No puedo decirlo. Me aprieta donde está entrando, pero más adentro, se siente increíble , como si estuviera empujando algo que quiere ser empujado con tantas ganas , y no tenía idea de que mi interior podía sentir tanto como mi exterior, pero de una manera diferente. Más contundente, pero mejor. Una toma deliciosa. No, una pertenencia . —¿Podrías, eh, moverte?— Le pregunto, dándome cuenta mientras hablo de que estoy jadeando. Él gruñe en voz baja, y sus manos dejan de tranquilizarme y agarran mis caderas, con fuerza, manteniéndome en mi lugar mientras con cuidado se retira y se sumerge en mí, una y otra vez, en un ritmo constante y controlado, y aunque se siente extraño, de alguna manera Demasiado cuidadosos y demasiado controlados, los golpes inexorablemente aumentan la tensión dentro d

