.:. CHAPTER TWO .:.
( TO THE RESCUE )
-¡RON! ¡NIX! -exclamó Harry, encaramándose a la ventana y abriéndola para poder hablar con ellos a través de la reja- ¿cómo han logrado…? ¿Qué…?
Harry se quedó boquiabierto al darse cuenta de lo que veía. Ron sacaba la cabeza por la ventanilla trasera de un viejo coche de color azul turquesa que estaba detenido ¡ni más ni menos que en el aire! Sonriendo a Harry, mientras que Lyra trataba de ponerse en el lugar de Ron poniendole una mano en la cara, desde los asientos delanteros, estaban Fred y George que se reian de lo que hacía la ojigris.
-¿Todo bien, Harry?
-No estas muerto ¿no? -preguntó Lyra.
-¿Qué ha pasado? -preguntó Ron- ¿Por qué no has contestado a mis cartas? Te he pedido unas doce veces que vinieras a mi casa a pasar unos días, y luego mi padre vino un día diciendo que te habían enviado un apercibimiento oficial por utilizar la magia delante de los muggles.
-¡Yo también te mande cartas Harry Potter y no contestaste ni una!
-No fui yo. Pero ¿cómo se enteró? -dijo Harry ignorando el comentario de Lyra, después iba a tener mucho tiempo para hablar con ella.
-Trabaja en el Ministerio -contestó Ron- Sabes que no podemos hacer ningún conjuro fuera del colegio.
-¡Tiene gracia que tú me lo digas! -repuso Harry, echando un vistazo al coche flotante.
-¡Esto no cuenta! -explicó Ron- Sólo lo hemos cogido prestado. Es de mi padre, nosotros no lo hemos encantado. Pero hacer magia delante de esos muggles con los que vives…
-¡Encima que te salvamos de una muerte segura te quejas! -exclamó Lyra haciendo que los gemelos rian.
-No he sido yo, ya te lo he dicho…, pero es demasiado largo para explicarlo ahora. Mira, puedes decir en Hogwarts que los Dursley me tienen encerrado y que no podré volver al colegio, y está claro que no puedo utilizar la magia para escapar de aquí, porque el ministro pensaría que es la segunda vez que utilizo conjuros en tres días, de forma que…
-Deja de decir tonterías -dijo Ron- Hemos venido para llevarte a casa con nosotros.
-Pero tampoco ustedes pueden utilizar la magia para sacarme…
-¡Me haces sentir mal, Potter! Quien necesita magia si tienen a la gran Lyra Scamander -los gemelos fingieron tos- juntos con Fred y George, claro esta.
-Ata esto a la reja -dijo Fred, arrojándole un cabo de cuerda.
-Si los Dursley se despiertan, me matan -comentó Harry, atando la soga a uno de los barrotes. Fred aceleró el coche.
-Bueno si moris, quiero a Hedwig -dijo la ojigris y Harry la miro con una sonrisa socarrona.
-No te preocupes -dijo Fred- y apártate.
El coche aceleró más y más, y de pronto, con un sonoro crujido, la reja se desprendió limpiamente de la ventana mientras el coche salía volando hacia el cielo. Harry corrió a la ventana y vio que la reja había quedado colgando a sólo un metro del suelo.
Entonces Ron fue recogiendo la cuerda hasta que tuvo la reja dentro del coche. Fred dio marcha atrás para acercarse tanto como pudo a la ventana de Harry.
-Entra -dijo Ron.
-Pero todas mis cosas de Hogwarts… Mi varita mágica, mi escoba…
-¿Dónde están?
-Guardadas bajo llave en la alacena de debajo de las escaleras. Y yo no puedo salir de la habitación.
-No te preocupes -dijo George desde el asiento del acompañante mirando a Lyra- Quítate de ahí, Harry.
Fred y George entraron en la habitación de Harry trepando con cuidado por la ventana, para después ayudar a Lyra a subir.
El chico Potter quedo anonadado mirando a Nix mientras esta se sacaba una horquilla del pelo para forzar la cerradura, sin duda la ojigris había crecido y al de lentes le pareció que nunca antes había visto una sonrisa tan linda como la de su mejor amiga.
Se quedo asi, un rato más mirándola festejar el poder abrir la puerta hasta que George lo saco de sus pensamientos.
-Bueno, nosotros bajaremos a buscar tus cosas. Recoge todo lo que necesites de tu habitación y ve dándoselo a Ron por la ventana -susurró.
