Capítulo 1 Regresó por el divorcio

1658 Words
Regresar al lugar donde hace tres años se había vuelto la mujer más feliz molestaba bastante, más cuando el motivo de su venida no era el más emotivo. Yamel había vuelto a su ciudad natal luego de pasar sus tres años de matrimonio estudiando la carrera que tanto amaba. —¿Vendrás a recogerme?—preguntó al teléfono. Yamel sostuvo su teléfono con el hombro mientras arreglaba sus maletas para poder entrar al taxi. No sabía para que llamó a su esposo si ya conocía la respuesta. Pero de todos modos quiso intentarlo, pese a saber la respuesta. Siempre igual. —Tengo cosas que hacer, enviaré a que alguien lo haga. — contesta Eduardo, algo normal, no iría. —No lo tienes que hacer, mi amiga ya ha enviado a alguien.—dijo aquella mentira con tristeza. Yamel entra al taxi y corta la llamada. No debió llamar desde un principio. Tal vez tenía la esperanza de que su esposo mostrará el mínimo de interés por ella. Después de todo llevaban tres años sin verse, era una descortesía no darle la bienvenida. Por lo menos por educación debió estar allí para recogerla, pero…¡no fue! Dejando un gran nudo en el pecho de Yamel. El camino hacia su hogar fue tranquilo, todo estaba igual a como lo recordaba. Cuando pasó por las puertas no había nadie que la recibiera, solo el retrato que simbolizaba su papel como esposa sustituta. Subió a su habitación y dejó sus maletas. Se sentía agotada después de haber tomado un vuelo tan largo, había llegado muy cansada y la tristeza no ayudaba. Su plan era descansar un rato, darse una ducha y luego comer algo pero se vio interrumpida. Los pasos firmes y el girar del picaporte eran la señal de que Eduardo, su futuro ex marido había llegado. —Por fin estás de regreso. — Es lo primero que dice al mirar a Yamel parada en la habitación. — Llegue a pensar que te quedarías viviendo en Francia.—ese tono en su voz no era de alegría, su expresión no mostraba más que rechazo y luego de tanto tiempo sin verse…era así su primer encuentro. Triste. —Veo que ya viste el mensaje. — responde Yamel sin apartar la vista del hombre que había considerado el amor de su vida. Su respiración casi se para al ver lo atractivo que seguía siendo, llevaba tanto tiempo sin verlo tan cerca que por un momento pensó estar frente a un dios griego. Siempre Eduardo había sido muy hermoso, atractivo y todavía, luego de esos tres años, seguía robándole los suspiros. —Sí. Mi abogado pronto nos citará para firmar los papeles. — habla mientras se va acercando a Yamel. — Solo quiero que me concedas una petición en base a los largos años de amistad que tenemos.—¿amistad? ¿Eso era una amistad?—Como sabrás, Sabrina está enferma y no quiero que se sienta mal por nuestro divorcio. Mañana iremos a verla. Eduardo entró las manos en los bolsillos de su traje, esperando la respuesta de Yamel. —Si es lo que deseas. — responde, esta tratando de ocultar lo infeliz que se sentía. Tenía años fingiendo ser la esposa perfecta, otro poco de actuación no la mataría. — Si eso era todo, nos vemos mañana. Te agradecería que te marcharas. Yamel se dio la dio la espalda a Eduardo perdiéndose la expresión de asombro ante la actitud tan dominante y madura que brindaba, Dándose cuenta así lo mucho que su esposa había cambiado. —Dormiré aquí.—sentencia él, a pesar de que esos no eran sus planes. Ahora los cambiaba de la nada. —Bien *** Luego de ese encuentro Yamel y Eduardo no volvieron a hablar hasta el siguiente día y solo fue ella escuchando como debía comportarse frente a Sabrina para no hacerla sentir mal, prácticamente solo le hablaba para decirle qué hacer. Yamel no lograba comprender la magnitud de su afecto para permitir dicha situación. Cuando entraron al restaurante ya Sabrina estaba en su asiento, se veía muy diferente a como Eduardo había descrito, totalmente distinta. Para estar enferma lucia más sana que la misma Yamel. ¿Qué se supone que tenía si lucía tan bien? —Creí que no vendrías, Eduardo me notificó que ya los papeles del divorcio estaban preparados.—Era lo primero que decía, buen recibimiento. Directo al grano.