Cuando Eduardo llegó a la casa en la que Yamel vivía dudó en bajarse del auto. Iba a quedarse ahí pero recordó que Jael había venido con él. Si Yamel estaba ahí seguramente no lo querría ver así que le pidió a Jael que fuera a tocar el timbre. Jael puso los ojos en blanco y se bajó del auto. Toco el timbre de la puerta y le hizo señas a Eduardo para que viera que no había nadie. Después de volver al auto se cruzó de brazos. Esto era una pérdida de tiempo. Ella no estaba. Pero Eduardo aún no le creía. — Por más que te quedes aquí Yamel no va a aparecer. Te dije que no está. No me creíste. ¿Tan poca confianza me tienes? — Si. Jael miró a Eduardo ofendido y no volvió a hablar. — ¿Cuándo te enteraste que ella dejó el trabajo?—preguntó.—¿Tienes su número? – Eduardo esperó la respuest

