EPISODIO 14

1337 Words
UN DESTINO LLAMADO DEBER El amanecer bañaba el bosque con su luz dorada. La brisa susurraba entre las hojas, como si la naturaleza misma se resistiera a separar a dos almas destinadas a encontrarse una y otra vez. Después de haber compartido una noche de emociones intensas, Lans y Serenidad despertaron abrazados por un silencio apacible. La mirada de Lans estaba cargada de pensamientos. Sabía que ese momento debía llegar: debía partir. No porque quisiera, sino porque su corazón le recordaba que aún tenía una misión que cumplir. —Debo regresar a Isagar, Serenidad —dijo con voz baja mientras le acariciaba el cabello—. Necesito asegurar que el corazón del dragón esté protegido. No sé cuánto tiempo me tome, pero volveré… siempre volveré a ti. Serenidad quiso hablar, pero su garganta se cerró. En sus ojos se acumulaban lágrimas que no quería soltar. Solo asintió y le tomó la mano con fuerza. Él la besó en la frente y desapareció entre los árboles, como si el mismo viento lo hubiera arrastrado. Ella se quedó allí, sola… aunque no del todo. Sus compañeros estaban cerca, pero el vacío que Lans dejaba no podía llenarse tan fácilmente. CELOS EN EL CORAZÓN Ángel había caminado durante horas, alejándose del lugar donde Lans y Serenidad se habían despedido. A medida que avanzaba por el bosque, una extraña sensación se apoderaba de él. Había conocido a Serenidad desde que eran niños, y aunque siempre habían sido amigos cercanos, en ese momento, se dio cuenta de que sus sentimientos hacia ella habían evolucionado de una manera que no había anticipado. El recuerdo del abrazo entre Serenidad y Lans, la forma en que habían compartido risas y miradas cómplices, lo llenaba de un sentimiento que no podía negar: los celos. Ángel nunca antes había sentido algo así. La idea de que Serenidad pudiera sentir algo por Lans lo atormentaba. A medida que avanzaba por el bosque, sus pensamientos se centraban en Serenidad. Recordaba cada momento que habían compartido juntos, cada risa, cada conversación profunda, y se daba cuenta de que ella ocupaba un lugar especial en su corazón. Pero también sabía que, como astro, tenía una misión que cumplir, y no podía permitirse distraerse con sus propios sentimientos. Finalmente, se detuvo en un claro del bosque y suspiró profundamente. Miró hacia el cielo estrellado y sus ojos azules brillaron con determinación. Sabía que no podía dejar que los celos y sus propios sentimientos lo distrajeran de su misión. La búsqueda de los astros y la restauración de la paz en Adamah eran su prioridad. Con un susurro de resignación, Ángel continuó su camino, decidido a encontrar a los demás astros y a cumplir su destino. Pero en lo más profundo de su corazón, sabía que el recuerdo del encuentro entre Serenidad y Lans lo acompañaría en su viaje, y que tendría que lidiar con sus propios sentimientos a medida que avanzaba hacia un futuro incierto. EL RECONICIMIENTO DE ARMAN Mientras Lans continuaba su búsqueda de los astros junto a Serenidad y Amelia, en el reino de Isagar, su padre, Arman, se encontraba en su gran sala del trono, sumido en pensamientos profundos. Durante mucho tiempo, había visto a su hijo Lans como un joven impulsivo y temerario, siempre en busca de aventuras y desafiando las normas. Sin embargo, en el fondo de su corazón, sabía que Lans tenía un coraje y una valentía excepcionales. La noticia de que Lans había derrotado a un dragón azul y obtenido su corazón había llegado a oídos de Arman. Aunque inicialmente había sentido preocupación por la seguridad de su hijo, también había sentido un profundo orgullo. Sabía que este acto no solo demostraba la valentía de Lans, sino que también traería honor a su familia y a todo el reino de Isagar. Decidió convocar a Lans al castillo para reconocer su valentía y otorgarle una parte del reino como recompensa. Cuando Lans llegó al castillo, se encontró con su padre en la gran sala del trono, donde los