Marí Pensé que lo más difícil que sería vivir en una casa del árbol sería estar embarazada de nueve meses, subir mi trasero por una escalera de cuerda con Darragh apiñándome por detrás para que no me cayera. Me equivoqué. Mirando el rostro dormido de nuestra bebé de seis semanas, soñando despierta con las primeras palabras y los primeros pasos, se me ocurre que puede ponerse mucho, mucho peor. —Darragh—, susurro. Él gruñe. —Estoy despierto.— Lo sé. No se permitirá quedarse dormido aquí en la cama con nosotros. Espera hasta que duerma con cait, y luego se dirige a su petate en la choza. Dormir con nosotros en la cama familiar es uno de nuestros dos perpetuos desacuerdos. El otro es sobre teléfonos móviles. Creo que debería llevar el móvil cargado en todo momento. Dice que el vínculo e