-Tengan cuidado con el último escalón, porque cruje -les susurró Harry mientras los gemelos y Nix se internaban en la oscuridad.
Harry fue cogiendo sus cosas de la habitación y se las pasaba a Ron a través de la ventana. Luego ayudó a Fred y a George a subir el baúl por las escaleras porque Lyra venia atrás muy entretenida mirando la casa, no era un secreto que amaba las cosas muggles. Se oyó toser al tío Vernon.
Una vez en el rellano, llevaron el baúl a través de la habitación de Harry hasta la ventana abierta. Fred pasó al coche para ayudar a Ron a subir el baúl, mientras Harry y George lo empujaban desde la habitación y Lyra se sentaba en la cama de su amigo a esperar que terminen para poder subir al auto.
El tío de Harry volvió a toser.
-Un poco más -dijo jadeando Fred, que desde el coche tiraba del baúl- empujen con fuerza…
Harry y George empujaron con los hombros, y el baúl terminó de pasar de la ventana al asiento trasero del coche.
-Estupendo, vámonos -dijo George en voz baja- ¡Vamos, Lyra!
La recién nombrada subio al coche sin ningún problema ubicándose en em medio de la parte de atrás.
-¡ESA MALDITA LECHUZA!
-¡Me olvidaba de Hedwig!
Lyra quiso pegarle, como alguien se podia olvidar de su fiel amigo.
Harry cogió la jaula de Hedwig, volvió velozmente a la ventana, y se la pasó a Nix, quien empezó a hacerle caricias en la cabeza mentiendo su dedo entre los barrotes de la jaula.
Harry estaba subiendo al alféizar cuando su tío aporreó la puerta, y ésta se abrió de par en par.
Durante una fracción de segundo, su tío se quedó inmóvil en la puerta; luego soltó un mugido como el de un toro furioso y, abalanzándose sobre Harry, lo agarró por un tobillo.
Nix, Fred y George lo asieron a su vez por los brazos, y tiraban de él todo lo que podían.
-¡Petunia! -bramó su tío- ¡Se escapa! ¡SE ESCAPA!
Pero los Weasley tiraron con más fuerza, y el tío Vernon tuvo que soltar la pierna de Harry.
Tan pronto como éste se encontró dentro del coche y hubo cerrado la puerta con un portazo, gritó Ron:
-¡Fred, aprieta el acelerador!
Y el coche salió disparado en dirección a la luna.
-¡Hasta el próximo verano! -gritó Harry.
Los Weasley y Nix se rieron a carcajadas, y Harry se recostó en el asiento, con una sonrisa de oreja a oreja.
-Suelta a Hedwig -dijo a Ron- y que nos siga volando. Lleva un montón de tiempo sin poder estirar las alas.
George le pasó la horquilla a Ron y, en un instante, Hedwig salía alborozada por la ventanilla y se quedaba planeando al lado del coche, como un fantasma.
-¡Pelirrojo! -exclamó Lyra- te adueñaste de mi horquilla.
-Si ni la usas -se defendio George.
-Lo unico que usas en el pelo es la corbata de Gryffindor -ayudó su hermano gemelo.
Y si que tenian razón, al segundo día de su primer año en Hogwarts, Lyra había dicho que no iba a usar más la corbata porque la ahorcaba y desde ese día empezó a atarse la corbata en la cabeza ganándose varios retos de todos los profesores y menos puntos.
-¡Bueno, bueno! -dijo Nix levantando las manos en señal de paz- se los regalo.
-Entonces, Harry, ¿por qué…? -preguntó Ron impaciente- ¿Qué es lo que ha ocurrido?
Harry les explicó lo de Dobby, la advertencia que le había hecho y el desastre del pudín de violetas.
-Muy sospechoso -dijo finalmente Fred.
-Me huele mal -corroboró George- ¿Así que ni siquiera te dijo quién estaba detrás de todo?
-Eso querido George es porque no te bañaste -dijo Lyra pero nadie le prestó atención a excepción de Fred que le regalo una sonrisa amistosa.
-Creo que no podía -dijo Harry- ya les he dicho que cada vez que estaba a punto de irse de la lengua, empezaba a darse golpes contra la pared.
Fred y George se miraron.
-¿Creen que me estaba mintiendo? -preguntó Harry.