—¿No te sientes mal por esto? — pregunta Sabrina cómo si no fuera ella la culpable de este divorcio. O al menos fingiendo algo. —No hay nada porque sentirse mal, el lo está haciendo por amor al igual que yo. Es lo que debía pasar. – responde Yamel con una sonrisa amable. Menos de eso no podía ofrecer. Los tres se miran con pensamientos completamente diferentes sin decir nada más. —¿Tienes a alguien? — pregunta de repente Sabrina. Era muy directa, como si pudiera serlo, tomándose ciertas confianzas. — Sería asombroso que encontraras a alguien, así todos podemos estar felices. ¿Verdad Eduardo? —Creo que todo está claro ahora, Sabrina y yo nos tenemos que ir. Eduardo se levanta de la mesa obviando la pregunta y se marcha junto a Sabrina, ignorando por completo a su esposa. La cual se sentía agradecida de terminar esa actuación tan hipócrita. Al parecer su esposo estaba ciego, y ella aún más al permitir que una mujer rompiera su matrimonio sin ninguna resistencia. Yamel salió del restaurante y volvió a su casa, antes de que aceptara participar en este show de infieles, ya tenía el día comprometido con su suegra y la abuela de su esposo. *** En cuanto a Eduardo, después de dejar a Sabrina en su casa. Volvió a su oficina. Cuando pasó por uno de los pasillos unos murmullos llamaron su atención. Desde donde está se podía ver a un grupo de mujeres hablando entre ellas. Eduardo se acercó cada vez más, había captado algunas palabras y sentía curiosidad. —Escuche que la señora volvió. Siento lastima por ella. — dijo una negando con la cabeza. Aquello era todo un escándalo, porque su infidelidad había sido más que pública. —Yo igual. Hace unos días escuche sin querer la conversación de unos amigos del jefe. Los rumores del jefe y esa pequeña actriz son ciertos. Además dijeron que la señora solo volvió para pedir el divorcio. —La han estado engañando durante tanto tiempo. Debe estar triste.—se compadecían de la pobre mujer. Eduardo se alejó enojado al escuchar los rumores que circulaban y entró a su oficina dando un portazo. Inmediatamente marcó el número de Jael, uno de sus amigos más cercanos y el único capaz de hablar de sus asuntos privados. —¿Fuiste tú? — pregunto Eduardo con un tono acusador. —A ver ¿Qué hice esta vez? —¿Por qué estabas hablando de mi divorcio? —Ah, eso. No es algo otro mundo, estas a punto de casarte con Sabrina y todos lo saben. Supuse que Yamel ya estaría divorciada y lista para salir con otros chicos. ¿O piensas conservarla? — las palabras de Jael fueron un poco burlona. —No te metas en mis asuntos. — advierte Eduardo. —Estoy hablando como tu amigo. La manera en la que tu y Sabrina se están comportando no es la adecuada y Yamel no merece estar envuelta en algo donde ella desconoce el verdadero motivo. Así que ella tiene todo el derecho de conseguir una pareja que si le de su lugar. —Es de mi esposa que estamos hablando. —Exacto. Debes tenerlo más claro que yo. Jael colgó la llamada dejando a Eduardo muerto de la ira. No podía imaginar que su esposa estuviera con otro hombre. Sin pensarlo más salió de la oficina y fue directo a la casa que compartía con Yamel. Entró deprisa, necesitaba verla. —Por fin te dignas a aparecer. Eduardo se detiene y observa por un segundo a su madre y a su abuela sentadas junto a su esposa. —¿Qué hacen aquí? — Eduardo sentía un poco de pánico ante la idea de que Yamel les haya informado sobre divorcio. —Vinieron a invitarme a la celebración que se hará en la empresa. — responde Yamel actuando de forma cercana y cariñosa. — Paso algo en la empresa ¿Por qué llegas tan tarde? —Mira lo cariñosa y preocupada que es tu esposa y solo te la pasas trabajando y metiéndote en escándalos. — se queja Miranda, la abuela de Eduardo. — Para cuando tengan hijos ni siquiera podré conocerlos si sigues así. Te llevaré al médico, esta claro que el que tiene problemas eres tu al dejar que una mujer tan bella como tu esposa se marchite aquí sola. —Abuela, no pasa nada. Eduardo debe estar muy ocupado con sus negocios. ¿Verdad cariño? Eduardo no supo cómo reaccionar ante las palabras de su mujer. Yamel lo agarró por el brazo y dio un leve jalón para que reaccionará y le siguiera el juego. —Si quieres ver a tus bisnietos es mejor que se marchen. Esta noche me quedaré con mi esposa. Yamel sonrió un poco incómoda y se despidió de su suegra y la abuela de su esposo. Desde que salieron se apartó de este y se dirigió a la habitación. Llevaba el día actuando y se sentía agotada. —Me quedare aquí esta noche o sino la abuela sospechará, no deseo que se entere de ese modo. Eduardo siguió a Yamel hasta la habitación y aquello se sintió extraño. Quizás quería incomodarla por el numerito de antes. —Como quieras. — responde Yamel intentando ignorar el hecho de que volvería a pasar la noche con su marido. No lograba entender porqué Eduardo seguía apareciendo en su casa cuando debería estar con Sabrina. No sabía lo que quería lograr pero la estaba poniendo nerviosa.
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