Aunque no lo crea, el tiempo ha transcurrido muy rápido, el cree que solo han pasado un par de horas, pero en realidad, ya van llegando las del anochecer, no se ha percatado de lo que había quedado el día anterior con su esposa Ivaana (Mañana temprano saldré a buscar algo de comida, no puedo quedarme con los brazos cruzados mientras mi familia se sacrifica, prefiero morir que ver eso, vamos hacer lo siguiente, si antes del anochecer yo no he llegado te vas pero con los niños, le dirás que yo me fui y no volveré, pues me habrá comido la nieve o alguna bestia).
El se dirige muy contento con todas las provisiones que le han sido obsequiadas por la criatura que ha conocido, sin siquiera pensar lo que va a tener que presenciar. Justo ya las horas de la noche, llega a su hogar. Le parece bastante extraño que no escucha ningún ruido, llama y nadie sale. Se baja de su medio de transporte y entra; observa que no hay nadie, revisa donde se guardan las ropas y prendas de su esposa e hijos, y no hay nada. Recuerda la petición que le hizo a su esposa y manifiesta:
— No puede ser, maldigo mi suerte, ya mi esposa y mis hijos no son míos, le pertenecen al Chamán—. Sabes muy bien que al entregarlos no puede volver a pedirlos de regreso eso no es así, y de hacerlo se llegarían a ganar el desprecio de su comunidad, pasarían a ser “castigados”, y el castigo sería el destierro, y en caso de tener el perdón, la indiferencia, nadie podría dirigirse a ellos aunque fueran miembros de su propia familia, serían tratados peor que a los animales.
Piensa detenidamente ¿Qué hacer?, pero recuerda sobre la promesa de amor que le hizo a Ivaana desde muy pequeño: ¡TE AMARE HASTA MI ÚLTIMO SUSPIRO DE VIDA! Piensa también que prefiere el destierro a vivir sin su familia, y sabe que estar con el Chamán tampoco sería la felicidad para los suyos, así que decide ir en su búsqueda.
Pero debe bajar primero todos esos alimentos y llevarlos a su iglú, eso mismo hace, y eso le lleva algunos minutos. Se dirige a la casa del Chamán, ha esta hora nunca se hace visita, pero al escucharlo su hija menor sale corriendo y lo abraza, detrás de ellos vienen sus otros hijos. Lek les pregunta por su madre. Alleg contesta: —Hace unos minutos se fue a la habitación del Chamán—.
Sale corriendo, ellos están aún pequeños y no comprenden bien la situación, pero saben que lo que está pasando no es nada bueno, entra a la habitación y yace el Chamán sobre Ivaana quien se encuentra luchando por quitárselo de encima, ella está hecha un mar de lagrimas y tiene unos moretones en su rostro y brazos, Lek no logra calmarse y le quita de encima el Chamán a su esposa.
Estos dos comienza a forcejear, y terminan yéndose a los golpes, astutamente Lek consigue tirar al piso al chamán, es más fuerte en el enfrentamiento, y lo tiene sostenido con sus brazos, podría seguir golpeándolo, pero en el fondo sabe que es lo que menos le conviene, lo deja levantarse y le dice:
—Si acepte con que mi esposa e hijos viniera a vivir contigo no era para que los maltrataras y abusaras de ellos, no es posible que recurras a estas prácticas que no son para nada aprobadas en nuestra cultura, bien sabe que aquí se respeta la decisión de nuestras mujeres sobre el que quieren hacer con sus cuerpos, bien sabes que si cuento lo dicho serás desterrado, aunque seas nuestros Chamán—.
El Chamán sabe muy bien que lo que dice Lek es totalmente cierto, y bien sabe que tal como ellos fuesen castigados y desterrados en su tribu por no cumplir su palabra, también lo sería él por tratar de poseer a Ivaana en contra de su voluntad, respira, se calma e intenta persuadirlos:
—La verdad no entiendo, qué haces aquí Lek, bien sabes que el pacto no te incluía a ti—. Responde Lek entonces: —Creo que es evidente que vengo por mi familia—. —Entonces decidiste sacrificar a la pequeña Niisa—. Contesta él sarcásticamente.
Le lo mira seriamente y le responde: —Ya resolví esa situación, he sido bendecido y ya tengo el alimento que necesitaba para mí y los míos—. Sigue tratando de eludirlo el Chamán: —Sabe muy bien usted Lek que quitarle a otro hermano de nuestra tribu es un gran delito, que se paga con la vida—.
—Por supuesto que no hice eso Chamán, no soy un ladrón, no voy a contarle como conseguí alimentos, pero no se los quite a nadie me fueron obsequiados, con el fin de salvar a los míos, en fin lo que necesito es llevarme a los míos—. Le dice Lek al Chamán a lo que él bastante molesto le dices: —Se ganarían el destierro, yo mismo me encargaría de eso—. Lek contesta desafinadamente: —Nos ganaríamos querrás decir, pues saliendo de aquí me iría para donde el anciano, y le contaría toda la verdad, veremos entonces que determinara él—.
Respira profundo el Chamán y les grita: —Váyanse ya, antes de que me arrepienta—. Lek traía un poco de los alimentos en una cesta, se los deja en la entrada al Chamán, cierra la puerta y se va con los suyos. Su familia no entiende muy bien lo que está sucediendo, pero confían en Lek plenamente, y les hace muy feliz el saber que van a volver a su hogar, del cual nunca tendría que haber salido.
Antes de llegar le dice Lek a los niños, lleguen ustedes primero a la casa, entren con cuidado, están los alimentos regados coman y vayan acomodando todo lo demás, en unos minutos llego con su mamá. Contesta Alleg: —Tranquilo papá, solo comeremos un poco, es importante preservar los alimentos, yo me encargo—. Le dice Lek entonces: —No es necesario, coman bien, tanto tú como tus hermanas, hay suficiente, igual en unos minutos nosotros los alcanzaremos allá—.