-Bueno -repuso Fred- tengamos en cuenta que los elfos domésticos tienen mucho poder mágico, pero normalmente no lo pueden utilizar sin el permiso de sus amos. Me da la impresión de que enviaron al viejo Dobby para impedirte que regresaras a Hogwarts. Una especie de broma. ¿Hay alguien en el colegio que tenga algo contra ti?
-Sí -respondieron Ron y Harry al unísono.
-Draco Malfoy -dijo Lyra- Odia a Harry.
-¿Draco Malfoy? -dijo George, volviéndose- ¿No es el hijo de Lucius Malfoy?
-Supongo que sí, porque no es un apellido muy común -contestó Harry- ¿Por qué lo preguntas?
-He oído a mi padre hablar mucho de él -dijo George- Fue un destacado partidario de Quien-tú-sabes.
-Y cuando desapareció Quien-tú-sabes -dijo Fred, estirando el cuello para hablar con Harry- Lucius Malfoy regresó negándolo todo. Mentiras… Mi padre piensa que él pertenecía al círculo más próximo a Quien-tú-sabes.
-No sé si los Malfoy poseerán un elfo -dijo Harry.
-Yo creo que si tienen, y más de uno -habló Lyra.
-Bueno, sea quien sea, tiene que tratarse de una familia de magos de larga tradición, y tienen que ser ricos -observo Fred.
-Sí, mamá siempre está diciendo que querría tener un elfo doméstico que le planchase la ropa -dijo George- Pero lo único que tenemos es un espíritu asqueroso y malvado en el ático, y el jardín lleno de gnomos. Los elfos domésticos están en grandes casas solariegas y en castillos y lugares así, y no en casas como la nuestra.
-De cualquier manera, estoy muy contento de que hayamos podido rescatarte -dijo Ron- Me estaba preocupando que no respondieras a mis cartas. Al principio le echaba la culpa a Errol…
-¿Quién es Errol?
-Nuestra lechuza macho. Pero está viejo. No sería la primera vez que le da un colapso al hacer una entrega. Así que intenté pedirle a Percy que me prestara a Hermes…
-¿Quién?
-La lechuza que nuestros padres compraron a Percy cuando lo nombraron prefecto -dijo Fred desde el asiento delantero.
-Pero Percy no me la quiso dejar -añadió Ron- Dijo que la necesitaba él.
-Este verano, Percy se está comportando de forma muy rara -dijo George, frunciendo el entrecejo- Ha estado enviando montones de cartas y pasando muchísimo tiempo encerrado en su habitación… No puede uno estar todo el día sacando brillo a la insignia de prefecto. Te estás desviando hacia el oeste, Fred -añadió, señalando un indicador en el salpicadero. Fred giró el volante.
-¡Seguro tiene novia! -dijo Lyra riendo y los gemelos la siguieron.
-¿Su padre sabe que se han llevado el coche? -preguntó Harry, adivinando la respuesta.
-Esto…, no -contestó Ron- esta noche tenía que trabajar. Espero que podamos dejarlo en el garaje sin que nuestra madre se dé cuenta de que nos lo hemos llevado.
-¿Qué hace su padre en el Ministerio de Magia?
-Trabaja en el departamento más aburrido -contestó Ron- el Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles.
-Eso es porque ustedes no saben apreciar lo genial de las cosas muggles -hablo Lyra.
-Ahí está la carretera principal -dijo George, mirando hacia abajo a través del parabrisas- Llegaremos dentro de diez minutos… Menos mal, porque se está haciendo de día.
-Que bien porque estoy muriendo de sueño -se quejo Lyra poniendo su cabeza en el hombro de Harry, el cual se sonrojo y miro para la ventana.
-Vivimos un poco apartados del pueblo -explicó George- En Ottery Saint Catchpole.
El coche volador descendía más y más. Entre los árboles destellaba ya el borde de un sol rojo y brillante.
-¡Aterrizamos! -exclamó Fred cuando, con una ligera sacudida, tomaron contacto con el suelo. Aterrizaron junto a un garaje en ruinas en un pequeño corral.
-No es gran cosa.
-Es una maravilla -repuso Harry.
-Eso le dije yo -dijo Lyra mientras bostezo.
-Ahora tenemos que subir las escaleras sin hacer el menor ruido -advirtió Fred- y esperar a que mamá nos llame para el desayuno. Entonces tú, Ron, bajarás las escaleras dando saltos y diciendo: «¡Mamá, mira quién ha llegado esta noche!» Ella se pondrá muy contenta, y nadie tendrá que saber que hemos cogido el coche.
