió de su habitación, buscando por todos lados, esperando no toparse con alguien, para luego salir de la gran mansión, en dirección a la biblioteca.
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