nobles y los consejeros se habían reunido para presenciar el evento. Arman se puso de pie y miró a su hijo con una mezcla de orgullo y seriedad. Habló con una voz firme y resonante que llenó la sala. "Lans, hijo mío", comenzó, "hoy te reúno aquí para reconocer tu valentía y determinación. Has demostrado ser digno de llevar el nombre de nuestra familia y de ser un verdadero hijo de Isagar". Lans se sintió abrumado por las palabras de su padre y asintió con humildad. "Por tu valentía al derrotar al dragón azul y obtener su corazón, te otorgo una parte de nuestro reino", continuó Arman. "A partir de este día, serás el gobernante de la región occidental de Isagar. Deberás cuidar de tus súbditos y garantizar su seguridad y prosperidad". Lans estaba sorprendido y agradecido por la generosidad de su padre. No esperaba recibir una recompensa tan grande por su hazaña. "Padre, estoy honrado por este regalo y prometo gobernar con sabiduría y justicia", respondió Lans con determinación. Arman sonrió con orgullo y luego agregó con un tono más suave: "Sin embargo, hay una condición que debes cumplir, Lans. Antes de la próxima luna llena, debes encontrar una esposa y asegurar el futuro de nuestra familia". Lans asintió, aceptando el desafío que su padre le había presentado. Sabía que encontrar una esposa adecuada no sería una tarea fácil, pero estaba dispuesto a hacerlo por el bien de su familia y su reino. Con el reconocimiento de su valentía y la promesa de una parte del reino, Lans se preparó para enfrentar el siguiente capítulo de su vida, mientras en su corazón, el recuerdo de Serenidad seguía latiendo, recordándole que, a pesar de los desafíos que tenía por delante, el amor también formaba parte de su destino. LA BUSQUEDA DE LANS Tras recibir la encomienda de su padre de encontrar una esposa antes de la próxima luna llena, Lans se embarcó en una búsqueda que lo llevó por todas las aldeas y ciudades cercanas al reino de Isagar. Su determinación era inquebrantable, pero su corazón seguía anhelando a Serenidad, la joven con la que había compartido un amor imposible. Lans recorrió las aldeas en busca de una mujer que pudiera robarle el corazón y cumplir con las expectativas de su padre. Sin embargo, ninguna de las mujeres que conoció logró captar su interés de la misma manera en que lo había hecho Serenidad. Aunque algunas eran hermosas y amables, ninguna tenía esa chispa especial que Lans buscaba. Las noches eran las más solitarias para Lans. Miraba la luna en el cielo y recordaba las noches que había compartido con Serenidad, los momentos en que se habían perdido en el brillo de las estrellas. A pesar de su determinación por encontrar una esposa adecuada, su corazón seguía perteneciendo a Serenidad, y la sensación de que su amor era imposible lo atormentaba. En su búsqueda, Lans también se encontró con personas que le hablaban de historias de amores imposibles y sacrificios por el bien de los reinos. Comenzó a entender que el destino podía ser caprichoso y que a veces, el amor verdadero requería sacrificios difíciles. A medida que la fecha límite se acercaba y su búsqueda seguía siendo infructuosa, Lans comenzó a sentirse desesperado. Sabía que su deber era encontrar una esposa, pero también sabía que forzar un matrimonio sin amor solo llevaría a la infelicidad tanto para él como para la mujer elegida. Una noche, mientras miraba las estrellas en el cielo, Lans tomó una decisión. Decidió regresar a su reino y hablar con su padre, Arman, para compartir sus sentimientos y preocupaciones. Sabía que debía ser honesto sobre su amor por Serenidad y la dificultad que enfrentaba para encontrar a otra mujer que ocupara su corazón. Con el corazón lleno de determinación y la esperanza de que su padre entendiera su dilema, Lans se dirigió de regreso al reino de Isagar, dispuesto a enfrentar cualquier consecuencia que pudiera surgir de su confesión.
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