-Bien -dijo Ron- Vamos, Harry, yo duermo en el…
De repente, Ron se puso de un color verdoso muy feo y clavó los ojos en la casa.
Los otros cuatro se dieron la vuelta. La señora Weasley iba por el corral espantando a las gallinas, y para tratarse de una mujer pequeña, rolliza y de rostro bondadoso, era sorprendente lo que podía parecerse a un tigre de enormes colmillos.
-¡Ah! -musitó Fred.
-¡Dios mío! -exclamó George.
-Ron tu mamá me da miedo enojada -susurro Lyra.
La señora Weasley se paró delante de ellos, con las manos en las caderas, y paseó la mirada de uno a otro.
-Así que… -dijo.
-Buenos días, mamá -saludó George, poniendo lo que él consideraba que era una voz alegre y encantadora.
-¿Tienen idea de lo preocupada que he estado? -preguntó la señora Weasley en un tono aterrador.
-Perdona, mamá, pero es que, mira, teníamos que…
Aunque los tres hijos de la señora Weasley eran más altos que su madre, se amilanaron cuando descargó su ira sobre ellos.
-¡Las camas vacías! ¡Ni una nota! El coche no estaba… ¡Se llevaron a Lyra también!, podrian haber tenido un accidente… Creía que me volvía loca, pero no led importa, ¿verdad?… Nunca, en toda mi vida… Ya veran cuando llegue a casa su padre, un disgusto como éste nunca me lo dieron Bill, ni Charlie, ni Percy…
-Percy, el prefecto perfecto -murmuro Fred.
-¡PUES PODRÍAS SEGUIR SU EJEMPLO! -gritó la señora Weasley, dándole golpecitos en el pecho con el dedo- Podrían haberse matado o podría haberlos visto alguien, y su padre haberse quedado sin trabajo por su culpa…
-Me alegro de verte, Harry, cielo -dijo- Pasa a desayunar.
La señora Weasley se encaminó hacia la casa y todos la suiguieron.
La señora Weasley preparaba el desayuno sin poner demasiada atención en lo que hacía, y en el rato que tardó en freír las salchichas echó unas cuantas miradas de desaprobación a sus hijos. De vez en cuando murmuraba: «cómo se les pudo ocurrir» o «nunca lo hubiera creído».
-Tú no tienes la culpa, cielo y tu menos Lyra -aseguró a Harry, echándole en el plato ocho o nueve salchichas- Arthur y yo también hemos estado muy preocupados por ti. Anoche mismo estuvimos comentando que si Ron y Lyra seguian sin tener noticias tuyas el
viernes, iríamos a buscarte para traerte aquí. Pero -dijo mientras le servía tres huevos fritos a Lyra ya que no comia carne- cualquiera podría haberlos visto atravesar medio país volando en ese coche e infringiendo la ley…
-¡Estaba nublado, mamá! -dijo Fred.
-¡No hables mientras comes! -le interrumpió la señora Weasley.
-¡Lo estaban matando de hambre, mamá! -dijo George.
-¡Cállate tú también! -atajó la señora Weasley.
En aquel momento apareció en la cocina una personita bajita y pelirroja, que llevaba puesto un largo camisón y que, dando un grito, se volvió corriendo, provocando que Lyra riera.
-Es Ginny -dijo Ron a Harry en voz baja- mi hermana. Se ha pasado el verano hablando de ti.
-Sí, debe de estar esperando que le firmes un autógrafo, Harry -dijo Fred con una sonrisa, pero se dio cuenta de que su madre lo miraba y hundió la vista en el plato sin decir ni una palabra más.
-Estoy que reviento -dijo Fred, bostezando- Creo que me iré a la cama y..
-De eso nada -interrumpió la señora Weasley- Si te has pasado toda la noche por ahí, ha sido culpa tuya. Así que ahora vete a desgnomizar el jardín, que los gnomos se están volviendo a desmadrar.
-Pero, mamá…
-Y ustedes dos, vayan con él -dijo ella, mirando a Ron y Fred- Ustedes sí puedes irse a la cama.
-Bien, me voy con Ginny -dijo Lyra haciendo una de esas sonrisas que le hacía a la profesora McGonagall para que no la castigue.