EPÍLOGO.
Podía sentir el aire entrando por mis pulmones, la briza que alborotaba mis cabellos y podía escuchar su voz llamándome continuamente; hacía mucho no sentía el silencio que ahora tengo, sin embargo no podía dejar de pensar porque al dejarme no cargo con sus manías.
Porque no se llevó con sigo su aroma, el eco de su risa...porque se olvidó de llevarme.
Mire al cielo azulado...azulado tanto como el mar con grandes nubes blancas como el algodón, tan perfecto como nosotros.
Éramos perfectos, nada podía salir mal...eso creía yo
La melancólica y el dolor comenzó a apoderarse de mi cuerpo y mente...ya no podía pensar en nada más que razones, razones por lo que pasó lo que pasó, y razones para olvidar; entre más pensaba...más sufría y dudaba que algo de lo que pasó en estos meses hubiera sido real...
¿porque todo se repetía?
¿porque me dejó?
¿porque dolía tanto?
¿porque me traiciono?
¿porque mato mi amor?
¿porque lo hice?
Aún amándolo no podía perdonarlo me había traicionado, y hace tiempo yo Esmeralda Collins prometí nunca jamás volver a mirar al pasado...jamás.
Así que, creo...todo estaba destinado a repetirse, yo estaba destinada a vivir con dolor y culpa.