Luego de hablar con Eduardo, Sabrina se había tranquilizado. Ya no le interesaba la ayuda de ese hombre. Ahora tenia en su posición lo único que la podía destruir. Ella se confiaba por eso, porque él le entregó los papeles originales de los resultados de la prueba de paternidad. Aunque en este momento no necesitaba a ese bueno para nada, su mente estaba tranquila al tenerlo de su lado. Siempre que no le estorbara podía dejarlo a sus anchas y utilizarlo cuando lo necesitara. Pero conociendo sus límites, que no fuera a creer que ella se fiaba del todo. Solo le hacía falta el poder que pertenecer a la familia Gómez le podía facilitar y más cuando tenia al primogénito de Eduardo. Sabrina sonrió satisfecha. Solo debía esperar. Unos meses y estaría en sus manos eso que siempre ella anheló

