Aquella aparición mística se encuentra orbitando, él no está seguro pero pareciera ser la Diosa Suprema Sedna, por la compañía que lleva en símbolos, de criaturas del Mar. Pero no está seguro ¿Cómo saberlo?, puede ser cualquier otra, o una, ni siquiera conocida. Para él esos últimos momentos son muy angustiosos, no para de pensar en su familia, en sus pequeños hijos y en su gran amor. ¿Qué será de la vida de ellos, sin él, su cabeza de hogar? Pero ya nada más puede hacer. Dentro de él sabe, que al violar todas las leyes de la naturaleza, y los hombres, no tiene nada que objetar, sea por la razón que sea.
Todos pensaremos despiadado que en momentos de emergencia, cuando de verdad ya no puedan más, sacrifiquen a un m*****o de su familia, específicamente la hija menor, pero para ellos, es algo habitual, lo importante, es tal como sucede en la ruda naturaleza “La supervivencia del más apto”, y normalmente, ese niña pequeña, para ellos es la persona que menos puede trabajar, por tanto, en su cultura, es simplemente una forma de sobrevivencia.
Además esta tribu, respeta muchos los pactos con la naturaleza, de no hacerlo “Sucederán este tipo de cosas por lo que está pasando desafortunadamente Lek”. Han pasado algunos minutos y él aún no entiendo el por qué sigue con vida. ¿Se habrá compadecido de él?
No tiene más opción que descubrirlo, se llena de valentía y abre los ojos, y justo ahí, yace esta aparición mitológica frente a él, lo mira fijamente, además de sentirme asustado, Lek está confundido. Respira profundo y pregunta: — ¿Por qué aún no me has dado mi castigo?, ¿Quieres que te suplique perdón? La verdad ya no me importa morir, total no he podido encontrar alimento para mi familia, y verla junto a otras personas, y lejos de mí, sería igual, tal como estar muerto en vida—.
Ella le responde: —Cierra los ojos, no puedes abrirlo hasta que yo diga, ante dime cómo te hacen llamar los tuyos—. Conteste él: —Lek mi señora, yo me llamo Lek—. Habla ella fuertemente:
—Cierra los ojos ya—. El no tiene más opción que aceptar, luego de varios minutos, de estar ahí, de pie con los ojos cerrado, y esperado el momento justo de reunirse con los antepasados, la presencia le dice: —Ábrelos ya—. Y él no puede creer lo que acaba de ver, todo su bote está lleno de alimentos, perfectamente podría vivir invierno, y parte de la primavera con lo que tiene a su alrededor. El se arrodilla y comienza a agradecer a la deidad, quien le ordena:
—Levántate ya, eso que está en tu bote es para ti y tu familia, pero debes prometerme una cosa, no puedes decirle a nadie, absolutamente a nadie sobre mí, si te preguntan dices que conseguiste un refugio abandonado, en el cual afortunadamente habían dejado toda esa comida, pero no puedes hablar de mí, por lo menos no completamente—.
El no comprende muy bien las cosas, pero sabe que es lo mínimo que puede hacer en agradecimiento por tanta ayuda que el Dios le ha brindado a él, y a su familia. Gracias a ella ninguno debe sacrificarse, además podrán alimentarse muy bien lo que resta de este tan duro invierno.